Nido surge del panorama sanitario 2020, el cual ha condicionó nuestras vidas, particularmente confinándome en mi hogar junto a mis padres y sobrinos, incidiendo a ejercer la fotografía dentro de él. Esto determina el ejercicio de registrar situaciones cotidianas, observando la multiplicidad de actos que ocurren en un mismo espacio o mobiliario, decantando finalmente por fotografiar el espacio jerárquico de la dinámica familiar, la habitación de mis padres, específicamente la cama.
La superficie de esta cama matrimonial, que origina la familia, es el lugar en que mis padres buscan refugio y guardan sus más íntimos secretos, algunos compartidos entre ellos, otros solo con la almohada. Este espacio, que a través del tiempo es testigo de anécdotas, ya no es solo ese plano horizontal donde duermen y descansan en privacidad, sino que alberga una superposición de actos que yacen fuera de ella, tales como: acoger a hijos y nietos para alimentarse, convertirse en una pequeña sala de estar donde ver televisión o jugar. En conclusión, la cama lejos de ser un mobiliario que denota especificidad, es capaz de otorgar posibilidades, estableciéndose como el nido que reúne colectivamente al núcleo familiar ofreciendo protección, confianza y distensión para sobrellevar momentos caóticos.