El despertar perturba la paz de tus párpados
Lejos ha florecido la luciérnaga con luces
La pradera, y los asfódelos con suspiros de amor.
La noche llega: Corre, mi extraña compañera,
La luna ha reverdecido el azul de la montaña,
La noche es para nosotros lo que para otros el día.
Yo no entiendo, en medio de los bosques taciturnos,
Nada sino el ruido de tú túnica y de las alas nocturnas,
El acónito abre bajo tus pasos.
Exhala sus perfumes de venenos y ebriedad.
Tus cabellos desanudados hacen para ti, ¡oh matriarca mía!,
Un purpura sanguíneo que las reinas no poseen.
Pues mi deseo te acecha y reclama su presa,
¡Que tu sollozo responda a mis lágrimas de alegría!
Los áureos ojos de los búhos se parecen a tus ojos
Que sondean los espíritus, que escrutan las tinieblas,
Que ven el destino de las fúnebres auroras
Y las sombra de la muerte sobre el lecho de los dioses.
Las evocaciones de mi fría locura
Reaniman los reflejos sobre la ciénaga estancada
Donde flota tu mirada ¡Oh perversa Ofelia!
El agua muerta posee, en la noche, languidez de lagunas,
Y he aquí, esparciendo agonía y amor,
Al otoño de cabellos rojos entreverados con hojas cafés.
Allá donde mis deseos te reencuentran, ciñendo
Con iris azules tu silencio y tu melancolía,
Allá donde los ecos se burlan alejándose.
La sombra sigue lentamente la lenta partida del día.
Como una reminiscencia de antiguos infortunios,
El viento jadea, y la noche prepara su retorno.
Yo sondeo la nada de mi fría locura.
¿Te he ahogado ayer en la ciénaga estancada
Donde flota tu mirada, oh perversa Ofelia?
¿He errado, en la tarde, dolorosa, y ciñendo
De iris azules tu silencio y tu melancolía
Mientras los ecos se burlan alejándose?
¿El agua calma posee aún los resplandores de las lagunas?
¿Ves tú inclinarse sobre sobre tu difunto amor
Al otoño de cabellos rojos entreverados con hojas cafés?
¿He llorado tu muerte en el enigma del día
Que desaparece, cargado de esperanzas e infortunios?…
-¡Oh ritmo sin despertar, oh risa sin retorno!
Tu risa es clara, tu caricia profunda,
Tus fríos besos disfrutan el mal que hacen;
Tus ojos son azules como lotos sobre el agua,
Y los lirios impuros comparados con tu frente.
Tu forma huye, tu andar flota,
Y tus cabellos son finas enredaderas;
Tu voz se derrama como una pérfida corriente;
Tus flexibles brazos asemejan juncos,
Largos juncos de río, la abrazan,
Estrechan, ahogan, ahorcan con delicadeza,
En el fondo de las olas, una agonía apagada
En un nocturno desvanecimiento.