-Han masacrado a unos pobres pescadores, imagínese… ya no hay ni como trabajar… - mencionó el conductor de un taxi, mientras escuchaba las noticias en la radio, al conversar con su pasajero. Las noticias alarman desde la madrugada a todos aquellos, pobres ciudadanos, que pasan su existencia en un mundo que no entienden. La prensa, para poder seguir existiendo, tiene que acaramelar su portada y siempre, desde el amarillismo, constituir una noticia pretenciosa y morbosa porque eso es lo que la gente quiere ver. En el fondo, el ciudadano, a pesar de creer que se preocupa, realmente no lo hace, mientras haya pan y circo, todo estará bien. Esa es la razón de los embotellamientos cuando hay un accidente. La gente no puede pasar de manera fluida, se ve obligada a frenar para contemplar el espectáculo, siempre la curiosidad les gana. Los medios de comunicación lo saben. La pugna por poder entre el ejecutivo y el legislativo, se han tornado ese espectáculo en las portadas de los periódicos para los bohemios que se creen conocedores; al final, pocos son los que leen. Solo aquellos intelectualoides, fumando sus pipas y tomando café, absenta o cualquier bebida poco común que los haga sentir interesantes, en los bares de la floresta, se toman el tiempo de leer; los demás prefieren el tiktok, pero ellos…, ellos están sujetos al ruido que genera el nauseabundo entretenimiento propuesto por un enano guayaquileño que padece Síndrome de Larón, que adicto y pervertido, porque eso le causa mas gracia que cualquier noticia. Pero los intelectualoides, son los que comienzan con la primera voz de crítica, al final, es el rezago que queda de las revoluciones cuyas causas ya murieron. Todos facheritos, con sus boinas y lentes redondos, entre las bocanadas de humo, se quejan de los políticos que ellos mismos eligieron. Pero quizás, entre sus humos, ninguno advierte lo que está sucediendo.
Las puertas del salón del segundo piso del palacio legislativo se cierran. En el ambiente existe controversia, tiene tintes de importancia. Y se sabe que algo es importante, porque al instalarse los parlamentarios, en la parte de afuera, el salón es resguardado por policías especializados. A diferencia de lo que muchas personas creen, eso no se ve a diario en la casa del pueblo. Los asambleístas no tienen escoltas, ni choferes, ni resguardos policiales. Cuando se mueven de un lado al otro, tampoco existen patrullas que paralizan el tráfico. Toman taxis y conversan con los conductores que opinan sobre las noticias anunciadas en las radios y que lo comentan. Luego, los conductores se sentirán especialmente halagados porque se enteran que su interlocutor es un asambleísta, de esos que ellos también insultan. Dadas las circunstancias, seguro se les olvida las conversaciones que tuvieron en la mecánica sobre política y se transforman en personas amables, quizás porque se dan cuenta de que se tratan de “personas”, de “humanos” de carne y hueso, así como ellos.
