De transmisor a facilitador: El docente ya no es la única fuente de conocimiento, sino un guía que ayuda a los estudiantes a navegar por la información, evaluar fuentes y construir conexiones significativas.
Promotor de habilidades digitales: Los educadores deben enseñar a los estudiantes cómo usar herramientas tecnológicas y cómo aprender en entornos digitales.
Diseñador de experiencias de aprendizaje: El docente debe crear actividades que fomenten la colaboración, la exploración y la construcción de redes.
Aprendizaje autónomo: Los estudiantes toman un papel activo en su aprendizaje, buscando información, conectándose con expertos y construyendo su propia red de conocimiento.
Desarrollo de habilidades críticas: Los estudiantes aprenden a filtrar, evaluar y sintetizar información de múltiples fuentes.
Aprendizaje permanente: Se fomenta la mentalidad de que el aprendizaje no termina en el aula, sino que es un proceso continuo a lo largo de la vida.
Reconocimiento del aprendizaje informal: El aprendizaje que ocurre fuera del aula (en redes sociales, foros, comunidades en línea) se considera valioso y complementario al aprendizaje formal.
Espacios híbridos: Se combinan entornos presenciales y virtuales para crear experiencias de aprendizaje más ricas y flexibles.
Evaluación continua: Se enfoca en el proceso de aprendizaje más que en los resultados finales, utilizando herramientas como portafolios digitales, autoevaluaciones y evaluaciones entre pares.
Habilidades sobre contenidos: Se valora más la capacidad de aprender, colaborar y aplicar el conocimiento que la memorización de información.
Uso de analytics: Las tecnologías permiten analizar el progreso de los estudiantes y personalizar su experiencia de aprendizaje.