20/05/2025

Cumplir años en otoño

En mayo el tiempo se vuelve muy confuso: un día hace un calor infernal, otro llueve como si nunca fuera a parar; después el aire enfría los cuerpos violentamente desde temprana la mañana. Y repite. Así cada semana. Recién ahora, a pocos días de cumplir treinta y tres años, me atrevo a aceptar que la atmósfera que rodea mi existencia, cada año, es así, de transición. El pasaje definitivo hacia el invierno que asoma y vuelve la ciudad cada vez más oscura y fría. Entonces, por fin me digo que a partir de ahora no tomaré decisiones tan determinantes para celebrar que he vivido en la Tierra un año más. Que puedo hacerme una con el otoño y soltar el control, como el árbol que suelta sus hojas. Que puedo, si así lo quiero, planificar escrupulosamente un picnic con amigas y amigos, imaginarnos sentados en ronda sobre el pasto compartiendo un saturado banquete y dejar ir esa idea, sin oponer resistencia, por la llegada de una lluvia sorpresiva. Que puedo, yo también, ser la hoja que ha crecido, se ha vuelto verde y vigorosa y hoy espera la brisa que la llevará a un nuevo lugar.