Las nubes desde hace días que no daban tregua alguna, dejando caer todo el torrencial en la región misma como la de los territorios limítrofes.

Es por su materia pequeña, siendo estrellado contra el marco al panel, humedeciendo cada superficie que tocara.

Divisaba cada diminuta gota caer por debajo de las formaciones de agua vaporizada, cayendo a vez que arrastrada a la más mínima perturbación.

Alguien culminó ese momento de reflexión existencialista cuando comenzaron a llamarle, golpeando la puerta de su oficina puerta; detrás se hallaba una jovencita pendiente a ser atendida.

Muy distraída como nerviosa, casi no logró oír la frase cual le daba a entender el permiso que obtuvo para acceder dentro de la habitación.

Primero, posó la extremidad izquierda por encima de la manija, agarrando con la mano, la redonda masa de hierro, dejándola descansar unos cinco segundos. Quería entrar, aunque se moría de ansiedad a la vez.

Hizo un movimiento rotatorio con la muñeca, haciéndola girar casi en su totalidad hacia la derecha, apretando fuerte asegurándose de que se abriera sin complicaciones.

—Sr. Ryoei Aquí le traje los documentos a color que me solicitó. —habló.

Estiró el brazo lo más que le dieran sus cansados músculos, intentando sostener con firmeza esos papeles envueltos dentro de un folio.

—Gracias Ameri —devuelve.

Aquellas fotocopias que posaban sobre encima del escritorio, generan una intriga dentro de su corazón, robándole la tranquilidad de su consciencia.

La muchacha, pasó el dedo índice por detrás de su oreja, corriendo los mechones de pelo que impedían su labor en comodidad, sirviéndole té.

Al friccionarse el material robusto de la mesa contra la cerámica de la taza, generó un diminuto chasquido, revolviendo al azúcar dentro de la misma.

Sostuvo el porfolio con una mano y con la otra, abrió las considerables cantidades de papeles que había solicitado anteriormente, repartiéndola por orden de importancia.

—Dio un sorbo a la taza—. ¿Estos son los desgraciados sujetos de prueba? —preguntó.

—Se acercó a mirar la hoja—. Si no mal recuerdo, él aspirante es el chico, la otra es su hermana Señor.

Su sorpresa, fue que estas personas a las que cuáles investigaba, no parecían tener algo en especial para ameritar su tiempo en la labor.

Le había parecido extraño el solo hecho de que no existiera mayor en información más que una simple ficha médica de ambos. Tampoco existían registro de cónyuges, parientes o registros laborales.

Algo de todo eso en el interior suyo, le generaban sentimientos de mala espina, debido a que esa información, no le hacía llegar a ninguna invasión.

Presentía tener algo entre sus manos sin embargo a la vez, tan solo leer esas hojas carentes de información relevante, motivaban la trituración de los papeles.

—¿Te dije algo fuera de lo común anoche? No recuerdo nada, aunque ver esta cosa me revuelve la mente. —le consultó.

—Pone una expresión de vergüenza —. Dijo muchas cosas incoherentes debido a su intoxicación alcohólica Sr.

—Agrega whisky a la bebida caliente—. Si… —Mira a la ventana de nuevo—, Quizás esté perdiendo el tiempo delirando en estas planillas. —remata.

La ciudad capital de Sixaounia se hallaba sumergida dentro de una enorme de formación de tormentas, bloqueando la mayoría de luz natural, así elevando la atmósfera depresiva del sitio.

Antes de tirar los documentos a la basura, diviso una última vez la fotografía del chico; cuya expresión de la persona plasmada en la imagen, convirtió su resaca en epinefrina pura siendo inyectada por todo su torrente sanguíneo.

Apreciación inspirada principalmente luego de leer de reojo la leyenda figurada al costado del marco, aquel apellido fue el detonante de la emoción en su ser.

—Cancela la reunión con el comité. Volveremos de urgencia a Japón. —ordenó.

—tartamudea—. ¡¿Pero qué explicaciones les daré?!

—Sin preguntas, Ameri —mandó.

No hubo mayor razón dentro de su raciocinio quedarse tiempo demás, lejos de casa, en tierras extranjeras, donde eran ciudadanos de segunda.

El primer vuelo cuál salía hacia Japón, fueron directamente abordarlo. Sin cuestionamientos a la lógica acorde a sus emociones momentáneas.

En seguida, él jet privado que utilizaba para viajar de regreso a Japón, ascendió lo más alto posible, traspasando las nubes negras y tormentosas que ocultaban la tierra firme.

Y al igual de esas mismas masas de líquidos evaporados, cargadas con millones de litros en agua, eran atravesadas por el Jet, la Columba de humo oscuro también lo hacía.

La intensa lluvia no era lo suficientemente intensa como para apagar el incendio ocasionado por aquel accidente. Dicho combustible fue esparcido por todos lados como alrededores en la pista.

Fuego cual alcanzó gran parte de la vegetación al costado de los carriles, aumentando la llamarada. Entonces la luminosidad de las llamaradas logró tocar el techo formado de nubes, esparciendo la luz a través de estas, ahora siendo visible el accidente para todos los habitantes cercanos.

Autoridades activaron él protocolo de emergencias. Policías, bomberos y demás cuerpos de defensa civil, fueron a toda prisa con intención en cubrir el incidente, ocasionado sólo apenas hace unos cortos minutos atrás.

Ese humo era tan carente de luz; demasiado tóxico para ser soportado por cualquier ser vivo, siendo la pena de muerte el solo hecho de acercarse a respirarlo.

Las llamas lo consumieron todo. Hubo demás explosiones a raíz del principal detonante. Por más de cuentas de explosiones hubiese, no era posible que esos destellos alumbrarán toda la pista.

Por la mitad del camino, donde la única fuente de luz eran las señalizaciones de la calle, algunas personas desde el interior del aeropuerto, estaban convencidos de haber visto una figura moverse dentro en la bruma negra.

Esta gente que logró observar tal echo a través de los paneles de cristales cuáles daban una vista general al exterior de las pistas, Rápidamente avisaron a las autoridades aeroportuarias, que alguien estaba deambulando por ellas.

Enseguida una patrullas con personal médico cargado encima, condujo a máxima velocidad, buscando asistir a esa dichosa extraña figura cuál habían reportado.

Un joven como una chica, cercanos al primer grupo de personas, escucharon los alaridos que aclamaban por asistencia, esto provocó un despertar de emociones dentro de sus cabezas.

Se dirigieron hasta la salida principal hacia el exterior; salieron para afuera, y efectivamente, existía una silueta caminante, saliendo de las llamas mientras él torrencial la golpeaba fuertemente.

—Se… Señorita…

—Akami…

 

NOXIOUS - CAPÍTULO 3.

 

Bajo dos kilómetros de profundidad, en el manto terrestre, seguían pasando sucesos inexplicables con tecnologías jamás reveladas ante los ojos del mundo.

Una organización al mando de producirlas y desarrollarlas en masa, para tener un avance armamentismo y estar un paso por delante al descomunal país, cual ocultaba a los demás países en la gigantesca sombra que proyectaba.

Ese muchacho de cabello blanco, piel pálida como ojos plateados, continuaba luchando contra la figura desgastada por el paso del tiempo de aquel hombre.

Incluso sus peleas podían llegar a durar jornadas enteras; asemejado como si una presa estuviera escapando de su depredador en cada uno de los ochenta y seis mil cuatrocientos segundos de un día.

Alguna de las heridas ocasionadas por su arduo entrenamiento, le ocasionaron cicatrices de considerables tamaños. Siendo la una persona que jamás le había puesto un dedo encima, ahora le tocaría cargaría cargar con esas marcas de su labor para el resto de su existencia.

Su hermana le daba palabras de aliento cada noche cual regresaba otra vez a la casa temporal, siendo para ella, una de las principales fuentes de miedo, el que él no atravesara cada ocaso la puerta.

