La Comunicación Política es un área altamente dinámica. Los procesos sociales y los avances tecnológicos de las últimas décadas -se han intensificado en los últimos años- exigen pensar nuevas maneras de analizar, estudiar y enseñar sobre los procesos comunicativos. El contexto de la pandemia que nos obligó a trasladar una buena parte de nuestras actividades cotidianas y laborales al ámbito virtual, esto impactó en nuestras vidas y la manera de comunicarnos. No solo los patrones de relaciones familiares o sociales, sino también de las políticas, como el consumo de las noticias, la participación en la política o la estructura de las campañas electorales han cambiado.
La última década ha sido fuertemente impactada por los avances tecnológicos que apuestan por la utilización de Big Data para el diseño de las estrategias comunicativas en la política, el surgimiento de los populismos y la creciente polarización social. Todo ello también ha impactado sobre cómo nos comunicamos y sobre cómo es la comunicación en el espacio público.
El estudio y la enseñanza de la Comunicación Política debe saber responder a estos cambios. Por un lado, los procesos señalados implican nuevas rutas de investigación y análisis de las realidades comunicativas, desafiando las teorías clásicas y poniéndo en el centro de atención los nuevos fenómenos. Por otro lado, los cambios en las estrategias comunicativas y de aprendizaje de las y los estudiantes de las nuevas generaciones imponen un desafío importante para el ejercicio de la docencia, enfrentada con la disyuntiva de cómo (y en qué medida) adaptarse a los cambios en los procesos cognitivos de las personas jóvenes, sin perder de vista la necesidad de desarrollar conocimientos y habilidades propios del ejercicio universitario más tradicional.
A estos dos desafíos pretende responder el presente proyecto. Con la participación de expertas y expertos de distintos perfiles y experiencias se busca avanzar en una discusión de los conceptos (clásicos y nuevos) de la Comunicación Política y abordarlos desde la perspectiva de los desafíos teóricos y empíricos vigentes. Consideramos que este abordaje -que no abandone la tradición, pero la contraste y concilie con la actualidad, y que busque un equilibrio entre el aprendizaje tradicional (a través de la lectura) con mecanismos novedosos (como la gamificación o las estrategias de aprendizaje basado en pensamiento, aprendizaje basado en competencias)- permitirá fortalecer las capacidades docentes y también facilitará el aprendizaje por parte de la comunidad estudiantil. El proyecto busca, entonces, aportar a los debates teóricos de una manera accesible, enfocada en las necesidades del estudiantado, y que responda a las tendencias más recientes del campo. Se trata de un intento de actualización de los contenidos y de las estrategias para lograr los procesos de enseñanza-aprendizaje de mayor calidad y satisfacción para las personas docentes y para las y los estudiantes.
Antecedentes
La última revisión y actualización de los planes de estudio de la FCPyS se realizó en el año 2015. En aquel momento, el esfuerzo se centró en una actualización de los contenidos y en la reestructura del plan de estudios de tal manera que este permitiera preparar al estudiantado para las diferentes salidas profesionales que decidieron tomar, y para fomentar el grado de incidencia de las y los estudiantes en la determinación de su ruta académica.
Desde entonces han pasado siete años y un cambio sustancial fue provocado por el confinamiento que trajo consigo la pandemia. El aislamiento generó retos en el área educativa y la necesidad de adaptar las estrategias de enseñanza aprendizaje al terreno virtual. Esto trajo como imperativo la necesidad de pensar productos didácticos disponibles en todo momento, en formatos virtuales, uno de los propósitos de este proyecto. A la par, desde hace unos años se discute a nivel internacional el papel del pensamiento feminista en las Ciencias Sociales, que urge a los centros educativos a incorporar la perspectiva de género en los planes estudio y, en consecuencia, en las estrategias didácticas.
Estos cambios han sido acelerados y profundizados por los avances tecnológicos que, desde hace décadas, moldean nuestras formas de comunicación.
