¡Cállense!
¡Ya muérete, hijo!
Todavía había una sandía fría. Y era mía, tía.
Me dijeron que no fuera. Pero fui.
Algo se movió adentro.
Sus manos cubrieron lo que la tela descubrió.
Entre los árboles lo vio ahogarse.
Pásame el martillo.
Ignorancia es estómago sin náusea.
Olvidé qué recordé, pero recordé por qué olvidé.
¡Cuánto has crecido!
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