Lo hacía por ella. Por su salud, dejándose la vida para asegurase un futuro lejano, donde ambos pudieran disfrutar una vida en paz, sanos y salvos de cualquier adversidad levantada en contra de ellos.

Tomaba decenas de pastillas, intentando aliviar los horribles dolores nocturnos que padecía. A veces, esas pastillas, le arrebataban todo tipo de sensibilidad, privándolo del sueño como perturbando algunos de sus sentidos.

Uno días atrás, después de repetir la rutina por largas semanas, consiguió acertarle un golpe a ese hombre, ocasionándole un profundo corte por debajo de párpado derecho.

Entonces fue que, en ese instante, su autoridad superior decidió culminar las extensas jornadas de práctica, regalándole un mísero descanso por un día. Suficiente tiempo para que armase un para volver a lastimarlo.

El hombre tenía una reunión estrategia pendiente con altos mandos del partido japonés como ejecutivos del Mikoyan Corp, aunque esto no evitó que él se desviara unos minutos antes para hablar con una persona ajena al asunto.

Aquel ahora a comida frita como de la cebada de bebidas alcohólicas invadían todos los receptores de gusto al igual que de olfato en los clientes presentes.

Levantó la jarra repleta de cerveza en su interior con la mano. Así pudo notar que estaba bebiendo demasiado cuando al bajarla, choca el vidrio contra otros que había acumulado encima de la mesa.

Con su otra mano, acercaba hasta su boca pequeños trozos de refinado salmón fileteado a la manera cuál más disfrutaba consumirlo, era preferencia del chef hacia

su figura importante para la casa.

Vacío el último recipiente; otro más que había pedido a la mesera hace apenas solo unos minutos atrás del otro. Luego de drenar todo el líquido, en el fondo del vaso enfocó directamente el rostro de esa mujer de apariencia pálida como tonos rojizos.

—Bien… ¿Qué querías hablar conmigo? —consulta la mujer.

—Me preguntó yo, como fuiste la única sobreviviste. Agota…

—Inclina la cabeza mientras lo mira fijamente—. ¿Sobrevivir? —reflexiona en voz alta.

Dejó de comer como de beber a gusto. Esa comida, con el devuelve de sus palabras, hicieron que la misma comenzara a saborizarse con pistas de amargor picante.

—¿Por qué cambió los planes a último momento? Quizás ese accidente no hubiera pasado.

—Ordenó otra cerveza—. Asuntos personales. Ya los resolví —devuelve.

—Me alegra oír eso. ¿Pero Hiromi es un asunto personal tuyo? —Cruza las piernas—.

—Me inquieta más que fueras la única en salir con vida de esa catástrofe. Perdimos a muchos hombres… Espero que no estés involucrada, Agora.

El estímulo más reconfortante que solía emitir su materia gris, era enviarles señales a los músculos de su boca, así los movería formando una pequeña sonrisa, observándolo directamente.

Desde la otra punta del reciento situado a cientos de metros bajo corteza terrestre, estaba preparándose mentalmente debido a la prueba final por los cual estuvieron preparándolo por meses.

A cada diez minutos que transcurrían, sumergía su rostro de lleno debajo del chorro de agua donde para su suerte, esta salía disparada con gran presión hacia los poros de la cara suya.

No había pastilla alguna capaz de calmarle aquellas sonrisas cual carcomía su consciencia desde hace días enteros. Necesitaba saber la verdadera naturaleza de la labor que estaría ejerciendo a partir de ahora.

Ese justo día, luego de que el sol se escondiera detrás del originar, sabría los motivos del sufrimiento vivido estos meses. Lo que ejercería para mantener a su hermana con vida el mayor tiempo posible.

Acariciaba su cabeza; pasaba delicadamente la yema de sus dedos por su cuero cabelludo, mientras una brida agradable entraba por las rendijas de la ventana entreabierta, moviendo las cortinas como las hojas de los árboles afuera, emitiendo aquel ruido barbitúrico.

Era cruel la misma existencia para ambos; como la creación del todo, parecía entregarles nuevos aires con altibajos para luego mejorar enormemente, y terminar recayendo de nuevo en aquella depresión que algunos humanos llamaban infelicidad.

Porque su pequeña hermana volvía a ser victimaria de ese mal. Del mismo tipo de anomalía que en numerosas ocasiones intimidó con arrebatarle su corta vida.

Volvía a estar los dos juntos en una sala de hospital, de nuevo al inicio, otra vez repitiéndose la misma rutina que de ser tan desgraciada, fue olvidada rápidamente de sus cabezas al recientemente estar conviviendo en paz como una familia normal.

Hace días atrás cayó en un estado de sueño profundo. Los mejores médicos militares del país atendieron su afección, aunque tampoco lograrían despertarla más que solo mantenerla viva respirando con signos vitales estables.

Le prometió en voz baja, trabajar arduamente sin descanso para curarla, mientras apoyaba su frente con la de ella, agarrándole su pequeña mano recubiertas de pecas por encima, con esas uñas largas y pintadas de negro.

Después de eso, miró el reloj pendiente de la pared. Había llegado a hora acordada donde un automóvil piloteado de rojo pasaría a recogerlo, mismo que ya se encontraba esperándolo en la puerta.

Se desplazó solo unos pocos metros hacia delante, apoyando las manos sobre la barandilla cual esta funcionaba de separador entre su materia y aquel túnel descomunalmente grande que divisaba delante suyo.

Le preguntó con su mirada al voltearse, donde ella, no emitió ninguna respuesta sonora como gestual hacia su inquietud. Insistió que siguiera su paso, a la vez que movía los pies continuando con la caminata por el corredor derecho.

Cuando pasaron a través de la puerta de cristal al final del pasillo, había grandes cantidades de equipamiento de peculiares estructuras que no lograba comprender, personas vestidas de blanco. Razonó estar en presencia en medio de un laboratorio.

Una persona de aspecto juvenil se había acercado directamente hacia ellos al instante de percatarse de la presencia de ambos. Entonces, procedió a reverenciarse a la mujer para después saludar sin más a su acompañante.

—Akami, está todo listo para iniciar las últimas pruebas. Lo pondremos en marcha por segunda vez —afirma sonriendo.

Quedaba una última revisión por atravesar; el sujeto, en cuestión de segundos, con una actitud muy pretenciosa, lo obligó a que se sentara en una silla de extraña apariencia.

Procedió a sacar diferentes tipos de herramientas de una caja, en especial, unas pinzas de plomo que sostenía con su mano dominante. Tomó tiempo después otro recipiente pero este no tenía el vidrio trasparente, sino que estaba teñido de un negro mate, impedimento a la luz atravesarla como salir de sus paredes.

De ahí mismo, pudo notar como un cristal asemejado a un diamante, brillaba con una intensidad de colores azulados que jamás hubiese pensado ver. Tal manifestación lo dejó paralizado algunos segundos, observando aquel espectáculo de luces y reflejos manifestarse al frente sus ojos.

Antes de seguir, el sujeto de bata, antes de continuar con cualquier procedimiento siguiente, locos en su boca un cubre boca, en sus manos dos pesados guantes pintados de gris, anteojos oscuros como un delantal cubriendo la totalidad de su pecho.

Cuidadosamente sacaba ese cristal misterioso de su contenedor; agarrándolo de punta con el alicate, así mantendría una cierta distancia entre su carne como el mineral radiante de un aura celeste al igual que azul.

El comportamiento del tipo desconocido, lo hacía inquietar más, junto a las medidas de seguridad que había tomado para coger ese mineral, hicieron que aumentara en gran medida la ansiedad que su pobre consciencia podría soportar.

Sosteniendo firmemente aquel instrumento con las manos, acortó las distancias entre este mismo al igual que los ojos del joven, donde movía la piedra preciosa alta espesor de sus ojos, repitiendo movimientos circulantes, para después pegarlo hasta casi rozar contra su iris.