Mientras el embotellamiento pone de mal humor a los conductores, por la ineficiente planificación vial, en el salón del palacio legislativo, es inevitable sentirse un espectador de una película, como esas que uno ve el viernes por la noche, mientras come carbohidratos, para matar el tiempo, para vivir una vida más entretenida, como si la sociedad no estuviera lo suficientemente corrompida. Inicia el acto solemne, en el que existe una absoluta rigidez en la estructura. El trato entre personas es casi tan almidonado como los cuellos de las camisas de los parlamentarios. Se paran y se sientan, se cambian de puestos para asumir sus roles, se tratan por sus cargos y asumen sus curules. Todo por una formalidad forzosa. Poco tiempo después, todo cobra sentido. Son los ministros los que han acudido a la comparecencia. Quizás es por eso que la escena inspira seguridad, pero para ellos, por que todos los demás, los idealistas, los soñadores, los que creen en las utopías nos sentimos intimidados. En la puerta, con traje negro, esta uno de los guardaespaldas, con el audifono pegado a la cera de su oreja. Afuera, descansan policías con chalecos antibalas mientras chismean de sus romances posiblemente consumados en las mismas patrullas del estado; al otro lado, están otros uniformados, con las glocks cementadas, dispuestas en sus piernas. Comienza el diálogo. Los periodistas corren con sus cámaras a ganar posición y medir sus egos. Los asesores, toman nota y revisan su whatsapp enviando los insumos para sus jefes…
Se habla de la reforma al artículo 158 de la constitución. Los policías y los militares deben colaborar por acabar con la ola de criminales, rezago de los acuerdos de las fuerzas de choque, las fronteras abiertas y la manipulación de los narcotraficantes, secreto dicho a voces, o eso, al menos, es lo que la gente dice, lo que se escucha de boca de los intelectualoides. La reforma a este artículo, es preocupante, porque a primera vista, es algo necesario. Pero, ¿qué piensan los policías, los militares? se rehúsan a ser subordinados del otro. ¿Qué pasará con esta colaboración cuando existan marchas y protestas? ¿Será que ahora vamos a tener bailes en conjunto en las redes sociales? ¿ahora los amantes consumaran sus actos en tanques de guerra? Hay que estar pendientes, esta reforma le otorga hiperpresidencialismo al presidente, como se ha visto en otros países latinoamericanos. No sean ciegos, todo es una estrategia cuidadosamente trazada. La preocupación de los legisladores recae sobre el argumento que los militares no tienen la preparación para lidiar con la población, les falta calle, les sobra selva. Ellos no lanzan gas pimienta en la cara de una muchacha que por primera vez sale a las fiestas de Quito en la Av. de los Shyris y que por los estragos del alcohol quiere seguir bailando con música de Bad Bunny. No, ellos no, al parecer ellos le dispararían en la cara con un FAL. Ellos no empujarían y pisarían con sus botas a los jóvenes preocupados porque privatizan la educación y la vuelven más mediocre, ellos lanzarían una granada. Luego, es importante reflexionar sobre lo que mediáticamente se ha evidenciado ¿qué pasará cuando salga un delincuente con un machete? ¿Ellos también se dispararán en el pie? O les quitaran las armas como se vio en las protestas de junio del 2022. Ahora es más fácil, da igual, la nueva generación está preparada para el porte de armas, todos son jugadores de Call of Duty y somos una sociedad equilibrada, sin alteraciones emocionales que pueden compartir un juego de fútbol sin agresiones. El presidente quiere involucrar a los militares, todos se cuestiona que la preparación de los militares es diferente. Evidentemente, les falta aprender a ser moseros, a sacar panza y a empujar la patrulla. Tienen que aprender que cuando hay una emergencia deben estar escondidos y llegar 40 minutos tarde, cuando el peligro haya pasado. Tienen que aprender a dormir en el patrullero para que no se lleven las llantas, porque perdieron el respeto. No son policías, son soldaditos de plomo. Evidentemente, habrá excepciones, pero de nada servirá porque aunque Batman haga su trabajo, al día siguiente, Los Chone Killers, Los Lobos, Los Tiguerones, Los R7s, Los Lagartos, saldrán a las calles y seguirán reinando, finalmente, tienen mejor armamento y por supuesto, mejor nombre; además son panas de los jueces.
Dan 5 minutos, para las 16h00 en reloj del ministro del interior. Las personas creerán, que se trata de un Bulova, un Tissot, un Rolex, pero no. Se trata de un Fossil, porque el ministro teme que al salir por la calle, también le roben.
