Es la protagonista de la novela. Una mujer de mediana edad (alrededor de 46-47 años) que está felizmente casada desde hace 27 años y tiene dos hijos mayores. Cada 16 de agosto viaja a una isla del Caribe para visitar la tumba de su madre. Estas visitas anuales se convierten en una oportunidad para ella de explorar su deseo y transformarse en otra persona por una noche de pasión.
Es el esposo de Ana Magdalena. Es un maestro de piano y director de conservatorio. Se le describe como un hombre que ama a su esposa y con quien tiene un matrimonio "bien avenido".
El hijo mayor: Se describe como el primer chelo de la Orquesta Sinfónica Nacional, lo que indica que siguió una carrera musical, al igual que su padre.
La hija menor: Tiene dieciocho años y se menciona que existe un pequeño conflicto con ella porque quiere convertirse en monja. Se dice que tiene un temperamento fogoso y que, a pesar de salir de fiesta con su novio músico, desea ingresar a la Orden de las Carmelitas Descalzas.
A lo largo de sus visitas a la isla, Ana Magdalena tiene encuentros con diferentes hombres con los que experimenta relaciones fugaces. Estos personajes son importantes para explorar el tema del deseo y la transformación de la protagonista.
Es importante notar que la novela se centra principalmente en la experiencia de Ana Magdalena, por lo que los demás personajes, incluyendo su familia, aunque relevantes, no tienen un desarrollo tan profundo.
Fallecida y enterrada en la isla que Ana Magdalena visita anualmente. Aunque no aparece directamente, su memoria y la relación que Ana Magdalena tenía con ella son importantes para la trama.
Ana Magdalena Bach
Evolución: La "evolución" de Ana Magdalena se manifiesta principalmente en sus transformaciones anuales durante su estancia en la isla. Cada agosto, se permite desprenderse de su rol de esposa y madre, adoptando una identidad más libre y aventurera. Busca encuentros sexuales pasajeros con hombres desconocidos, experimentando una libertad que parece ausente en su vida cotidiana. Al principio es simple curiosidad o una necesidad de romper la monotonía. Sin embargo, a medida que los años pasan, se percibe una profundización en su búsqueda. No se trata solo del acto sexual, sino de la sensación de ser vista y deseada de una manera diferente.
Cada encuentro y cada regreso. Se pregunta quién es realmente: la esposa fiel y madre dedicada, o la mujer que se permite vivir pasiones efímeras.
Hacia el final del libro, se insinúa una posible consecuencia de sus actos, lo que la hace tener una reflexión más profunda sobre sus decisiones y el impacto que podrían tener en su vida.
Doménico Amariz
Doménico es más sutil y se percibe principalmente a través de los ojos de Ana Magdalena. A lo largo de los años, su figura permanece relativamente constante, representando la estabilidad y la rutina de la vida conyugal. Sin embargo, la perspectiva de Ana Magdalena sobre él cambia ligeramente.
Con el tiempo, las experiencias de Ana Magdalena en la isla la llevan a cuestionar la profundidad de su conexión y si realmente conoce a su esposo por completo.
En última instancia, Doménico representa la vida que Ana Magdalena ha construido y a la que siempre regresa. Su constancia contrasta con la fugacidad de sus encuentros en la isla, resaltando la tensión entre la seguridad y el deseo.
Los hijos de Ana Magdalena
Representan el fruto de su matrimonio y una parte importante de su identidad como madre. Sus vidas y decisiones como el deseo de la hija de ser monja generan pequeñas tensiones familiares y son un punto de referencia para Ana Magdalena al evaluar su propia vida, pero si influyen en la evolución de la protagonista.
Los hombres
Estos personajes son fugaces y cumplen la función de despertar diferentes facetas del deseo de Ana Magdalena, Pero cada uno representa una experiencia distinta y contribuye a la exploración de la sexualidad y la identidad de la protagonista.