Él, no distinguió nada más que la simple molestia visual ocasionada por la roca, pero distinguió un sabor dulce en la boca; al respirarlo, desprendió un hedor a metálico, percibiendo el rostro pesado pocos segundos después de mirar fijamente la luz emanada de su interior, por consecuencia casi vomitando.

Sin embargo, por fuera de sus ojos, esta misma luz irradiada, pareciera ser que comenzaba aspirarte hacia el interior de las cuencas oculares suyas, aumentaron la saturaron y brillos emanados por el trozo de cristal luminiscente.

—Se quita su indumentaria proyectora—. Está en condiciones —afirmó, mientras suspiró.

Se levantó con ansias de la silla cual lo apresaba fuertemente a ser sujeto de extraños comportamientos por esas personas que lo miraban de reojo, mientras balbuceaban desde lo lejos sobre él.

—Acerco su labia hasta el—. Soy Donoe, un placer conocernos. Estoy al mando de este laboratorio —Abre una lata de refresco—, y seré el encargado de instruirte para la misión que harás dentro de las próximas horas —hace saber.

—Reverencia—. El placer es mío pero ¿Que haré exactamente? —preguntó. Llevó meses esforzándome por un motivo que desconozco.

—Viajarás al pasado —Frena su discurso—, Sígueme por favor —Señala el túnel—, para matar a jerarcas Noxiouanos dentro de esa máquina.

No logro comprender a qué se refería exactamente. Dentro de la logia de cualquier ser humano racional, sus palabras arrojadas al aire carecerían de un enorme sentido. Nadie podría tomarse en serio una declaración de tal magnitud fantasiosa.

Su primera reacción después de escucharlo, fue concluir que estos tipos estaban burlándose de él. Largas jornadas de entrenamiento físico como mental, le habría devuelvo esas miradas al igual que risas burlonas, siendo acosado por cada una de las siluetas presentes.

—Si Hiromi. Lo dice en serio. Únicamente es la razón por la cual estas aquí —interrumpe Akami.

Era demasiada información penetrando profundo en el interior de su materia gris; cientos de pensamientos cuestionando la veracidad de lo oído, aunque sentir el dolor de sus uñas siendo encaradas en sus brazos por el mismo, desechaba toda posibilidad de estar experimentando un sueño lúcido.

De un instante para el otro, se percató que había estado unos minutos atrapado en el interior de sus pensamientos, a la vez que miraba fijo el mármol del suelo, desdibujando la realidad a través de sus dos órganos visuales.

Colgando, por encima de sus frentes atornillado a la pared, yacía un reloj construido al completo por piezas mecánicas, por ende, sería analógico su funcionamiento; estaría marcando una cuenta regresiva, mismos dígitos que serían iluminados por tubos de vacío con una brillante colocación roja.

—Estás bien? —preocupa. Necesito saber si eres capaz de iniciar el trabajo.

—Si… Es que estoy procesándolo. Me cuesta escuchar algo así, que pueda ser real. Todavía sigo dudándolo.

Delante suyo, le entrega de mano en mano una plantilla con diferentes tipos de rostros impresos en el papel. Cada retrato venía con sus respectivas leyendas, como demás datos de vital importancia así se le facilitaría dar con esos objetivos.

Estaba obligado a memorizar repentinamente aquellos nombres, caras, rasgos característicos de ellos al igual los de sus familiares y allegados. Cuestionó por un momento donde se encontraba parado; del porqué de estas cuestionables decisiones recaían en él.

De solo pensarlo se le revivía el estómago ocasionándole fuertes nauseas momentáneas. Todo su honor, acumulado estos últimos meses, habría sido manchado por las peticiones del papel sostenido en sus manos.

Empeñado en seguir mejorando para ser una persona la cual su hermana estuviera orgullosa, poniéndose a las alturas en las circunstancias para ser elegido en este nuevo trabajo, terminaron siendo simples manipulaciones para convertirlo en un desgraciado asesino.

—La paga —dice en voz baja.

—Se sorprende—. ¿La paga? ¿Te refieres a tu salario? —sonríe levemente—, no recibirás dinero.

Quedó puliendo el techo con su vista perdida, buscando que enfocar, evitando todo contacto visual contra sus opresores al sentirse alguien manipulable como usado.

—La salud de Hideyo será tu paga.

Pero justo en ese instante, luego de escuchar su comunicado, arrojó todo sentimiento de pesadez a la mierda; su iris se había achicado lo máximo posible, alertando a todos los poros de su piel que elevaran los pelos, pidiéndolos de punta. El corazón suyo iniciaba una marcha de latidos punzantes que llegaban agitar toda vena de su cuello como cabeza.

El aire de esa habitación, era mezclado con diferentes tipos de contaminantes, donde el principal compuesto, era el miedo junto a la furia emanada por todos. De esta manera, al estar demasiado cargando de polvo como cuanta suciedad hubiera, el suministro oxígeno cual respiraban sus pulmones, se había cortado secamente. No fue causado por un factor ambiental, era su propia mente reteniendo la mayoría de aquellos impulsos violentos por estar en esa situación.

Permanecía paralizado de solamente imaginarse lo que estás personas serían capaces de hacer con su familia, porque ella es la única parte de humanidad que lo aferraba a la cordura, liberándolo del mal que azotaba en cada rincón de su raciocinio, fuera de su presente mundo destruido.

—A partir de ahora, es importante que seas un elemento funcional. En caso de que no veamos progresos en tu misión, dejaremos de asistir a tu hermana.

Después de mantener por unos segundos la cabeza agachada en estado de animación suspendida, agarró un poco de coraje para dignarse mirarle a los ojos; algo notaba diferente en su vista. Ese choque de miradas le probaba una angustiosa considerable, sin embargo, a la vez luchaba contra ese impulso, quedándose en su lugar para controlarla.

—Ne… ¿Puedo salir a respirar un momento? —expresó nervioso.

Demasiadas alternativas no tenían más que ir a encerrarse en los baños debido a la estricta forma de segundas manejadas en un sitio como ese. Para su suerte, yacía en soledad, solo acompañado por el ruido blanco del extractor de aire.

Sorprendido quedó al sentir como detrás de él, se acciónala el mecanismo con ese sonido característico metálico; misma puerta que existía a espalda suya, hallase abriéndose desde su interior, no dándole demasiada importancia, esperando que el tipo quien fuera siguiera su camino.

Giró la mano, desbloqueando el paso de agua en la camilla, así, sumergió enteramente su rostro bajo el chorro de agua helada, aguantando unos segundos sin respirar, lograría quitarse un poco de la hinchazón por haberse estresado como nunca antes.

Cuando levantó la mirada, salpicó de gotas casi la totalidad del gran espejo puesto delante de él. Esas mismas perturbaciones líquidas pegadas al vidrio, le dificultaron observar con claridad a la persona parada por detrás de su espinazo.

—Detiene su andar—. Oh, eres tú platita…

Esto alteró más su consciencia provocando que girara su cuerpo rápido, viendo que la misma cara que se encontraba reconociéndolo en ese lugar desolado, era el compañero de casa que estuvo conviviendo con él estos últimos meses.

—Se dirige hasta el lavado—. Te dije que renunciaras cuando tenías la oportunidad. —Enjuaga sus manos—. Mi mejor amigo aplico al trabajo. No lo pudo aportar. —Seca sus dedos—. Escapó de aquí. Terminó suicidándose antes de que lo atrapasen.

Inexistente respuesta recibió de la otra parte respecto ante tales dichos. Para ese momento, la escasez de cordura de él, estaba bailando por encima del razonamiento, deformando cada tipo de sentimiento imaginado por su cabeza.

