Cannabis medicinal se refiere al uso de los productos, o principios activos de la planta Cannabis sativa como terapia y tratamiento
En el mundo, los efectos de la planta Cannabis Sativa son bien conocidos. En algunas partes se los ve como un beneficio medicinal, en otras como un elemento recreacional y, en otras, solo como una droga más que no debería ser legalizada.
De cualquier modo, el motivo por el que se le presta tanta atención a esta tiene que ver con los efectos que esta y sus derivados son capaces de generar en nuestro organismo. De ellos hemos escuchado y leído en profundidad, al igual que de los compuestos responsables de generar estas reacciones.
Pero, ¿y si te dijéramos que el organismo es capaz de generar su propias versiones de estos compuestos? No, no es una idea de ciencia ficción y no, no es una rara mutación. Verdaderamente todos los seres humanos generamos cannabinoides naturalmente en nuestro organismo. Esto gracias a la acción del sistema endocannabinoide.
Para comenzar a hablar sobre él, lo que hace, y por qué, primeramente es necesario entender qué es. Básicamente, este es una red de comunicación intercelular formada por neuronas endocannabinoides y receptores cannabinoides. Se lo identifica por las siglas SEC y funciona de forma similar al sistema nervioso, enviando señales a todo el organismo.
Las neuronas endocannabinoides se unen entre sí para formar la red, mientras que los receptores de cannabinoides son los encargados de funcionar como los “puentes de acceso” dentro de esta. De forma que los neurotransmisores puedan moverse entre ellas y transmitir adecuadamente las señales que estas producen a través de la sinapsis.
Dichos receptores se dividen en dos el receptor cannabinoide 1 (CB1) y el receptor cannabinoide 2 (CB2). Estos primeros tienen presencia en órganos como el hígado, los pulmones y los riñones, pero principalmente se encuentran en el cerebro, mientras que los segundos se distribuyen equitativamente por todo el cuerpo.
Como datos curiosos, el descubrimiento y clasificación de este sistema tal y como lo hemos descrito no se dio sino hasta 1995, aunque ya en años anteriores estaban descubriendo la existencia de los receptores cannabinoides. Asimismo, ahora se sabe que hay más de estos en nuestro organismo que de cualquier otro tipo de receptor neuronal.
Viendo la complejidad y extensión de la red de este sistema, es natural intuir que este debe tener una participación activa en variados procesos corporales. En efecto, esto hace, pero no de forma particular, sino como una medida en la búsqueda de una finalidad común, el mantenimiento de la homeostasis.
Básicamente, esta última se define como el “estado de equilibrio” en el que el que debe permanecer el organismo para que pueda cumplir con sus funciones y manejarse correctamente. Por lo que interfiere directamente en procesos que van desde la regulación del dolor y la inflamación, al del sueño, del apetito, de la memoria, del estado de ánimo e, incluso, de la reproducción.
El SEC logra esto al ser capaz de realizar un proceso conocido como bucle de retroalimentación negativa, en el que los neurotransmisores, en lugar de moverse en una sola dirección por las neuronas, pueden ir hacia adelante o hacia atrás. De esta forma, el sistema es capaz de regular tanto el inicio como el fin de los procesos de regulación del organismo gracias a la información que le dan los cannabinoides, denominados endocannabinoides cuando son producidos por el organismo –lo que los diferencia de los fitocannabinoides, que son producidos por la planta–.
Cuando hay una deficiencia de los primeros, y las dolencias comienzan, los segundos se han convertido en una alternativa –motivo por el cual la marihuana es tan solicitada para fines medicinales–. Sin embargo, aún no se ha estudiado apropiadamente cómo ambos tipos de cannabinoides conviven con el SEC, ni si estos últimos pueden generar también reacciones adversas al ser una fuente externa.
Para que los procesos de regulación del organismo se den, el SEC debe ser activado por cannabinoides, ya sea que estos sean internos (endo) o vegetales (fito). De hecho, los receptores CB1 y CB2 solo responderán estas moléculas y a ninguna otra.
Por su parte, el CB1 responde al THC (tetrahidrocannabinol) y, por su ubicación primordialmente cerebral, son los responsables de las reacciones psicoactivas asociadas con este compuesto. Por su parte, los CB2 se activan con el CBD (cannabidiol), el responsable de los beneficios medicinales y relajantes de los cannabinoides. Asimismo, estos pueden actuar como neuromoduladores, lo que implica que son los únicos que inhiben la liberación otros neurotransmisores.
