El ritual es un gesto que resguarda lo sagrado, por lo que da sentido y funda la posibilidad de habitar el mundo y la existencia. El ritual implica un ser y estar en el mundo y en relación con él . Ritualizar la vida implica una afirmación de la vitalidad en el ser en la que los individuos se identifican y se funden con la comunidad, con la naturaleza y con el mundo, reafirmando así que somos parte del mundo, de la naturaleza y el universo.
Es un modo de habitar poéticamente la tierra,
de resguardar lo sagrado y mantener abierto el misterio.
En cada gesto, en cada sonido, en cada silencio,
se revela algo del sentido de nuestra existencia.
El ritual no explica: muestra, abre, dispone al encuentro.
Así, en la música y en la vida comunitaria,
el ritual se hace puente entre lo visible y lo invisible,
entre la memoria y el porvenir,
entre el individuo y el todo.
Ritual es presencia.
Ritual es cuidado.
Ritual es celebración.
El ritual no es costumbre ni repetición vacía.
Es un gesto que abre el mundo y lo vuelve resonante.
El Ritual permite habitar y celebrar la existencia
un canto o una melodía que abraza la alegría y también el dolor,
una danza donde la individualidad se disuelve
para unirse con la fuerza vital de la comunidad y la naturaleza.
Ritual es música dionisíaca: exceso, creación, transfiguración.
Es arte vivido, celebración que convierte el caos en belleza.