Los asambleístas trabajadores, piden la palabra. En la viña del palacio hay de todo, hay comunicadores, escritores, abogados. Son los conocedores de la ley los que toman la palabra. Pero lo hacen con presencia. Después de haber empezado la reunión, se hace sentir uno de los parlamentarios; llega caminando despacio, todos voltean a ver. Se escucha su bastón, se sienta al final de la mesa, se acomoda su mechón blanco, se saca los guantes de cuero y escucha a sus colegas. Eventualmente participa el ministro Zapata, menciona que los implementos de dotación están por venir y se mantiene optimista. El asambleísta del mechón blanco pide la palabra y hace su intervención. Luego, el ministro de gobierno, toma la posta y responde los cuestionamientos. Finalmente, sin anticipar, se levanta, se vuelve a colocar los guantes y se despide; antes de retirarse, se acerca y le menciona algo al ministro Cucalón.
Las comparecencias, al parecer, no han sido tan productivas, porque uno de los invitados no llegó; Los asambleístas de la comisión de enmiendas constitucionales votan y postergan 11 días el segundo debate del informe final de la enmienda. Todos se levantan, se aprietan la mano, se despiden. Los policías especializados se alinean y dejan de parlotear sobre amores, los guardaespaldas prestan atención a los ascensores. Los periodistas, apagan las cámaras y aprovechan este tiempo para tomar su café. Los asambleístas vuelven a sus actividades legisladores, atrás de ellos corren los asesores con cuadernos en las manos y los conductores, ellos siguen atorados en el tráfico hablando de política con sus pasajeros, que están preocupados por lo que vieron en internet.
A la semana siguiente, el mismo espectáculo surge en el salón de expresidentes, pero esta vez, los ministros no aparecen, sino un pelotón de soldados. Quizás, a los ministros no les gustó el palacio legislativo porque se sintieron presionados o quizás ya no les invitaron, esta vez acuden las autoridades del "Comando Conjunto de las Fuerzas Armadas del Ecuador". Resulta interesante la calma con la que habla el Coronel Proaño; preciso, calculado, acertado. Todo lo demás es igual,
La misma rigidez en el trato, los mismo roles, los mismos curules; la escena es tan familiar, que el mismo legislador del mechón blanco, aparece como un fantasma por la puerta del lado derecho; derecho si lo percibes desde adentro. Su presencia se manifiesta con la altives con la que camina, su bastón hace vibrar el piso de baldosa, todos parecen verlo y al mismo tiempo ignorarlo. Se acerca a sus colegas mientras en su cabeza traza un plan, ¿un plan?, mas bien un discurso, que debe ser ejecutado a la perfección. Procede, saluda sin interrumpir y toma asiento. Los demás parlamentarios están atentos a la comparecencia, hacen sus preguntas, reflexionan, escriben con los boligrafos azules, financiados por el estado y asienten.
Los guantes del Doctor yacen en la mesa y su mano se levanta, pide la palabra y rítmicamente se levanta, traga su saliva y respira. De pie, en un segundo mira con desprecio a todo aquel que no le agrade. Poco a poco, su mano derecha flota hacia el bolsillo de su chaqueta. Toma un puñado de algo y vuelve a salir. 1, 2, 3... Una a una, pone 3 balas doradas en la mesa que comparte con los legisladores. Todo el mundo en silencio contempla tan inspiradora escena, el hombre respira y con voz potente se dirige a todos.- Bala, hasta cuando vamos a permitir que estos terroristas sean dueños de las calles, A todo aquel que quiere amedrentar, acabar con la vida de los ciudadanos, ¡Bala!.- Vuelve a guardar las municiones en la chaqueta, se vuelve a colocar sus guantes y como se ha visto antes, se retiró dejando un silencio dramático en el escenario.
Solo los fantasmas, le siguieron los pasos. Luego, volvieron a sus diálogos y reflexiones, se apretaron las manos y también se marcharon.
Este es un artículo de opinión, tiene tintes literarios de no ficción. Las fotografías han sido tomadas en un ámbito público por el autor y han sido procesadas mas no manipuladas, la interpretación de las mismas están sujetas al espectador.
Todo este contenido esta protegido por derechos de autor.