1.- “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos”. Jn 15,21. La vida renovada en la Pascua tiene su expresión en una forma nueva de vivir la existencia moral: desde el amor. Pudiera haber otros motivos: el interés, el miedo, la obligación como tal. Solo cuando somos movidos por el amor las cosas las haremos sin esfuerzo, con generosidad y hasta con ilusión, sin reparar en los sacrificios que nos piden.
2.- El amor puede ser humano motivado. Pero mejor: el amor de Dios en nuestro corazón, “como yo os he amado”, como Cristo mismo, con gratuidad y desde una perspectiva universal. La experiencia pascual nos renueva y nos asoma a lo definitivo.
3.- “No os dejaré huérfanos. Volveré a vosotros”. v.18. El tiempo de Pascua es tiempo de presencia, Dios está cerca y se deja encontrar, sale a nuestro encuentro, se aparece, comparte mesa, nos invita junto a él. Más que un levantamiento de cadáver, o un sepulcro vacío, tendríamos que ver a la comunidad reunida en su nombre, donde él está en medio de nosotros.
4.- Presencia y Comunión. Cuando Jesús está cerca, los hermanos viven en comunión y hermandad. Junto con la caridad, es el mayor de los testimonios para el anuncio del evangelio. Comunión de hermanos, unos con otros, haciendo posible la presencia de Jesús resucitado en medio de nosotros y el mundo.
5.- En esta comunión somos invitados a participar, no solo de un “bien estar”, sino de la comunión del don de Dios. “Entonces sabréis que yo estoy con el Padre, vosotros en mí, y yo en vosotros”. v. 20. Es la unión y la comunión, un mismo corazón en el corazón mismo de Dios nuestro Padre, con Jesús para siempre. El cielo en nuestro interior.
1.- El autor del evangelio de Juan presenta directamente a Jesús glorificado y transfigurado por la experiencia pascual. Incluso antes de su Pasión y Muerte, Jesús es presentado en su plenitud. Por eso el evangelio de este domingo es una invitación a creer en Dios, Padre, a través de Jesús, hay identidad, una misma gloria y unidad en las personas: “creed en Dios y creed también en mí”.
2.- El Padre se manifiesta por la Palabra de Jesús y por las obras que este realiza, invitándonos a participar en su misión y hacer las obra que Jesús hace. Una identidad de misión en la que estamos llamados a participar y a continuar. Lo llamamos evangelización, Buena Noticia, Reino de Dios; la vida de Dios para el mundo.
3.- Jesús se va para prepararnos una morada, estaremos con él, habrá presencia definitiva en el corazón de Jesús y de Dios Padre. “Donde esté yo, estaréis también vosotros”. Hay multitud de expresiones en este sentido: el que me come vivirá por mí, permanecer en Jesús, vivir en Cristo Jesús, ser de Cristo, vosotros sois mis amigos… Estamos con Jesús, porque Jesús resucitado permanece con nosotros.
4.- Dos preguntas retóricas subrayan dos verdades importantes: Jesús es el camino que conduce al Padre, es verdad y vida. La imagen del camino es sugerente incluso en nuestros días. Jesús es dirección y senda; camina a nuestro lado; lava los pies de aquellos que recorren con él los caminos que anuncian la Buena Noticia.
5.- La segunda cuestión aclarada es que, en el rostro resucitado de Jesús, vemos el rostro del Padre. “Quien me ve a mí, ve al Padre”. Esto nos da pie a pensar que en vez de perdernos en consideraciones abstractas haríamos mejor en profundizar en el conocimiento de la persona de Cristo, de su palabra y vida, de lo que él nos dice acerca de Dios, participando de su misma experiencia vivida.