A la luz de lo anterior, resulta importante hacer una revisión y análisis en el campo de la comunicación política, con el objetivo de mejorar el conocimiento en las materias que se imparten en las licenciaturas de Comunicación y Ciencia Política de la FCPyS, tales como Comunicación Política y Diseño de proyectos en Comunicación Política. A través de la actualización de conceptos clave y la incorporación de la perspectiva de género, así como de la revisión de instrumentos metodológicos para realizar investigación en esta área, será posible generar insumos novedosos para el alumnado. En consecuencia, se busca que las y los estudiantes cuenten con herramientas formativas de fácil acceso y comprensión que deriven en la observación crítica de la comunicación política, que repercuta en el mejoramiento de sus capacidades y competencias profesionales.
Justificación académica
Desde antes de la pandemia los estudios sobre la Comunicación Política apuntaban a las "nuevas tendencias y desafíos" generadas a raíz de las crisis: crisis del modelo económico de la prensa, crisis de los estándares profesionales y del estatus de los reporteros, crisis de los formatos emergentes de las noticias (Bennett e Iyengar 2008). Estas crisis han sido asociadas con el surgimiento de las nuevas tecnologías, aunque otras voces consideran que la tecnología “acentúa, más que genera” las dinámicas que cambian a la comunicación política y nuevamente nos hacen preguntar sobre las cuestiones clásicas, por ejemplo, sobre cómo evolucionan la representación política y la mediatización en un entorno siempre cambiante (Sampedro 2011). A pesar de ciertas diferencias en cuanto a las causas e intensidades de los cambios, la literatura coincide en que “el enfoque adecuado para comprender los efectos de las formas contemporáneas de comunicación política en el tipo de relación que los ciudadanos establecen con la política debe basarse en una aplicación específica de las teorías clásicas sobre las actitudes, con especial atención a la relación entre creencias, emociones y comportamientos” (Barandiarán et al. 2019).
La situación de la comunicación política en México tiene, además, sus particularidades, vinculadas con la desinformación, consumo asimétrico de las noticias (con ciudadanía poco dispuesta a pagar por acceder a los contenidos producidos por periodismo de calidad), infotainment, altos niveles de desconfianza en los medios de comunicación tradicionales y altísimos niveles de violencia contra los periodistas (Júarez Gámiz y Arrellano Toledo 2022). Todo ello contribuye a moldear los patrones de comunicación política y requiere de herramientas analíticas idóneas para comprender estas dinámicas y una nueva mirada a los conceptos y teorías clásicas.
De una manera similar, los nuevos retos de enseñanza y aprendizaje requieren de adecuaciones importantes. Quienes entran a las universidades en la actualidad (y lo harán en los próximos años) son integrantes de las generaciones Z (nacidos entre 1995 y 2010) y Alfa (nacidos después de 2010). Se trata de personas “nativas digitales” que han crecido inmersos en el mundo de la tecnología, con acceso a Internet, smartphones y otros dispositivos tecnológicos (aunque no necesariamente tienen altas capacidades para su uso efectivo). Aun así, son personas que pasan más tiempo con dispositivos electrónicos y menos tiempo leyendo libros que antes (Thomas 2019; Ferguson 2020), lo que repercute en su capacidad de atención (Sliwa 2018) en su vocabulario (Massey 2010; Adams 2018) y, por tanto, en sus calificaciones escolares (Busby 2018).
La disrupción de la educación durante la pandemia por el covid-19 ha contribuido de manera negativa a los patrones de aprendizaje de las personas jóvenes, agravando las deficiencias educativas y profundizando la dependencia de los medios digitales (México Evalúa 2021). Asimismo, las investigaciones evidencian que el cambio de condiciones de vida originado por la pandemia generó en los estudiantes “una reacción emocional aflictiva (...), la mayoría de las personas enfrentó esta situación con enojo, como mecanismo de afrontamiento para la toma de acciones (...) estudiantes han padecido estrés recurrente y estados de ansiedad, con una sensación de preocupación continua e intranquilidad, situación que ha llevado a la disrupción de los ciclos de sueño, cambios en la alimentación, aumento del consumo de comida chatarra y de cafeína” (Medina et al. 2021).
Todos estos procesos -tanto las tendencias generacionales a largo plazo, como el impacto de las crisis de la pandemia- plantean la necesidad de repensar las estrategias docentes y adecuarlas a las nuevas necesidad de las y los estudiantes de hoy y del futuro.