“Vió a dos hermanos, Simón, llamado Pedro, y a Andrés…”. Mt 4, 18.
1.- Hoy celebramos varias cosas de importancia. La conversión de San Pablo, la llamada a la unidad, el domingo de la Palabra, y las referencias propias del Evangelio proclamado. Pablo configuró y puso letra al Evangelio de Jesús; en gran medida una buena parte del N.T. se debe a su pluma y círculo de influencia. Sus escritos forman buena parte de la base cristiana.
2.- Hoy escuchamos la llamada al ecumenismo, a formar una sola familia. El camino recorrido, la historia de enfrentamientos y a veces de sangre, pesa mucho para llegar a ser “un solo rebaño con un solo pastor”. Nunca aprenderemos lo suficiente lo que significa caminar, no unos contra otros, sino unos con otros y para todos. La llamada a la unidad, es una llamada profética.
3.- Por iniciativa de Papa Francisco, hoy celebramos el Domingo de la Palabra. Llamados a conocer y amar la Sagrada Escritura, como base de nuestra fe; en ellas hay verdad revelada, recogen la verdad querida por Dios; decimos que están inspiradas por Dios. El desconocimiento de ellas sigue siendo mayúsculo, pecando de parquedad, desconexión y fracturación.
4.- La Palabra va más allá de lo escrito y recogido en el libro por excelencia, la Biblia. El libro material es instrumento y medio para que la Palabra proclamada y leída en unas circunstancias concretas, resuene hoy con contenido nuevos y actuales, como si nosotros fuéramos los protagonistas y destinatarios de lo leído y proclamado. La palabra, genera Palabra en nuestro corazón por la acción del Espíritu.
5.- Por último, vemos en el evangelio que Jesús comienza su actuación en público. La tierra se alegra de su presencia; comienza a actuar y llama a personas concretas a participar de su misión. El evangelio se presenta como fuerza viva: “recorría…, enseñando…, proclamando…, curando…”.
“Al ver Juan a Jesús que venía hacia él, exclamó: Este es el Cordero de Dios…”. Jn 1, 29.
1.- Jesús viene a nosotros, como un día fue hacia Juan. Leemos esta frase con la fuerza que nos da la Palabra de Dios, viva y presente. Jesús viene a nosotros, cada uno, y nos revela nuestra misión y sentido, “he salido a bautizar para que sea manifestado…” Como tantas veces, la luz de Jesús nos ayuda a saber quién somos y qué misión tenemos.
2.- En el relato evangélico, el Bautista revela a Jesús como Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Hay profundas resonancias rituales que se pueden leer desde Hebreos, “de una vez para siempre”, y el nuevo culto en “espíritu y verdad”. La referencia al “pecado del mundo”, nos habla de otra dimensión más profunda; como si se abriera una puerta más allá de lo penitencial y ritual, para entrar en la Pascua definitiva, en una nueva creación de la que el mundo también participa.
3.- El Bautista revela a Jesús como el Hijo de Dios. Nos quedamos muy cortos en el entendimiento de esta expresión. Nos cuesta entender el significado más allá del mundo biológico. En el mundo oriental, y en el nuestro, el hijo es la identidad del padre, la proyección y el resplandor de su personalidad. Más allá del sentido espiritual, que no es poco, Jesús es presentado como el Hijo, plenitud del Padre que le envía.
4.- El Bautista revela a Jesús como aquel en el que se manifiesta en plenitud el Espíritu y aquel que a su vez es capaz de transmitir el Espíritu a través del bautismo. Ungido por el Espíritu, Jesús comenzará a proclamar el Evangelio del Reino. En esta escena la tradición cristiana ha visto con gran claridad la manifestación de Dios como Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo.
5.- Jesús llega a nosotros hoy y nos manifiesta nuestra identidad de hijos de Dios, recibida en el bautismo, de agua y de espíritu. Somos hijos en el Hijo. Es en esta presencia y encuentro con los demás dentro de la fe, y en especial en los sacramentos, cuando se nos revela quienes somos y cual es nuestra tarea y misión en este mundo y este tiempo.