Lo primero que sentimos cada día al despertar es que estamos vivos, que Dios nos ha dado una nueva jornada. Quiere que disfrutemos el don de la vida, que pasemos el día juntos reconociendo y disfrutando de tantas cosas buenas y bellas que Él ha creado, con los pies en la tierra y la mirada en el cielo.
Cada día es un regalo y, como todo regalo, viene envuelto en un toque de misterio y de sorpresa. No controlamos todo lo que va a pasar hoy, a quiénes vamos a encontrar, qué experiencias vamos a vivir, qué noticias vamos a conocer, qué retos, éxitos y fracasos nos aguardan. El regalo del tiempo y de la vida es siempre nuevo, diferente, irrepetible.
Bueno es ser agradecidos a QUIEN siempre nos ama saludándolo y poniéndonos confiados en sus manos a nosotros mismos, nuestras familias y nuestras tareas.