“Salió el sembrador a sembrar”. Mt 13, 3.
1.- La predicación de Jesús va más allá de unas indicaciones éticas, o un simple manual de ritos; nos habla de los “misterios del Reino” y esto se expresa en las parábolas. En la imagen del sembrador el sentido original es manifestar la gran eclosión del Reino; esto no será el razonable siete a uno, sino el treinta, el sesenta o el ciento por uno.
2.- Los primeros creyentes reinterpretaron la parábola buscando en ella explicación al hecho de la semilla que se pierde. La primera causa es la incomprensión: la Palabra no es entendida, por lo que no puede ni siquiera echar raíz, no ha entrado en nosotros. Un lenguaje poco entendible y con poca receptividad, harán que la semilla no arraigue.
3.- La segunda causa señalada es la superficialidad de vida, la banalidad, la falta de raíz y de fundamento. La fe personal precisa reflexión y asunción personal. Vemos que esta causa es muy importante y explica que la Palabra, escuchada y acogida, se pierda de manera irremediable. “Por falta de raíz, se secó”.
4.- Se describe como tercera causa los afanes de la vida y la seducción de las riquezas. El “espíritu de este mundo” no es compatible con el “espíritu evangélico y los misterios del Reino”. Activismo y ansiedad, la preocupación por los valores materiales, harán que nos alejemos del camino y de la Palabra. La semilla, que llegó a germinar, ha sido ahogada por las mil preocupaciones de un vivir cotidiano que en realidad es un sin vivir.
5.- La imagen del sembrador es una llamada a la esperanza y al futuro. La firme actitud de mirar hacia adelante y confiar, depositando a veces lo poco que tenemos en el surco de la soledad y el silencio, hacen de nosotros seres confiados y constructores de esperanza. Siempre hay tierra buena dispuesta a acoger la semilla, las buenas palabras que salen del corazón y la Palabra que manifiesta los misterios del Reino.
“Te doy gracias, Padre, porque estas cosas… se las has revelado a los pequeños”. Mt 11, 25.
1.- Estamos ante uno de los textos importantes de la oración de Jesús: es la acción de gracias al Padre por los misterios del Reino, “estas cosas”, revelados a los pequeños, los sencillos, los pobres. El texto nos evoca un sentimiento de gratitud y pone su vista en los que cuentan poco; una manifestación más de la mirada de Jesús hacia los últimos y sencillos.
2.- La iglesia en sus documentos, habla con frecuencia de la opción preferencial y evangélica por los pobres. Nos preguntamos cuál es la verdad que se esconde en ellos, por qué en ellos y no en los sabios y entendidos; por qué en las playas de Galilea y no el Templo de Jerusalén. ¿Qué verdad evangélica se esconde en sus vidas?
3.- El Papa León en la encíclica MH, nº 118, nos habla de la experiencia del límite en lo humano, siendo ahí en esa frontera, donde se da la apertura a lo específico humano, lo que nos define: la compasión, la generosidad, lo espiritual, abriéndonos a una fraternidad más grande. Con frecuencia caemos en la tentación de anular y negar la frontera y el límite buscando lo humano perfecto, sin dolor, pero sin esperanza.
4.- En los límites y periferias están los sencillos, la gente humilde, los que tienen que pelear la vida, con frecuencia pobres y a veces descartados. El evangelio nos dice que tienen su verdad: la identificación con el rostro de Cristo, “… a mi me lo hicisteis”, y una llamada especial y primera a entrar en el Reino; es la primera de las bienaventuranzas.
5.- El texto comentado, la oración de Jesús, tiene otros aspectos importantes. El Padre nos ha dado todo en Cristo, siendo plenitud de revelación. Por ello somos llamados a profundizar y conocer, no buscando en caminos extraños o propuestas alternativas. Conocer al Hijo, conocer a Jesús y entrar en la llamada de “Venid a mí…” Todo en Cristo cuando descansamos en él.