El fuego es chispa y transformación. Arde como la existencia humana: frágil y potente, capaz de iluminar y de consumir. Representa el calor del encuentro, la energía vital que mueve los cuerpos y la llama que enciende la creatividad. En la naturaleza, el fuego abre paso a nuevos ciclos: quema lo viejo para dar lugar a lo nuevo. Así también en la vida, nos recuerda que somos procesos de renovación constante, que en el ardor del deseo, la pasión y la lucha se forja el sentido de nuestra existencia. En la música, el fuego es ritmo, intensidad y trance. Es tambor que pulsa como corazón, danza que estalla en comunidad, canto que abrasa la memoria y la transforma en presente vivo. Al encender el fuego sonoro, tejemos juntos una hoguera ritual donde cada voz es chispa y cada silencio es rescoldo.