Hay un chiste que termina en — ah?
Es la bomba diciendo aquí está tu padre
Ahora aquí está tu padre dentro
de tus pulmones. Mira cuán liviana
es la tierra después.
Tan solo escribir la palabra padre
es tallar una porción del día
de una página con el brillo de una bomba
Hay suficiente luz para ahogarse
pero nunca para entrar en los huesos
y permanecer. No te quedes aquí, dijo, mi muchacho
roto por los nombres de las flores. No llores
nunca más. Entonces corrí dentro de la noche.
La noche: mi sombra crece
hacia mi padre.
Y así es como bailábamos: los vestidos blancos de nuestras madres
desbordaban nuestros pies, mientras un agosto tardío
teñía de rojo oscuro nuestras manos. Y así es como amábamos:
medio litro de vodka y una tarde en el desván; tus dedos
entre mi pelo, mi pelo un incendio fuera de control. Cubríamos
nuestras orejas y los berrinches de tu padre se volvían
latidos. Cuando nuestros labios se tocaban, el día se cerraba
como un féretro. En el museo del corazón
hay dos personas sin cabeza que construyen una casa en llamas.
La escopeta siempre estaba sobre
la chimenea. Siempre había tiempo que matar, aunque al final rogábamos
que algún dios nos lo devolviera. Si no era el desván, era el auto. Si no
el auto, el sueño. Si no el niño, su ropa. Si no estaba vivo,
cuelga el teléfono. Pues el año es una distancia
que recorrimos en círculos. Eso quiere decir: así es como
bailábamos: solos en cuerpos dormidos. Eso quiere decir:
así es como amábamos: un cuchillo sobre la lengua volviéndose
una lengua.
Las estrellas no son hereditarias
Emily Dickinson
Había una puerta y luego una puerta
rodeada por un bosque.
Mira, mis ojos no son
tus ojos.
Me atraviesas como lluvia
que se oye
desde otro país.
Sí, tienes un país.
Algún día lo encontrarán
mientras buscan barcos perdidos…
Una vez me enamoré
durante un choque en cámara lenta.
Nos veíamos tan en paz, el cigarro flotando desde sus labios
mientras nuestras cabezas latigueaban
en el sueño y todo
estaba perdonado.
Pues lo que oíste, o vas a oír, es verdad: yo escribí
un tiempo mejor sobre la página
y miré cómo el fuego la reclamaba.
Algo siempre se estuvo quemando.
¿Entiendes? Cerré mi boca
pero aún podía saborear la ceniza
porque mis ojos estaban abiertos.
De los hombres aprendí a alabar el grosor de las paredes.
De las mujeres
aprendí a alabar.
Si te dan mi cuerpo, tíralo.
Si te dan cualquier cosa,
asegúrate de no dejar
huellas en la nieve. Sabe
que nunca elegí
el sentido en que las estaciones se suceden. Que siempre fue octubre
en mi garganta
y tú: cada hoja
que se rehúsa a oxidarse.
Rápido. ¿Puedes ver el rojo oscuro cambiando?
Esto significa que te estoy tocando. Esto significa
que no estás solo, incluso
cuando no lo estás.
Si llegas antes que yo, si no piensas en nada
y mi rostro aparece ondeando
como una bandera rota, date la vuelta.
Date la vuelta y encuentra el libro que dejé
para nosotros, lleno
de todos los colores del cielo
que los enterradores han olvidado.
Úsalo.
Úsalo para probar que las estrellas
siempre fueron lo que sabíamos
que eran: las heridas
de cada
palabra mal disparada.