“…vió Jesús una multitud, se compadeció de ellos y curó a los enfermos…”. Mt 14, 34.
1.- Acabamos de escuchar la escena de la multiplicación de los panes y los peces, narrada por seis veces en los relatos evangélicos. Ello nos da medida de la importancia de esta escena, así como de su gran receptividad en la tradición cristiana. Dios en Jesús, convoca y alimenta a su pueblo, es su protector y pastor, las personas se reúnen en torno a Jesús, que Jn nos presentará como Pan de Vida.
2.- Después de recibida la noticia de la muerte del Bautista, Jesús busca soledad y silencio; pero ello es imposible. La multitud le busca y le aborda y él no lo rehúye. El texto nos dice que “se compadeció de ellos”. Es la mirada de la misericordia y del corazón, ve lo profundo y el deseo de búsqueda. Jesús se deja abordar y no rehúye de la gente; Jesús es un corazón abierto, un hombre para los demás.
3.- Dentro de las dos lógicas de la escena, “despide a la gente… dadles vosotros de comer”, Jesús nos invita a mirar con los ojos de los que sufren, de tener comprensión y receptividad ante los problemas de los demás; de mostrar acogida, escucha y acompañamiento. “Dadles vosotros de comer” supone tomar conciencia del dolor de nuestros contemporáneos, aprender a mirar, tener los sentimientos de Jesús.
4.- Una vez más el evangelio nos invita a valorar lo pequeño: cinco panes y dos peces, pero: “¿qué es eso para tantos?” Cuando acumulamos y retenemos los bienes restan y dividen; cuando bendecimos y compartimos, los bienes se multiplican hasta sobrar. Una vez más nos encontramos con que el problema no es tanto de medios como de actitudes y voluntad.
5.- La escena es una imagen clara del Reino de Dios, por eso ha tenido tanta receptividad en la tradición cristiana, y en la católica resulta inevitable la asociación con la Eucaristía, donde Jesús es el Pan de Vida para la vida del mundo que se reparte y multiplica para llegar a todos y servir de alimento espiritual en nuestras vidas… hasta desbordar.
“… a un tesoro escondido en el campo, el que lo encuentra…”. Mt 13, 44.
1.- El tesoro escondido y la perla fina de gran valor son parábolas que expresan la fuerza del Reino y el impacto que tienen en sus descubridores, capaces de vender todo lo que tienen para, con alegría, comprar el campo o la perla. Se subrayan dos cosas: la novedad y fuerza del descubrimiento o hallazgo; y la subordinación de todo lo demás y ello con alegría.
2.- Para describir la experiencia de fe empleamos expresiones como encuentro con Jesús, experiencia de presencia, él nos precede, reconocer como en Emaús, dejarnos iluminar. Hay algo de desvelamiento, de manifestación. La parábola nos dice que todo ello acontece en las cosas de la vida, en los hechos cotidianos.
3.- La fe acontece como experiencia en la vida de las personas. Nos lo recuerda el Papa León: “Tened confianza en el hecho, cada vez más evidente, de que se puede volver a la fe o conocerla por primera vez en la edad adulta”. Nos habla también de acoger los nuevos comienzos como regla de misión. Y esto, no como una experiencia más de las muchas que vivimos, sino que “el corazón humano no se colma acumulando experiencias, sino cuando comprende que la vida llega a plenitud solo cuando es donada”. Mensaje a Obispos.
4.- ¿Por qué nos resistimos a la novedad del mensaje del Reino? ¿Por qué no vemos el tesoro o la perla fina? Podemos buscar respuesta en la parábola del sembrador o la cizaña, pero también, porque de tanto oír hablar de ello, el lenguaje se ha desgastado y no transmite, vivimos de lo de atrás, de una experiencia poco profunda y con frecuencia oxidada, que ha devenido en tradición y costumbre, sin novedad.
5.- De nuevo la llamada a preparar nuestra vida para dejarnos sorprender, para estar abiertos a lo nuevo, para discernir lo que viene y el futuro en el presente. El Reino, Jesús resucitado, nos precede o está ya presente entre nosotros, pero “nuestros ojos no son capaces de reconocerlo”.