—No esperaba verte aquí. —Volteo a mirarlo—. Si te dejará solo en el baño, quizás termines suicidándote. Por eso ahora que te encontré, tengo la obligación de llevarte con ellos.

Esos choques de miradas junto a la atención cual se oían uno al otro, provocó una escalada de tensión percibida en el ambiente. Tal vez esas provocaciones serían el detonante de una desgracia oculta dentro de cuatro paredes.

—Arruga su cara, apretando los dientes—. Todavía estás a tiempo de renunciar. En ese tacho, suele haber trozos de vidrio —señala. Si pudiera en ese momento, le hubiera ofrecido lo mismo a mi amigo. Es el gesto más humano que puedo tener.

—Cállate por favor… Llévame de regreso de una vez. Tampoco intentes limpiar tu consciencia conmigo —termina.

Artículo movimientos de músculos en sus piernas para volver iniciar el andar de vuelta aquella habituación blanca, cristalina, repleta de equipamiento de laboratorio como personal mismamente.

Antes de salir por la puerta, se seguro de chocarle el hombro. No fue tan desagradable de hacerlo con fuerza violenta, sino que mostró su disconformidad ante las barbaridades que salieron de su aparato fonador.

Cuando salió por la puerta, se quedó esperándolo afuera del baño, esperándolo para ir juntos de regreso a la sala. Enseguida, las luces del corredor se apagaron repentinamente, volviendo en un tono de coloración roja, pudiéndose un leve pitido adormecedor por todas partes.

Dentro del baño todavía, se mantuvo parado firmemente; agarrándose con la mano el hombro donde lo habían chocado con vigor, sentía como el calor del golpe disminuía con el paso de los segundos.

Debido al repentino corte de luz en el recinto, por encima de su cabeza iluminaba débilmente la luz de emergencia del baño colocada por encima del espejo.

Volteo un poco la mirada hacia la izquierda para terminar chocándose contra su propio reflejo. Aquella culpa carcomiéndole la psiquis, se había materializado en una criatura con forma demoniaca sentada justo en él inodoro proyectado al costado suyo.

Primero reaccionó observando a la aberración fijamente, buscando comprender la verdadera naturaleza de su manifestación. No hubo movimiento o comunicación alguna entre ambos culpa de haberse esfumado velozmente tras visualizarla por unos segundos.

Sus ojos no decían de derramar sal en cantidades sorprendentes, a la vez que repetidas veces, salpicaba agua de la camilla de frente a su rostro, intentando quitarse es estado, donde se encontraba delirando a culpa de la oscuridad del baño.

—Que… aquí afuera —le preguntó, sorprendido.

—Me encontraste, ahora llévame de regreso. Haré como que nada pasó ahí dentro. —Concede el paso—. Camina. Yo te sigo.

—Eres un enfermo de mierda, deberías hacerte ver la cabeza —dice en voz alta, aunque después piensa en su mente; Si. Es tan estúpido e impulsivo como él.

Como si de nada entre ellos hubiera pasado, donde aparentaban que no existió comunicación alguna en el interior del baño, volvían andando por esos corredores teñidos de rojo. Preguntó del porqué de está iluminación, aunque fue devuelto con un simple desconocimiento.

Al momento de que pasaron por la puerta, fueron recibidos con suma importancia, con esas miradas acosadoras desde lejos, admirando de una forma si coraje. Llegaba la hora de realizar los últimos preparativos para poner en marcha su nueva labor. Los dígitos analógicos del reloj, marcaban tan solo una media hora corriente para culminar su cuenta regresiva. Imaginó que ese relojero, sería el responsable de aquel protocolo luminiscente.

Creyó que únicamente era un fenómeno aislado dentro de esas instalaciones, sin embargo, por fuera de este, en toda la cúpula de hormigón negro y acero, las luces se habían vuelto trasformado de misma manera, reduciéndose significativamente el rango de visión por todas partes.

Las personas dentro de Cisne negro, en casas o negocios, comenzaron a ser víctimas de la escasez en algunos servicios básicos como electricidad al igual que el oxígeno y agua. Repentinamente, se había afectado su suministro normativo, ocasionado cierta comisión en la población pero acostumbrados a estos tipo de fenómenos.

—Necesitas saber el funcionamiento de la máquina. Retén la información lo mejor que puedas porque dentro de ella, no podrás comunicarte con el centro de control —le hizo entender el joven de bata blanca.

Luego de pronunciarse, le Invitó que lo acompañase hacia el otro sector más apartado del centro. En una mesa apartada, yacían maquetaciones y diferentes tipos de pantallas como hojas con extensa información acerca de las características del equipo utilizado en todos los sectores del lugar.

Lo primero que pudo llegar a visualizar, que, principalmente, llamaba la atención de toda persona ajena a ese lugar, era exclusivamente la representación escala uno a uno de esa máquina, la misma que usaría para viajar al pasado, o es lo que le afirmaban con gran confianza puestas en las palabras de los sujeto cuál lo tenían cautivo.

—Ingresa dentro del aparato—. ¿Por qué no podré comunicarme dentro de esto? —indaga.

Apoyando el brazo contra la puerta de la máquina, reposando por completo el peso de su cuerpo en la estructura, se acercó un poco a él, buscando que lo pudiera escuchar lo más nítido posible ante el alboroto del alrededor.

Seguido, una compañera de equipo del joven, estaba observándolos desde hace tiempo. Levantó un poco la mirada Pat notar que estaban cerca de ella. Toma la iniciativa, dirigiéndose hacia ellos, buscando de una forma unirse a la conversación de uno y el otro.

—Esta cosa —Desliza sus manos en el chasis—, necesita cantidades exorbitantes de energía para intentar rozar la velocidad de la Luz, aunque no estoy seguro si llegaremos a lograrlo.

Por detrás de su espina, nota como unas uñas delgadas al igual que largas, comenzaban a deslizarse, ascendiendo por si columna vertebral hasta terminado tocando contra la nuca.

—Te preguntó el motivó por qué no se podrá comunicar, no si lo pondrás dentro de un acelerador de partículas —interrumpió la mujer.

Aquella sensación táctil, elevándose por su espalda, provocó que los pelos se le pusieran en punta; sintiendo un desagradable escalofrío recorriendo todo su cuerpo.

—Eso… ¡Estaba respondiéndole! —Continuó; el túnel a nuestro costado es una cámara de vacío; en cada metro de él, hay imanes más masivos que está habitación. Cuando pasemos esas cantidades abísmales de corriente eléctrica por los imanes, generaremos un campo electromagnético necesario para acelerarte. —afirmo.

—Das muchas vueltas para explicar algo sencillo —remata. Por culpa del campo electromagnético dentro del túnel de vacío, —Apunta—, no llegara señal alguna para comunicarnos.

Bruscamente, sus rostros cambiaron de gesticulación, arrugándose y cerrando la boca. La mayoría de cosas cuáles venía charlando, solo eran una mínima parte del trasfondo ocultista del asunto.

—Mira el reloj en su mano—. Se acabó la plática. Tenemos que iniciar la misión ahora mismo —demandó.

—Dios salve tú vida chica —Retirándose, dijo.

Entonces entendió el verdadero motivo detrás de todo alboroto presente dentro como al igual que fuera del edificio. Estaban reservando como direccionando toda fuente de electricidad hacia la maquinaria que haría posible mover la masa material de la cápsula, con una aceleración jamás presencia de un objeto construido por el hombre.

—Alimentamos la totalidad del sistema con varios reactores de fisión nuclear. Imagínate si llegara a pasar el mínimo error, desaparecía la mitad de esta montaña —riéndose a carcajadas, arroja.

Frenó su tono humorístico por un momento para comunicarles, que, en esta ocasión, él estaba siendo el primer ser humano puesto dentro de la máquina por primera vez en la historia de la humanidad.

Los demás sujetos de prueba terminaban por morir en extrañas circunstancias debido a las anomalías presentes durante los periodos de prueba con aquella energía maldita.

