La educación a distancia comenzó en el siglo XIX, cuando algunas instituciones enviaban materiales impresos por correo a personas que no podían asistir a clases presenciales. Este modelo se conoció como educación por correspondencia. Con el avance de la tecnología en el siglo XX, la educación a distancia evolucionó. Primero se utilizaron la radio y la televisión para transmitir clases educativas. Esto permitió que más personas, especialmente en zonas rurales, tuvieran acceso al aprendizaje.
En 1969 se creó la The Open University en el Reino Unido, una institución que impulsó fuertemente la educación a distancia a nivel universitario utilizando materiales impresos, televisión y tutorías.
Más adelante, con la llegada de las computadoras e internet a finales del siglo XX y principios del XXI, surgió la educación en línea o virtual. Plataformas digitales, videollamadas y aulas virtuales transformaron la manera de aprender.
Durante la pandemia de COVID-19 en 2020, la educación a distancia se volvió fundamental en todo el mundo, ya que permitió continuar las clases desde casa.
Desde mi experiencia, todo esto de las clases en línea se me hizo difícil, la verdad, no fue algo sencillo, muchas veces el internet fallaba justo cuando estábamos en clase o cuando tenía que entregar una tarea, y eso me estresaba mucho, además, no todos tenemos computadora propia, a veces había que usar el celular o compartir el equipo con alguien más en mi casa, y eso complicaba todavía más las cosas, aunque también tiene sus ventajas, se ahorra dinero en pasajes y en comida, y también tiempo porque no tienes que trasladarte, en ese sentido, es más cómodo.
A mí me tocaron las clases en línea en la prepa y recuerdo que varios maestros no se conectaban, solo dejaban actividades sin explicar bien los temas, muchas veces no entendíamos qué era lo que teníamos que hacer o cuál era el propósito de la tarea, eso causaba mucho estrés, incluso desmotivación, porque sentías que estabas trabajando sin entender realmente.
También se extraña mucho la convivencia, no es lo mismo estar en un salón, poder preguntar al momento y convivir con tus compañeros, que estar sola frente a una pantalla, aun así, creo que algo bueno dejó esa etapa, nos obligó a ser más responsables, a organizarnos mejor y a aprender a usar herramientas digitales.