No. A pesar de que, como ya hemos dicho, los receptores solo reaccionan a los cannabinoides, esto no implica que la marihuana sea la única fuente de estos. De hecho, nuevas investigaciones han sugerido que elementos como el ejercicio aeróbico y el consumo de alimentos específicos también puede disparar la generación de endocannabinoides que estimulen el organismo y favorezcan la homeostasis.
Específicamente las sesiones prolongadas de actividad aeróbica pueden desencadenar sensaciones de euforia relacionadas con los cannabinoides y los receptores CB1. Por su parte, la ingesta de ácidos grasos esenciales y de omega 3 también mejora el funcionamiento y producción de cannabinoides necesarios para el funcionamiento del SEC.
Todo lo que necesitas saber sobre la pegajosa resina. Los tricomas son esa escarcha de tus cogollos y su resina se usa para elaborar tu hachis, BHO, ceras y cristales preferidos. Analizamos en profundidad la importancia de los tricomas para las plantas de marihuana, los cultivadores y los consumidores, tanto recreativos como terapéuticos.
La palabra tricoma se deriva del término griego “Tríchōma”, que se traduce como "pelo". Con su tamaño microscópico, necesitarás una lupa para observar ese manto de resina resplandeciente que cubre los mejores cogollos de marihuana y descubrir unos campos de tricomas que recuerdan a tallos con minúsculas cabezas de seta.
Pero ojo, una gran capa de tricomas no garantiza que tu hierba sea "la crema". El diccionario de Merriam-Webster define un tricoma como "un apéndice filamentoso, especialmente una estructura de pelo en la epidermis de una planta".
La comparación botánica de los tricomas con pelo puede llevar a su confusión con los pistilos, que obviamente se pueden ver a simple vista como hilos con forma de pelo que salen de los cálices de las plantas de marihuana femeninas en floración.
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Los tricomas del cannabis se merecen una definición más adaptada al fumeta, una explicación de sus funciones y de su importancia general.
Nosotros tenemos un compromiso con la difusión del conocimiento. Y en nuestra opinión, lo mejor es considerar los tricomas como diminutas fábricas biológicas de cannabinoides presentes fundamentalmente en las flores y las hojas de los cogollos de hierba.
Los científicos han identificado tres categorías de tricomas en las plantas del cannabis:
Tricomas bulbosos
Tricomas capitados sésiles
Tricomas capitados pedunculados
El número 3, la versión capitada pedunculada, es la que interesa a los aficionados a la hierba, porque son los más grandes y dan lugar a los derivados terapéuticos y recreativos.
Se cree que los tricomas cumplen bastantes funciones esenciales para la supervivencia de la planta de marihuana en la naturaleza. Esa capa viscosa de resina pegajosa constituye una barrera defensiva contra hongos, insectos e insaciables herbívoros.
Algunos insectos y ciertos hongos no pueden penetrar la barrera de tricomas, mientras los terpenos ocultarán el olor a lechuga para criaturas peludas de cuatro patas.
Además, los tricomas también podrían jugar un papel clave en el desarrollo del cannabis en condiciones climatológicas adversas. La capa de resina ofrece a la hierba salvaje protección contra vientos dañinos como el siroco del desierto o las corrientes siberianas.
Los tricomas incluso actúan como pantalla solar para las plantas de marihuana, protegiéndolas de los efectos de los rayos ultravioleta del sol. Pero analizaremos la relación entre rayos UV y tricomas un poco más adelante
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Los tricomas son una parte esencial de la planta de marihuana. Aprender sobre ellos puede mejorar notablemente tus habilidades como cultivador y, a su vez, la calidad de tus cosechas. Sin tricomas, no tendríamos THC, CBD, terpenos, ni el resto de fitoquímicos del cannabis que tanto nos gustan.
Además de aprender sobre su función botánica, conocer el significado de las variaciones en el aspecto de los tricomas te ayudará a cosechar tus cogollos en el momento apropiado.
Producen cannabinoides y terpenos
Todos los cultivadores deberían conocer la función que desempeñan los tricomas. Entender que estas pequeñas glándulas con forma de seta son las responsables de producir los cannabinoides y terpenos hará que tengas más cuidado a la hora de podar, cosechar y manicurar tus plantas.
Indican cuando es el momento de cosechar
Los tricomas actúan como un puente de comunicación entre el cultivador y la planta. Con solo observar su color a lo largo de la floración, puedes hacerte una idea aproximada de su composición química. Gracias a esto, los cultivadores experimentados saben cuándo es el momento exacto de cosechar para asegurar niveles máximos de cannabinoides y unos efectos óptimos.