Japón había sido uno de los primeros países capaces de manipular primitivamente un nuevo campo de la materia, conocida como Energías Noxiouas; unas fuerzas de naturaleza universal. Tan antiguas como el universo mismo, presentes en todos los estados de la materia.

Aunque con el paso de las décadas, varias naciones tenían este concepto de energía teóricamente pero con las limitaciones tecnológicas de aquellos años, resultaba imposible desarrollarla al igual que descubrir su verdadera fuente de origen.

No únicamente era una fuente infinita de recursos; su mismo poder, cuando se lograba manifestar en un fenómeno físico o estar expuesto a ella sin saberlo, podía llegar a ser mortal para los seres vivos. Estas circunstancias dificultaron enormemente por décadas descubrir su estudio y descubrimiento.

Con los humanos pasaba una anomalía sin precedentes, afectando la salud mental y física de los ingenuos qué cometieran la dicha de intentar manipular su naturaleza sin control, como si al parecer actuara como un ser vivo con consciencia, resguardándose contra los curiosos que buscaban dominarla.

Esta sería la principal fuente de energía que impulsaría hacia el pasado la vida de Hiromi. Los sujetos de prueba anteriores a él, culminaban por morir violentamente, donde sus cuerpos terminaban por explotar violentamente dentro de la cápsula, al ser expuesto a estas monstruosas cantidades de energía.

Mayoría de los científicos que trabajaron dentro de esas instalaciones, estuvieron dejando su vida por este proyecto oculto ultra clasificado, ante espaldas de población Nipona al igual que el resto del mundo entero. Ellos mismo teorizaban que Hiromi correría la misma suerte que las anteriores ratas de laboratorio.

Misma razón por la que toda persona bajo tierra allí, aguardaban el inicio de puesta en marcha de la máquina, donde se demostraría si durante década este desarrollo de tecnología sería en vano o por primera vez darían el resultado esperado por las poderosas entidades quienes controlaban aquellas instalaciones.

Se había acabado el tiempo; al momento de que los dígitos del reloj llegaran a su fin, marcando las doce de la noche, Akami tendría que levantar el teléfono de su oficina, donde llamaría a estas autoridades, comunicándole el éxito de la misión. De no ser así, estarían la vida de todo el personal, dentro de esa sala en peligro.

El traje de extraña apariencia que le habían otorgado anteriormente, poseía una tonalidad blanco y negro en su totalidad; por detrás albergada orificios cuáles parecían ser conductos para unas mangueras del mismo modo en los brazos como pies.

Cada mirada ansiosa puesta en el cronómetro, aceleraba cualquier latido, valiente de por si de quién tuviese el valor de divisarlo repetidas veces. Algunos se predisponían a dirigirse a su puesto de control, donde observarían todo minuciosamente.

Otros acudían a los rezos religiosos. En numerosos templos de Japón, hasta incluso en diferentes partes del mundo, existía alguna alma solicitando la bendición de cualquier Dios dispuestos a escuchar sus peticiones de bendición como también de salvedad ante la inminente puesta en marcha de aquella máquina.

Aunque debajo de esa ciudad subterránea, la climatización del ambiente daba indicios de buena prosperidad, dos kilómetros por encima de sus cabezas, en la superficie, un tifón estaba golpeando la prefectura de Sapporo.

Estas numerosas personas, refugiadas en la fe, intentaban despejar el mal presagio manifestado por la naturaleza, misma que había marcado el contraste entre la entre la tierra y lo subterráneo, manifestando su furia por los alrededores del perímetro del Mikoyan Corp.

La construcción del túnel, cubría una gran superficie de la montaña; este recorría por siete kilómetros dándole una vuelta completa a la formación rocosa que alcanzaba una altura de (insertar alguna de la montaña).

Aquel círculo rodeando la montaña, sería la distancia suficiente para impulsar la cápsula que le permitirá viajar al pasado, haciendo que su materia alcance velocidades inimaginables por una consciencia humana.

Por eso, esta prueba no sería como las anteriores realizadas; absolutamente todo sería llevado al máximo como especulaban aquellas mentes detrás de este surrealista proyecto por años desde un principio. Más que nadie, estos científicos como ingenieros, conocían los peligros de llevar al límite el sistema que permitiría impulsar a tales velocidades la nave.

Los encargados de proporcionan dicha propulsión serían tres reactores de fusión nuclear encendidos en simultáneo. Solo así podrían lograr alcanzar la demanda de energía suficiente para acelerar una materia a esas velocidades pero otras mentes del ambiento, estaban totalmente en contra de ponerla en marcha, afirmando que tales cantidades de energía ocasionarían una explosión capaz de desaparecer la montaña entera.

—En la cápsula tendrás todo lo que necesitas; comida, municiones pero lo importante, información de tus objetivos. Donde estarán y como podrás eliminarlos —dijo Akami, marchándose hacia su oficina.

Salió por la misma puerta que había usado anteriormente para entrar en la sala. Justo a la salida, estaba esperándolo ese hombre maduro, bebiendo y fumando como le

era de costumbre. Detuvo su andar, alargando su brazo como barrera, evitando así que siguiera caminando.

No tuvo pudor alguno acercando su boca hacia el odio de él, emanando el olor característico suyo de Whisky como ceniza. Los demás presentes que estaban acompañándolo hacia la cápsula, se les fue imposible distinguir las palabras que sus labios articularon. Seguido de otro sorbo a la cantimplora, procedería a marcharse del camino, dejándolo tranquilo.

Uno de los guardias insistió que siguiera caminando, empujándole el cuerpo con la culata de su rifle. Tan unos cuantos metros en línea recta, bastaron para que se topara de lleno contra una puerta de extraña envergadura, diferente a las anteriores que había visto.

Esta entrada se encontraba llena de cables por doquier saliendo y entrando hacia el interior del túnel. Se notaba sellada por capas de acero como diferentes tipos de materiales aislantes pero los tamaños de esos materiales asemejaban a una formación peculiar del pasadizo, donde al momento cual la abrieron, daba a otra cámara de presurización.

La única persona parada dentro de esa reclusa era Hiromi, dichas instrucciones fueron dadas por los altavoces que yacían dentro. Tendría que esperar el estimado de una hora para terminar aquel proceso donde estarían adaptado su cuerpo entre las diferencias de presiones existentes del túnel como del exterior. Proceso que tardó treinta site minutos.

Hace algunos minutos atrás había al inicio de la despresurización, comenzado a percibir un leve mareo, sintiendo falta de aire, también visión borrosa, aunque tranquilizaron su angustia afirmándole que aquellos síntomas serían normales. En el caso de que empeoraran, dentro de la nave abría un kit con medicamentos para ayudarlo con los males.

—Escucha con atención; lee con atención la plantilla y marca los pasos hechos ¿Entiendes? —ordenó el altavoz. Si algo sale mal no toques nada cuando cortemos la corriente, repito, no toques nada.

Escuchó unos sonidos chirriantes, el responsable eran los engranajes al igual que la corriente fluyendo en él mecanismos cuál estaba permitiendo abrir el obstáculo que lo separaba de entrar en la cápsula.

Acomodó su cuerpo sentando en el adviento. Primero, priorizó colocarse los cinco cinturones de seguridad que tenía, seguido, cerró la puerta de la nave, haciendo una señal con la mano indicando su cierre correcto a la cámara dentro de la cabina.

Por arriba, encajada en el techo, se encontraba la planilla resguardada en una caja trasparente de acrílico. Torpemente por culpa de los guantes que dificultaban la tarea de sacarla, consiguió tomarla, leyendo el contenido que estaba escrito en ella.

El primer párrafo escrito en tinta impresa era; una vez cerrada la puerta, apretar el botón con el icono de puerta, debajo de la línea de leds. Asegurarse de escuchar el clic del seguro, y observar que él led del botón de puerta se haya puesto color verde.

