1.- Iniciado el tiempo pascual somos invitados a participar de los frutos de la Resurrección del Señor: la comunidad reunida en su nombre, el perdón de los pecados y la vida nueva en el Espíritu, la presencia de Jesús vivo y presente entre nosotros, y la participación en los bienes definitivos pues la Pascua es plenitud.
2.- Todo ello lo expresamos de manera simbólica: es el agua, la luz, el canto, el pan y el vino; de manera sacramental a través de Bautismo y Eucaristía; de manera existencial viviendo una vida nueva de personas alcanzadas por la gracia, renovadas y recreadas, caminando en esperanza, alegría y caridad.
3.- Frente a la decrepitud de la vida y la tristeza que nos acompaña, la Pascua es una invitación a caminar en senda nueva, a pasar la puerta hacia los bienes definitivos. Lo que esperamos y lo que Dios nos tiene prometido, se realiza ya y participamos de ello, aquí, en el tiempo y en nuestra vida.
4.- Por ello, en esta experiencia pascual, somos invitados a activar una fe adormecida, incapaz de perseverar en los momentos difíciles; llamados a revitalizar una fe asediada por el miedo y el señalamiento, con las puertas cerradas defendiendo sus intereses; encender de nuevo una fe sitiada por las dudas y bloqueada por la falta de experiencias vividas, una fe empobrecida porque no ha tocado ni sentido cerca del Señor.
5.- En esta noche/día de Pascua, somos invitados a salir de nuestra tierra, de lo conocido, para abrirnos a horizontes nuevos; invitados a dejar atrás lo que nos encadena; llamados a hacer una nueva alianza de corazón nuevo; llamados a ir detrás de Jesús por los caminos del mundo, mar adentro y pasando a la otra orilla; llamados a ser buena noticia en esperanza y caridad para todos… para los pobres.
1.- Pasión según san Juan. Nos presenta a Jesús camino de su glorificación, no es pasión sino manifestación. Jesús vuelve al Padre con la obra consumada, entregando el espíritu en un doble sentido: al Padre de donde procede, a la comunidad de los que han respondido por la fe.
2.- Juan nos muestra a Jesús como Señor, no como siervo. Dirige los acontecimientos y habla de igual a igual con Pilatos. Es Rey, pero no de este mundo; y como tal es proclamado: en hebreo, griego y latín, para que llegue a todos. La cruz es manifestación de su gloria: alzado atrae a todos hacia él.
3.- La gloria de la cruz es el origen de la Iglesia y de su maternidad espiritual. El diálogo al pie de la cruz. La presencia de la mujer, la madre de Jesús, y el discípulo amado. Nos encontramos con un nacimiento espiritual y un acogimiento por la fe. La Iglesia representada por la mujer, y los creyentes representados por el discípulo amado.
4.- Jesús otorga el Espíritu Santo desde la cruz. El definitivo Pentecostés ocurre en la cruz. Dos expresiones. “Tengo sed”: de su corazón brotarán torrentes de agua viva, refiriéndose al Espíritu que recibirán los que creyeran en él. “Entregó el espíritu”. Es el nuevo Pentecostés.
5.- Del costado abierto del crucificado brota sangre y agua. Eucaristía y el Bautismo. Sacramentos que fundan y expresan la experiencia cristiana, sin ellos no hay vivencia de fe. Jesús culmina su camino de glorificación en la cruz ofreciéndonos la posibilidad fe de entrar en la vida eterna, vida de Dios, a través de los sacramentos. Llega a nosotros hoy y somos invitados a responder en fe.
REFLEXIÓN
Pascua de Vida y de Amor.
1.- En esta tarde de amor y pasión, nos sumergimos en la corriente histórica de un gesto milenario: la Pascua de los cristianos celebrada en el marco de la Pascua judía. Liberación y pertenencia. En este año 2026 no hay paz en la tierra que vio al Mesías y al pueblo elegido.
2.- Hoy hablamos con gestos y palabras. El lavatorio de los pies, una escena que entra por los ojos y que constituye una llamada al servicio dentro de la propia comunidad. Jesús abre un espacio nuevo para las relaciones humanas entre hermanos; ni competencia ni rivalidad sino entrega y servicio.
3.- El gesto lo debemos ver también como un reconocimiento y gratitud hacia aquellos que siguieron a Jesús en los caminos de Judea y Galilea, pies de discípulos en la itinerancia de los primeros días. Pero también pies enviados a predicar y anunciar la buena noticia de Jesús vivo, pies de apóstoles portadores de esperanza.
4.- Otro gesto: la Última Cena. Esta vez fue diferente de las otras cenas y comidas. Las palabras definitivas y la emoción contenida; Jesús habla de sí mismo, esta vez no hay otros a los que curar o perdonar. Jesús se entrega en el pan y el vino y manda “haced esto”. Acaba el tiempo temporal, pero empieza el tiempo definitivo… hasta que él vuelva de nuevo.
5.- Un mandato como expresión de última voluntad: “que os améis unos a otros como yo os he amado”, entre vosotros, de puertas para dentro, un espacio nuevo de fraternidad en el que Jesús se hace presente; se entrega por nosotros y nos otorga el don de su paz.
“Es el profeta Jesús, de Nazaret de Galilea”. Mt 21, 1-11.
1.- Entramos con Jesús en Jerusalén. La escena tiene un profundo significado histórico y simbólico, pero también profético y anticipatorio de la entrada final en la Nueva Jerusalén. Las grandes ciudades, y en especial Jerusalén, son espacios de encuentro y cruce de culturas. Expresan la llamada a la convivencia de unos con otros, y son un reclamo para la paz; son anticipos de la nueva Jerusalén a la que somos llamado a entrar acompañando a Jesús.
2.- Caminamos, con alegría y júbilo, con otros, formando familias y pueblos, un nosotros que decimos Pueblo de Dios. Participamos de las alegrías de la gente y sentimos su apoyo a nuestro lado. Todo ello, cerca de Jesús, con Jesús entre nosotros, al lado de Jesús. La escena es una imagen de nuestro peregrinar gozoso y compartido, mirando al futuro, construyendo juntos, caminando en esperanza.
3.- Jesús se deja querer y aclamar por la gente; pero la escena va más allá. De esa alegría participa también toda la creación: los animales representados en el burro, la vegetación de las plantas; la creación manifiesta la gloria de Dios y aclama al Señor. Pero también la obra creada por el hombre, los tejidos y mantos y la propia ciudad, participa de esta alegría. La Creación goza de la presencia de su Señor.
4.- Estamos en el inicio de la Semana que decimos Santa. Jesús pasa cerca de nosotros. En la Castilla profunda, las procesiones del viernes consistían en sacar los “pasos”. El Señor camina a nuestro lado en esos pasos, estaciones o escenas, en las que somos invitados a entrar e identificarnos con personas y circunstancias. Como si yo estuviera allí… Jesús pasa… y nos pregunta: ¿quieres compartir tu vida conmigo?
5.- Somos invitados a recorrer el camino histórico y de salvación de la vida de Jesús. Estos días la fe se hace explícita en Jesús. Sus sufrimientos y muerte, pero también su testamento y su resurrección, son para nosotros, lo fundamental de la fe. Por ello somos cristianos.