Philoctetes entrenó a Odiseo, Perseo, Teseo… Docenas de –eos. También entrenó a Aquiles. Lo convirtió en un gran héroe, hasta que su talón le llevó a la ruina. Todos los héroes que entrenó fracasaron, ninguno llegó a la meta.
Su sueño era entrenar al héroe más grande que haya existido. Tan grande que los dioses colgarían su imagen en el cielo y harían una constelación en su nombre. Y todo el mundo diría: “¡Ahí va el chico de Phil!”.
Cuando había perdido toda esperanza, apareció un joven. Zeus, considerando a Philoctetes el mejor entrenador de héroes, envío a su hijo Hércules para que entrenase bajo sus órdenes. A pesar de que al principio se negó, Philoctetes llegó a ver a Hércules como su última esperanza.
Y Hércules no defraudó, con el entrenamiento de Phil, pasó de cero a héroe. Se convirtió en el mayor héroe de toda Grecia, era rico, era famoso y parecía destinado a cumplir el sueño de Phil.
Pero no fue hasta que Hércules realizó un acto en el que arriesgó su vida cuando por fin se convirtió en un héroe verdadero. Entonces Zeus utilizó sus poderes para cambiar la posición de las estrellas y crear la silueta de Hércules.
Y fue cuando sucedió, Phil pudo escuchar aquello por lo que había trabajado tanto: “¡Ahí va el chico de Phil!”.
Por ello en esta humilde página hacemos honor no al hombre que se convirtió en héroe, sino a aquel que le llevó a serlo.