Ese mismo indicador de coloración verdosa, daría el inicio de la cuenta regresiva con propósito de poner en marcha los reactores de fisión nuclear, encargados de generar aquel campo electrodoméstico.

Sin que fuera consciente, la nave empezó a levitar unos sentimientos en el aire, separándose casi al completo del suelo. Para su mala suerte, justo al mismo tiempo, las náuseas volvían atacarlo perjudicarle el juicio. Aunque todavía no había terminado la labor; quedaban ciertos pasos vitales anteriormente de la puesta en partida de la cápsula.

Aquel paso dos de la planilla, remarcaba la impotencia en conectar los ductos del traje a las mangueras de la cabina antes de que se iniciara la aceleración. Solo así fue noto que el piloto cuál tenía puesto se había encajado con gran fuerza a la figura de su cuerpo.

Continuaba la rutina; seguir el paso escrito en la hoja, tacharlo, presionar el botón dibujado con la misma figura de la acción realizada, esperar a que la luz cambiara de color marcando el permiso para realizar el siguiente acto. Así estuvo por largos minutos obedeciendo a las indicaciones de la planilla.

Por la parte izquierda, arriba de su mano, el tablero iluminado con largas tiras de leds como a su vez de botones, ahora sus luces, reflejaban hondas de tono completamente verdes, remarcando así el buen presagio para poner en marcha toda la maquinaria.

Para este punto se hallaba enteramente aislado del exterior; incomunicado, aunque estando pendiente en cosas que sucedieran a su alrededor ya que todo el trabajo restante dependía de la capacitación total de los ingenieros responsables en la cámara de control principal.

Aquellos focos que iluminan la gran parte del túnel, dejaron de recibir corriente eléctrica, envolviendo la atmósfera del sitio en una completa oscuridad resultándose imposible distinguir cualquier cosa por fuera de la cabina. Esta sustancia de luz vino acompañada con una sensación extraña; cuál percibe estar subiendo al igual bajando de un ascensor. Esa misma presión experimentaba moviendo su columna vertebral.

Esta desagradable sensación agitando su cuerpo lo hubiera hecho vomitar ahí mismo de no ser gracias a que desvió su atención nuevamente hacia el túnel; a los costados dos costados de las paredes, misma altura que la cabina, estaban encendidos focos rojos, generando un trazo infinito de puntos rojizos perdiéndose a lo lejos en la inmensa y agobiante oscuridad.

También nota que el piso había desaparecido, o es la imagen suyo ojos suyos devolvían a su cerbero. El único ruido que podía escuchar eran los latidos de su corazón acelerado como él mimos fluir de su sangre. Un silencio devorador buscando cualquier decibel para atenuar su energía.

Escuchó una voz repentina salir de las bocinas del interior de la cápsula. Dicha información regalaba que el personal dentro de la cabina se alejara, también no tocara las puertas de la nave durante el periodo de arranque. De ignorar esta advertencia, existía la posibilidad de recibir una descarga eléctrica lo suficientemente fuerte para desintegrar a un adulto.

Después del aviso, comenzó a distinguir otra fuente de claridad en el exterior de la cápsula; un plasma recorría la totalidad de la estructura, envolviéndola dentro de un remolino cuya energía generó un calor y resplandor azulado, espectáculo abrumador que lo dejó hipnotizado.

Ahora percibía un pequeño empujón tirándolo hacia el interior del adviento, fuerza de atracción iría aumentando de intensidad a medida que la cápsula tomaba velocidad. Únicamente se percató de esto gracias a que las luces de fuera se iban deformando en el exterior la ventana delantera.

Estaba dándose marcha aquella secuencia donde para las sociedades al igual que las organizaciones anónimas que la componían, habían estado en vela esperando algún resultado favorecedor. Era un punto de no retorno hacia un desconocido mundo inimaginable en cualquier mente.

Pasaban los segundos y el velocímetro aumentaba significativamente la velocidad alcanza, cifra reflejada con una pantalla digital, de modo que, de un segundo para el otro, dejó de distinguir la oscuridad que abrazaba el entrono por fuera de la cápsula.

Estas mismas luces colocadas un par a la otra en el túnel, ahora se habían vuelvo una sola línea perfecta que recorría la totalidad del pasadizo, formando una ilusión de tal forma que pareciera estar iluminado por completo el túnel.

Al estar acelerándose a velocidades extremas, la materia que componía su alrededor, las partículas de luz principalmente, comenzarían a deformarse, aunque anterior a esa ausencia de luz, daba la apariencia de estar flotando en el sombrío vacío espacial.

Todo se tornaba de una vívida coloración roja; ya no podía distinguir el exterior de la nave debido a deformación espacio tiempo. Era asemejado como si de reporte hubieran prendido a la máxima potencia todas las luces del lugar con ese filtro característico rojizo.

Los leds de la cabina comenzarían a mostrar diferentes tipos de alertas, principalmente una señalización de suma importancia; advirtiendo que se estaba llegando al límite de velocidad, acercándose al punto de no retorno, donde los científicos llamearían a esta fase como «Horizonte de garganta temporal».

Seguido de estas advertencias, la nave comenzaría a temblar violentamente en todas direcciones; ahora un plasma azulado estaría envolviéndose alrededor de la cápsula, pudiendo él sentir aquel inmenso calor que desprendía este, atravesando las capas de proyección térmica recubriendo el latón del esqueleto.

Ese rayo de energía, atravesó penetrando por completo el compartimento aislado, dividiéndose en dos partes, donde cada una de las puntas, entraría directamente por los ojos de Hiromi, estallando en una descontrolada expulsión de colores rojizos como azulados.

Aquella corriente entrando por sus cuencas, pasaron a trasladarse por todo el resto de su cuerpo, dejando ver a simple vista, por unos segundos, sus venas, arterias, huecos como órganos desde el exterior, ejerciendo un resplandor tan notable, cuál la cápsula tomó la forma de una bola de fuego mudada de azul, era la viva forma de una estrella.

—¿Una bola de fuego?

—¡Sí papá te juro cayó del cielo cerca del campo de trigo! Fui corriendo a ver qué era y dentro de una cosa estaba el chico —afirmó, el joven campesino.

—Quizás es un piloto. Habrán derribaron su avión. Aunque tampoco tiene uniforme militar —reflexiona en su mente el hombre.

Ante esta situación, él masculino estaba aferrado a la idea de sacarlo fuera de su casa, temiendo por el peligro que este supondría resguardarlo.

Por otra parte, el niño se mostraba totalmente en contra de los deseos del padre; se encontraba más preocupado por la vida del extraño que la de ellos mismos. Por esto comenzaría a discutidor acerca de qué hacer con su cuerpo.

En su ignorancia, el pequeño, creía que aquella bola de fuego que descendió desde las nubes, era una manifestación divina. Un ángel caído a la mundanalidad de la tierra, porque su apariencia física armoniosa, le daban rasgos dignos de una deidad.

Culpa del inminente estrello de la cápsula contra el suelo, ocasionando una onda de choque cual se pudo oír a setecientos kilómetros a la redonda, dejando una marca de humo en el firmamento cual se podría usar para determinar la trayectoria de impacto, comenzaría a lloviznar.

—Una estrella…

—¿Disculpe jovencito Hiromi, tiene algo que decir? Lo veo distraído en clases.

El brillo que emanaban sus iris, de un momento para el otro, se habían esfumado repentinamente al escuchar el llamado de atención de su profesora, volviendo del transe donde se encontraba atrapado deslumbrando una figura en el cielo.

—Lo siento señorita. Me quede mirando el cometa en el cielo —apunta por fuera de la ventana—.

Todos los niños en el salón fueron corriendo hasta la ventana para mirar lo que sus labios habían descrito, sin embargo, allí en el firmamento no se hallaba ninguna materia más que las nubes anunciando una tormenta.

