Autor: Mateo Caputo Boscia
La libertad se torna un concepto referido constantemente en diferentes ámbitos de la sociedad y en diferentes esferas del espacio público en el que se llevan a cabo los diferentes intercambios entre política, sociedad e instituciones. En primer lugar, al hablar de intercambio, estamos hablando de comunicación, asignatura vital para el entendimiento y la expresión de las libertades que cada uno/a considera tener en la existencia dentro del Planeta Tierra. Para poder entender la comunicación, hace falta estudiarla (aunque no necesariamente), sin embargo, aprendemos la comunicación en inglés americano - con la Mass Communication Research- o la podemos aprender en alemán -con la escuela de Frankfurt. Ambas teorías están basadas en el comprendimiento de realidades habitacionales completamente distintas con las de Latinoamérica, que recaen constantemente en el pensamiento eurocentrista, contemplando también a Estados Unidos como principal potencia imperial de la región. La observación de los diferentes paradigmas dentro de las teorías de la comunicación implica la visión del mundo desde una u otra perspectiva, dejando de tener en cuenta, las diferencias de los contextos. La educación, se convierte en algo completamente colonizado por la divulgación de pensamientos o sentipensares que resultan hegemónicos, y lxs estudiantes se convierten en uno de los principales reproductores de la ideología alemana o americana. Es común oir que "La educación es libertad" ¿Lo es si el sistema está orientado hacia visualización de determinados paradigmas y no de otros? ¿Es realmente libertad si el sistema educativo implica que pensemos en base a lo externo, sin tener en cuenta el contexto interno?. Es posible pensar que el sistema educativo, no encuentra un hilo conductor que permita comprender que las realidades no son iguales, que no son homogéneas y que no existe solo una (pensamiento único), sino que existen múltiples. Llevando el pensamiento teórico sobre la comunicación hacia otro lado, el concepto introducido por Stuart Hall, desde la Escuela de Birmingham, que refiere a la cercanía de los intelectuales con su pueblo, es decir, el intelectual orgánico, desaparece y el intelectual, al igual que la política, se aleja constantemente del pueblo, ya que no logra tejer los hilos que unen las diferentes necesidades, los diferentes reclamos o aspiraciones, entre muchas otras cuestiones, del pueblo. La política, es entonces quien marca las reglas de juego de los sujetos que componen la sociedad que habita el espacio público, el terreno. Por esa misma razón, la política se trata de marcar quién se convierte en enemigo y quien no, generando así, identidades colectivas, que se disuelven rápidamente, ya que el poder de la política, arrasa contra otros. El surgimiento o realce de la derecha en el territorio argentino, impone la bandera de la libertad, entonces comienza a comprender que la política va a ser parte del proceso mediador de la sociedad, para llegar a la libertad de todos los individuos. Sin embargo, la existencia de una Constitución que impone formas de actuar, de ser y de habitar el espacio, resulta uno de los primeros obstáculos a la hora de pensar en un sentimiento real de libertad. "Mi libertad termina cuando empieza la del otro" ¿Eso es entonces libertad? o en realidad es Convivencia. Si se entiende que la libertad es hacer lo que uno desee, contemplando la responsabilidad de los actos, entonces, si la libertad tiene fin, no es libertad, es convivencia. Aun así, la convivencia se torna dificultosa, ya que si la política se trata de marcar quién es el enemigo, resulta una tarea intensa la convivencia con quién piensa distinto a como lo hace un determinado grupo. En consecuencia, la política, busca imponer una forma de pensamiento (al igual que la educación), por lo que tampoco se convierte en un instrumento capaz de alojar a la libertad como consigna (o al menos, a la convivencia).
Por otro lado, juegan un papel importante las corporaciones e instituciones (siendo la educación una de ellas), ya que ellas pueden convertirse en vehículos para la divulgación de una forma de pensamiento. Las instituciones son elementos formadores de sociedades. En el encuentro español con América, la religión se volvió un vehículo "civilizador" de la población originaria, que no conocía de Estado, comercio o leyes. Incluso, de alguna forma, se comenzó el mestizaje de la región. Esos españoles que esclavizaban a mujeres y las sometían a procesos de reproducción. Ese mestizaje tiene que ser tomado como principal ejemplo para comprender que no somos España, ni Francia, ni Estados Unidos, ni Alemania. Somos todo, y a partir de eso, debemos construir pensamiento que refleje la identidad propia de la región, que se aleja de intentar creer que la cultura es elitista y que, por lo tanto, el capitalismo, busca serializarla, mediante la industria cultural. O tampoco tiene que ver con la existencia de funciones específicas de medios de comunicación, ni tampoco se acercan a creer que con una aguja, consumimos contenidos que se tornan hacia el inconsciente y modifican nuestra forma de percibir la realidad. Esa identidad debe intentar hilvanar lo diverso, ya que sería erróneo creer que el territorio es solo llanura, y no contemplar las mesetas, las montañas o los ríos. Sin ocultar esa homogeneidad característica del propio pensamiento crítico.