“Id ahora a los cruces de los caminos y a todos los que encontréis, llamadlos a la boda”. Mt 22, 9.
1.- El Banquete de bodas. La imagen nos describe una gran llamada para participar en un acontecimiento festivo: la boda del hijo del rey. La imagen es sugestiva, pero se vuelve dramática. Todo comienza con un gran llamamiento, una llamada generosa y gratuita, una gran convocación. Eso significa la palabra IGLESIA, Pueblo de Dios en marcha, reunido, caminando con otros, con espíritu sinodal.
2.- La llamada es universal, incluyendo a los pobres, a los que están en los cruces de los caminos. Este punto es sugestivo. Convocado en las circunstancias de la vida, de orígenes distintos, a veces con direcciones contrapuestas… desde la pluralidad de origen. Los cruces de los caminos son los cruces de la vida y las personas en sus rasgos específicos, con sus diferencias y contradicciones.
3.- Somos convocados para construir un proyecto común, para ser una familia, para celebrar un banquete. San Pablo dirá que en Cristo Jesús se acaban las diferencias: ni judío ni griego, ni esclavo ni libre, ni hombre ni mujer. Es la llamada del futuro, es la puerta a la esperanza, es el Reino que nos invita a entrar en él. Por eso la tragedia es mayor cuando todo esto se rechaza, puesto que son los bienes definitivos.
4.- La llamada es gratuita y universal; podemos caer en la tentación de pensar que es barata y siempre disponible. Nada de eso. Exige una respuesta seria y profunda, una vida que dé frutos según el evangelio, pide santidad de vida, nos llama a la caridad, sin la cual todo lo demás de nada nos sirve. 1Cor 13. San Agustín. Por eso el traje de fiesta es signo de la respuesta que damos a la llamada recibida. No todo vale.
5.- Como en textos anteriores, el evangelio emplea palabras duras: muchos son los llamados y pocos los elegidos. Es llamada a no confiarnos, simplemente por estar o haber sido educados en ello. Es llamada a la vigilancia y el discernimiento sobre nuestra propia vida y sobre los tiempos que nos toca vivir.
“Arrendará la viña a otros labradores que le entreguen los frutos a su tiempo”. Mt 21, 41.
1.- Parábola de los viñadores homicidas. Vemos que no todo es bondad y dulzura en los textos evangélicos, aquí hay bastante de tragedia. En el texto se produce una interpretación de la muerte de Jesús, el hijo, y se señala claramente quienes son los responsables. El contexto y los destinatarios de la parábola es expresivo: Jesús enseña en el Templo y se acercaron sumos sacerdotes y ancianos.
2.- Mateo hace una pregunta literaria y avanza la respuesta: “otros labradores que entreguen los frutos a su tiempo”. En el contexto de los que leían, más bien oían, en la primera hora cristiana, se daba a entender que Israel había sido sustituido por el nuevo Israel, la iglesia, la comunidad de seguidores de Jesús, sustituye al antiguo Israel.
3.- Haciendo un esfuerzo por actualizar la palabra escuchada, también nosotros caemos en la tentación de “retener los frutos”, apropiarnos de ellos y no ponerlos al servicio de todos. En nuestro mundo nos hemos aprovechado de la fe para celebraciones sociales o poniéndola al servicio de ideologías concretas. El apellido de “cristiana” acompaña a ciertas palabras como tradición, cultura o sociedad, sin preguntarnos demasiado, si de verdad hay fe y convicción, si el ambiente que buscamos responde a convicciones personales.
4.- Hemos escuchado la carta a los Filipenses; el testimonio de Pablo es elocuente. En la cárcel, transmite ánimo e invita a la magnanimidad. “Todo lo que es verdadero, noble, justo, puro… tenedlo en cuenta… Y lo que aprendisteis, recibisteis, oísteis… ponedlo por obra”. En el comienzo del curso, en la catequesis, abramos la mente y cojamos todo lo bueno y pongámoslo en obra.
5.- Comenzamos con las actividades de la Parroquia. Un nuevo curso pastoral que invita a la participación y colaboración. Un objetivo para este tiempo es abrir un espacio de reflexión y de encuentro con motivo de la Asamblea Diocesana. Somos llamados a participar y colaborar, a compartir y discernir, a poner en común y a ponernos en camino con otros.