Esos niños pequeños comenzarían a burlarse de él diciéndole palabras que dañaban su orgullo inocente, llenándose de una profunda vergüenza por dentro, misma que lo obligó a cubrirse la cara con las manos.

—¡Basta niños! Ya empezamos con la clase de historia. Hoy empezamos un nuevo tema. El título es; el objeto perdido por la humanidad, el Noxious.

Prontamente, su compañero de toda su corta vida, al verlo tan desanimado por la situación, se había acercado hasta su banco para devolverle de nuevo el brillo a sus ojos.

—¿Hiro en verdad había un cometa?

—¡Te lo juro que sí! Lo vi allí arriba —señala.

Mientras la charla de ellos continuaba, de fondo el profesor comenzó a escribir cientos de palabras en la pizarra, donde culminaría esta escritura con un dibujo; este ilustraba la silueta de un libro.

—A lo largo de la historia de la humanidad se ha buscado y descubierto partes de un artefacto perdido. El Noxious. —Procede a seguir escribiendo—, Todavía no se descubre su origen, o lo que es. Algunos piensan que es un libro con los misteriosos del universo. Otros creen es un arma, tal vez portal hacía otra dimensión.

Esas caras inocentes, escuchaban con suma fascinación las palabras del profesor porque estaba planteando la existencia de un objeto con propiedades mágicas, casi parecido a sus héroes de ficción.

—Un niño levantó la mano—. ¡Profesor! ¿En verdad existió Shinouge?

El adulto quedó impactado ante tal hipótesis propuesta por tan sólo un niño de corta edad. Tal fue el su asombro, que dejó de escribir, colocando la fibra sobre el escritorio.

—Se quita los anteojos—. Me sorprende lo adelantando que estás —reconoció. Se cree que Shinouge es la deidad protectora del Noxious. Parecido a la figura de Jesucristo; fue una persona real, aunque se cuestiona su sobrenaturalidad —educó.

Mientras tanto la clase continuaba, él seguía mirando por afuera de la ventana hacia los cielos, tratando de visualizar otra vez la estelar figura que había visto hace nos minutos atrás.

—¡La estrella! —gritó, levantándose de su sueño.

El granjero adulto como su hijo pequeño al ser testigo de cómo aquel cuerpo se postró por encima de la mesa, sentirían un verdadero pudor ante tal escena, ya que pensaban que yacía muerto.

Devolvió él reaccionar metiendo un cartucho de escopeta al cañón de la misma, lo más rápido que le permitieron sus dedos gruesos manchados con aceite de motor y tierra.

Levantó el cañón; posando la mirilla de hierro al pecho del joven, con su dedo en el gatillo, listo para dispararle a la más mínima desobediencia de sus alaridos.

Aunque con las palabras no lograban entender. Hicieron articular señales y sonidos para que llegaran a entenderse un poco.

—¡No vine para robarles! ¿Dónde estoy?

Tampoco sirvieron sus intentos de comunicación. El hombre no lograba entenderle una sola palabra, haciendo que la tensión aumentara.

—Agitaba los brazos—. ¿Quieren dinero? ¡No tengo! —elevó la voz, hablando ahora Sixaounio.

De pronto, golpes con sumo virgo se percibieron por fuera de la entrada delantera de la casa. Estos portazos venían acompañados de gritos en un idioma que no lograban entender.

Cada entre segundo le suponía una estresante carga para sus extremidades como pulmones. Aumentaba la exigencia de sus piernas cada vez que escuchaba los disparaos detrás de suyo al igual que aquellos silbidos característicos de los proyectiles rozando por al lado de él.

Las distancias entre la maleza parecían ser interminable luego de estar por minutos corriendo en dirección recta. Ese tiempo, se había vuelto una eternidad dentro de su cabeza, desesperándose al encontrarse perdido dentro de ese laberinto sin final.

De nuevo volvía a escuchar los petardazos de los disparos, esto siendo acompañados de ladridos de perros, donde cada vez, los percibía más cerca, emoción que le ocasionó aumentar la velocidad con la cual venía huyendo, llevándose por delante las afiladas hojas de trigo y demás matorrales en el camino.

Por dicha del horizonte, logró divisar como se despejaba la plantación a los lejos, siendo ese umbral encandilante por la luz del fondo, cual conseguía colocarse a través de las ramas, separando así la finalización como el inicio del campo de trigo.

Su brazo estirado fue lo primero que consiguió atravesar ese umbral. Culpa de su velocidad al igual que desesperación, no alcanzó frenar a tiempo, casi resbalándose en precipicio. Solamente reaccionó a tiempo para sujetarse de un tubo de metal que sobresalía de la tierra.

En aquel estado de euforia, jamás imaginó toparse con un cuerpo de agua al finalizar el camino. A su vez era imposible que observara la profundidad del agua, culpa del sedimento que se había levantado al desprenderse parte de la pequeña cornisa en la que estaba sosteniéndose.

Los perros para ese momento, lo alcanzarían. Con una gran rabia intentaban arrancar su brazo sujeto al trozo de metal. Uno de los caninos consiguió perforarle la parte superior de la mano indicándole los dientes. Estaba claro que no resistiría otro ataque como ese, porque mientras se le escurría la sangre por su extremidad, comenzaba a perder fuerza de agarre.

Esperó la oportunidad adonde el animal se atreviera acercarse lo suficiente. Tomó una raíz que colgaba en la pared de tierra, golpeándole el hocico provocando que lo muerda firmemente. ¡Ese fue el momento perfecto cual tiró hacia abajo la rama sujeta en sus fauces, volteando al perro en caída libre hacia la laguna debajo de ellos, usando su cuerpo para amortiguar la caída!

El agua se chisporroteó hacia todos lados. Aquel animal que usó de escudo, lo perdió de vista luego del aterrizaje, porque sus aguas no eran tan profundas, pero tampoco eran nada playo ya que parte de su cuerpo se encontraba sumergido.

Nadó con la mayor desesperación, lo más rápido que pudo hasta tocar la orilla de la laguna. Tose violentamente el agua que accidentalmente había tragado, notando al poner sus manos sobre la tierra firme, como el rastro de sangre teñía la arena de color rojo.

Agitado, intentaba controlar su respiración. Aún no podía detenerse a descansar. Todavía lo seguían buscando esos hombres armados de quienes desconocía sus intenciones o la razón de sus acciones.

Exhausto con pocas fuerzas, levantó la mirada para visualizar delante de sus ojos una figura borrosa; cuando logró enfocarla a la perfección, era el cañón de una pistola de extraña apariencia. La única reacción que le dio tiempo de efectuar, hizo que se quedara paralizado ante el miedo.

Hasta la misma brisa había dejado de circular por los alrededores de los dos hombres. El mismo escenario donde él se encontraba suplicando por su vida, mudo, con los ojos clavados fijamente al visor de la masacra de gas del sujeto armado.

Ya no tenía escapatoria. Débil y lastimado a consecuencia de la caía cual pareció no ser tan problemática desde un inicio. Culpa de la euforia de la persecución, ignoró las heridas que estuvo arrastrando todo el camino, porque cada jadeo que emitía, dificultándosele el respirar, lo dejaba al borde del desmayo.

El uniformado llevaba una vestimenta tan llamativa como intimidante, que no había observado algo semejante a eso en toda su vida; sus botas pesadas de color negro, misma tonalidad que compartida cada una de las prendas ajustadas a su figura, generando así una a atmósfera aterradora a su alrededor como mismamente su pantalón largo y chaqueta recubiertas por un abrigo enorme. Esa combinación de colores lo volvían la principal figura del lugar, contrarrestando de los tonos grisáceos del ambiente tormentoso.

