“No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Mt 18, 22.
1.- Mt 18 es una exhortación para el buen funcionamiento de la comunidad cristiana. Unas palabras dirigidas a los de dentro: preocupación por los más pequeños y débiles, sensibilidad ante los que se pierden, búsqueda de la oveja perdida y corrección fraterna. Hoy la Palabra es una llamada al perdón.
2.- Esta parábola es un relato donde todo es desproporcionado: la deuda, el perdón, el castigo impuesto; todo ello con un fin: “para que cada uno perdone de corazón a su hermano”. Hemos sido perdonados; por ello el perdón es misericordia gratuita y debe estar en la base de los comportamientos entre los hermanos. Agraciados en el perdón, debemos perdonar a nuestros hermanos.
3.- El perdón no está sujeto a cálculos. Pedro pregunta cuántas veces tengo que perdonar, el relato nos habla de cantidades contrapuestas e imposibles. La respuesta de Jesús es clara: siempre, es decir, cuantas veces el hermano esté dispuesto a acoger el perdón. No somos nosotros los que tenemos que cerrar la puerta ni expulsar. Aquí resuenan las palabras proféticas de Francisco: “Todos, todos, todos”.
4.- La imagen es una llamada a la misericordia y a una mirada compasiva; abiertos al perdón, facilitando la fraternidad y no quedando atrapados en el pasado en bloqueos, odios y rencores. ¡Qué deseable sería que el corazón no quedara atrapado en el odio y en sus formas suavizadas: indiferencia y alejamiento!
5.- Puesto que Mt 18 es un discurso eclesial, sería importante llevar esto a la comunión y al espíritu fraternal. Sin llegar al odio, podemos quedar atrampados en la apatía, indiferencia ante el hermano, sitiados por las ideologías y los prejuicios, que nos dividen y enfrentan, divididos por los intereses humanos y eclesiásticos. La comunidad es signo de una sola familia con un solo corazón.
1.- Este domingo y el siguiente, escuchamos textos del cap. 18 de Mt; la exhortación a la preocupación por el hermano y la llamada al perdón; todo ello para facilitar las relaciones humanas en la comunidad cristiana. Por eso, una vez más, la invitación a leer el texto en su contexto, fijarnos en lo que hay delante y detrás en el relato, y cuál es la intención del redactor evangelista.
2.- Escuchamos hoy la voz de Señor, en el ámbito litúrgico y comunitario, por ello se nos pide hacer un esfuerzo para entender el texto, entrar en la intención al incorporarlo a los textos inspirados y preguntarnos qué significa hoy para nosotros. Hay que leer, escuchar y dejar resonar la Palabra en nuestra vida.
3.- La exhortación a la corrección fraterna supone retomar la vinculación de unos con otros; fraternidad y hermandad supone preocupación de unos por otros, en especial del hermano en situación de debilidad, del tipo que sea. La tentación se llama indiferencia, autonomismo, exceso de liberalidad; nos olvidamos que somos responsables de nosotros mismos y corresponsables unos de otros. No podemos responder: “¿Acaso soy yo el guardián de mi hermano?”
4.- La corrección es fraterna, desde el amor, “a nadie debáis más que amor”, con humildad y cariño, huyendo de la soberbia, de la crítica y de la murmuración, mirándonos a nosotros mismos previamente, por aquello de la viga y la paja en el ojo. La preocupación por el hermano arranca de los vínculos de fraternidad, de aprecio y cariño; de la fe y de compartir las mismas creencias y pasión por el Reino.
5.- El Señor da autoridad a la comunidad, promete su presencia y les otorga la confianza de que la oración compartida será escuchada. En el contexto en que aparecen estas frases tan intensas, ¿no se estará indicando un ministerio para la reconciliación e integración de lo perdido? Una comunidad evangélica acoge y cura heridas, integra y sana; busca lo perdido y se alegra del hermano que vuelve a casa.