David Bethancourt
La aplicación de la nanomedicina en la industria de la salud ya está despegando, pero será más crucial para identificar y tratar enfermedades con éxito temprano y precisión cuando se espera que sigan los avances en la práctica clínica.
La nanomedicina engloba el nanodiagnóstico, la nanoterapia y aplicaciones específicas en medicina regenerativa. Al incorporar estos tres aspectos, la nanomedicina presenta una solución potencial para el tratamiento de enfermedades que antes no eran tratables. Actualmente existen numerosos dispositivos, sistemas y tecnologías que incorporan nanoestructuras. A nivel molecular, pueden interactuar con el cuerpo humano y sus fluidos.
Por otro lado, la nanomedicina suele emplear mecanismos especializados para facilitar la combinación simultánea de diagnóstico y terapia. Estas estrategias se conocen como estrategias teranósticas. También son tendencias la aplicación de la nanomedicina en las técnicas in vitro y de imagen para el companion diganostics. El objetivo es orientar el tratamiento y determinar cuál es el perfil molecular del paciente. Al hacer esto, es posible clasificar mejor a los pacientes que tienen más probabilidades de beneficiarse de una terapia.
La nanotecnología tiene un papel fundamental en la lucha contra el alzheimer, ya que nos permite superar una barrera que antes era irresoluble. Hablamos de la hemato-encefálica, muy difícil de atravesar con fármacos que son poco solubles.
Por otro lado, los nanotransportadores tienen la capacidad de transportar medicamentos con precisión al área objetivo. Su pequeño tamaño de solo un billonésimo de metro es la gran ventaja: permite que estas partículas lleguen a áreas del cerebro de difícil acceso.
Algunas de las vías novedosas que pueden aparecer con el avance de la medicina para atacar esta enfermedad son los nanotransportadores de medicamentos y la liberación controlada de fármacos.
Una vía potencial de solución a esta enfermedad, aún por seguir explorando para que pueda convertirse en una realidad, promete incluso ‘silenciar’ al gen que permite que el virus se replique en el organismo. Al introducir un gen adicional que interrumpiría el proceso para evitar que continuara, este desafío podría resolverse.