Ese tipo, elevó unos centímetros su brazo estirado, acomodando la postura con ese esfuerzo. Con la otra mano, ejerció una fuerza de fricción contra la parte trasera del cuerpo metálico cual sostenía con la otra. Entonces uno de sus dedos se movió hacia arriba, accionando el mecanismo que le permitiría cumplir con su labor.

Por encima del cañón del revólver, una anomia llamó su atención completamente; un poco de nieve se posó delante de sus ojos. Ambos hombres miraron con atención este fenómeno. La sensación termina comenzó a descender mientras lloviznaba más nieve cada segundo transcurrido, congelándose casi el agua donde tenía sumergido la totalidad de sus piernas.

—¿Escuchaste eso… Acaso…? —inquietó, un soldado.

—Voltea hacia atrás—. Si. Espero que sea nuestro.

—Debe serlo. Sonó a nueve milímetros.

—Apenas puedes sostener un rifle y ¿Ahora eres expertos en armas? —burla.

—Chúpamela. Reconocía ese sonido en cualquier lugar.

Otro chico, de unos aparente veinte años de edad, venía corriendo, alborotado con suma prisa hasta donde se encontraba estos dos hablando, interrumpió la charla que tenían.

—¡Oigan chico, hay mucho trabajo y el capitán dijo que me ayuden de urgencia! —sin aliento, soltó.

—¡Pero cálmate te va a dar un infarto! ¿Qué pasó ahora?

—Intenta recuperar el aliento sentándose en la tierra—. Tenemos que llevar tres infectados al pueblo… Después cargar una carreta con cuerpo hasta el campo… ¡Ahora mismo! —informó.

—¡Está bien! Tranquilízate por Dios…

Levantaron el campamento improvisado cual habían construido para tomar un descanso. Comieron a la vez que bebieron las últimas sobras de provisiones. Uno de ellos alertó a los demás que usaran la máscara protectora, aunque solo recibió quejas aclamándole que estaba exagerando su preocupación por el grupo.

Llegaron al lugar indicado dada por su superior; ni más ni menos que el hogar de los campesinos granjeros. Los cadáveres que el traslado, yacían en el interior de la vivienda, desprendiendo un hediondo olor que se o pregonaba hasta en lo más profundo de las focas nasales como también en la ropa.

Entre sus brazos cargaron el cuerpo de un niño como el de su padre que se encontraba justo a su lado hasta la parte delantera de la casa, sin embargo, con el adulto tuvieron que utilizar otro método para trasladar con su peso porque aquel adulto debió pesar más que los tres jóvenes juntos.

Anteriormente después de llegar a la inmediación, recibieron la orden de ir a buscar una carretilla por el galpón situado solo a unos metros detrás de la casa. Con sumo esfuerzo, cargaron ambos cadáveres dentro de ella, tapando el contenido de esta con hojas de paja y demás telas que arrancaron de diferentes lugares.

Por el sendero se hallaban varios tramos del camino recubiertos enteramente de lodo como también de agua podrida. Este trayecto lo recorrerían por largas cuadras que parecían ser interminables. A lo lejos vieron parado una silueta haciéndoles señales con su mano derecha apuntada al cielo.

—Está en el agua. Llévenlo con cuidado a este —señala.

Ahora otra masa más aumentaba el volumen de la carreta. El haber movido sus estropeadas ruedas por ese terreno pantanoso, hizo que fuera todo un hito para ellos, dándose el apoyo moral entre sus conciencias para llegar a destino.

En el horizonte se dibujaban aquellas casas que componían la pequeña infraestructura del pueblo, donde una vez que ingresaron en sus alrededores, se detuvieron en le plaza central esperando nuevas órdenes sobre qué hacer con los cuerpos.

—Oigan… Tengo una idea pero necesito que estén conmigo en esta…

—¿Ya vas a salir con tus mierdas? —inquietó.

—¡¿Ves?! Por eso todas las mujeres te ignoran… ¡Porque siempre tienes miedo a todo!

—¡¡¿Que tiene que ver eso!?! Yo sí sé cómo tratar a una nada…

—¡Cierren la boca! Dinos de una vez el plan tienes. Ya me estoy aburrido.

A pesar que insistieran arduamente presionándolo así soltara aquel misterio, se resguardó el secreto para él, calmándoles la ansiedad afirmando que primero necesitarían encontrar algún sitio para concretar la idealización de su consciencia.

En la plaza del pueblo hallaban acumulados una considerable cantidad de personas sin vida. Para ese momento, como no habían descargado los cuerpos de la carretilla cual llevaban, aprovecharon para llevársela fuera de toda vista.

El joven cabecilla del grupo, se acordó que existía un galpón abandonado a tan solo unos pocos pasos de la plazoleta. Mismo que estaba siendo ocupado por el ejército de esa zona para guardar suministros. Lo perfecto sería que casi nadie concurría esa edificación.

Ante la entrada del lugar, los tres quedaron viéndose los rostros mutuamente. El dilema recayó sobre quien sería el primero en entrar dentro y asegurase de que nadie hubiese llegado antes que ellos. De no hacerlo, sus vidas correrían sumo peligro de ser descubiertos. Entonces; el menor de los jóvenes fue quien perdió el piedra, papel y tijeras.

Instantes antes de que abrirla la puerta y entrara, su compañero detrás suyo detuvo su ingresar poniendo su brazo delante de la puerta para luego quitándole el rifle de su espalda. Se aseguró que el arma tuviera quitado el seguro como también yacieran balas en el cargador.

—Firme. Apunta a las esquinas. Quizás haya infectados resguardándose en lugares abandonados. Iré a tus espaldas… —cargando su arma, dijo.

Ni bien entraron, una nube de polvo cayente del techo recubierto en madera podrida, los recibió golpeándolos de lleno. Una simple ráfaga de polvorón fue suficiente como para inhabilitar toda la preparación qué hicieron antes de ingresar a lo recóndito del sitio.

El otro chico cual se quedó custodiando la carretilla desde afuera, escuchó un pequeño grito, aclamando su presencia dentro del lugar. Con mucha dificultades alcanzó mover la carreta con los tres despojos hacia delante. El artífice del plan, ordenó que los restos del adolescente con ojos azules lo colocaran encima de una mesa.

—Prende el foco arriba de ellos—. Escúchenme… ¡Este varón albino puede valer unos quince loutrich!

—Golpea su rostro, mientras dice—; O sea que tu plan es vender un cadáver en el mercado negro…

—¿Sabes lo que nos harían si nos atrapan traficando? Además, que tiene de especial un simple fiambre…

—Creo que este chico —Levantó los párpados del difunto—, es lo que llaman un Atenae…

Los otros dos jóvenes receptores tampoco logrando entender a lo que se estaba refiriendo, cuestionándose dentro de sus mentes si alguna vez escucharon esa palabra anteriormente porque de alguna manera se les hizo familiar esa frase.

—Según mi tío —relata pero es interrumpido.

—¿El que murió en el frente?

—Si ese mismo… Como decía; según él, existían personas que poseían características especiales diferenciándolos de los demás. Vendían sus cuerpos en el mercado negro para sobrevivir durante la crisis.

—Estás confirmando un crimen que podría poner en peligro a toda tu familia —Intenta devolver el cuerpo a la carreta—.

—¡Espera imbécil! —Apoya una mano sobre el pecho el pecho del otro chico a su lado—. ¡Te dije que podemos sacarle mucho dinero!

—Repele el brazo de su torso—. ¡Quítame tus manos mugrientas de encima! —gritó. ¡No me interesa el dinero!

—A mi si me serviría esa plata. Compraría los remedios que necesita mi madre —apoya.

—¿Cómo mierda estás seguro que este muerto es un Ate… yo qué sé?

—¡Mira su apariencia! ¿Te parece normal? Es claro que es uno de esos —chilló.

—¡Bien! Hagan lo que quieran… Yo me bajo de esta —aclaró con ferocidad.