Autor: Mateo Caputo Boscia
Allí lo veo, creo que el camino está por terminar. Hace siete lunas que transito su gris, algunos días cai mas que otros. La respiración se quebraba como nunca y no ver a nadie a mi alrededor me atormentaba (lo sigue haciendo). Pero aquí estoy, con el último suspiro que me mantiene vivo. Lo certero es que la inercia propia de mi cuerpo me ha llevado hacia delante. Pude ver mis huellas y al entenderlas, pude saber que hacía mal. Las revisé y creo que mi caminar es más ligero, o al menos se ha acomodado. En realidad no sería honesto si ya diese por sentado que todo cambió en ese aspecto, pero ahora comprendo donde pisar correctamente para no ser derribado por el propio deterioro del destino.
Mientras caminaba, decidí hablar conmigo mismo sobre todo: Me puse a describir mi casa, ese hermoso lugar del que salí. Ese cálido recuerdo nunca se borrará de mi. Alli estará, impregnado en las paredes de lo que implica mi memoria. En esa casa hice cosas que afectaron su normalidad. Algunas ventanas no querían ver el Sol hacía un tiempo, pero no presté atención a los signos que demostraban que algunas cosas referentes a su malestar, eran por mi. Ese pensamiento se instaló algo tarde, pero finalmente arribó.
Una vez que aquella puerta se cerró recuerdo haber pensado: "Algún dia volveré". Pero el camino comienza a finalizarse. Sigo mirando mis pasos, cabizbajo, porque en mi mente solo existe ese final. Mis sentidos perciben otro aire, uno raro. Hace años no sentía este miedo. Haber estado en casa tenía sus hermosas ventajas, pero hoy toca algo diferente. Estoy tan preocupado en como camino que no quiero levantar la cabeza, pero debo hacerlo. Lo voy a hacer. El horizonte no logra divisarse, desde lejos puedo observar algunos grises y algunos caminos solo muestran verdes. A la izquierda se ven algunos pilares, esos ya estaban desde antes, de hecho me han guiado en la caminata, al menos para no salirme del camino y dañar las flores. A la derecha un cartel con la leyenda: "Bienvenido al Inicio del Camino"