Cuento del libro Éxtasis de Ysai Quiroz
En muchas ocasiones el mundo nos absorbe de tal manera, que no prestamos atención a circunstancias o hechos que están latentes en nuestras vidas. Miramos, pero no vemos; oímos, pero no escuchamos y sin querer podemos dañar a la persona que más queremos….
Era un día soleado y Gabriel, un niño de ocho años, de figura regordeta, jugaba por toda la casa, saltando de un lugar a otro, haciendo volar sus juguetes por todas partes, cuando de pronto se quedó quieto, inmerso en sus pensamientos y le preguntó a su mamá:
—¿Mamá, por qué no puedo volar?
—Bueno hijo, —le dijo la mamá— porque nosotros no somos aves y además no tenemos alas.
—Pero yo quiero volar. —insistió Gabriel.
—Ya te he dicho que las personas no vuelan —recriminó la madre. O te refieres a que quieres viajar en avión, o en algún otro artefacto, porque esa es la única manera en que nosotros nos elevemos del suelo.
Gabriel miró a su madre y le dijo: Mamá mira por la ventana; ¿ves allí en esos árboles? ¡Yo quiero volar como esas palomas!
La madre que tenía otras tareas que hacer, se le hacía tarde para sus obligaciones, por lo que prefirió no seguir con el tema, y comenzó a alistarlo para el colegio.
Llegada la noche, la mamá todavía recordaba las palabras de su hijo, las cuales tuvo que dejar de lado por la prisa del momento; llegaban a su mente, como algo inconcluso de lo cual debía reflexionar, quizás con la ayuda de su pareja podrían descifrar el porqué de esa pregunta. Pero su compañero estaba muy cansado y solo atinó a decir; que seguramente, había visto mucha televisión y se le había quedado grabado algún dibujo animado, agregando:
—Estas cosas suelen suceder, los niños son muy preguntones y al día siguiente ya no se acuerdan de nada; así que hay que dormir porque el día de mañana será un día muy atareado como siempre.
Al día siguiente, Gabriel se sentó junto a la ventana y de lejos divisaba como las palomas revoloteaban y jugaban entre sí. Su mamá al verlo, sintió nostalgia; porque una madre, parece adivinar en el aire cuando algo no está bien, algo en el corazón la agita y entra a tallar la sabiduría del amor. Por un momento la mamá dejó sus deberes y le preguntó a su hijo en qué pensaba.
Gabriel repreguntó sin mirarla a los ojos, como si estuviera perdido en el vuelo de las aves:
—¿Por qué las palomas vuelan y yo no?
—Ya te he dicho por qué. A ver dime ¿Para qué quieres volar?
—Porque si pudiera volar, volaría muy alto y así llegaría a Dios y le preguntaría:
¿Por qué las aves pueden volar en familia, y con su gracioso vuelo, juegan entre ellos, en cambio las personas cada una va por su lado, tienen muchas ocupaciones y no tienen tiempo para jugar con sus hijos?
—Quisiera saber por qué los hombres cuando crecen ya no quieren jugar y solo viven preocupados de las cosas que tienen que hacer. Uno les habla y es como si no estuvieran, ni siquiera nos miran. Nos paran regañando de todo y siempre nos hablan que debemos estudiar para el futuro.
Pero si yo no soy feliz en este momento, porque debería serlo en el futuro.
—¿Mamá, las palomas piensan en el futuro?
La madre no supo que decir y sin querer, una lágrima logro escurrirse por su mejilla. Abrazó fuertemente a su hijo y le dijo que lo amaba mucho, que era muy importante para ella, olvidándose por unos momentos de los deberes y obligaciones que tenía y solo recordando la función elemental de todo ser, que es la de dar y recibir amor.
Ese día la madre reflexionó y llego a la conclusión, que nunca debemos olvidarnos de ver la vida desde la inocencia de un niño, aprender a tomarle más importancia al cariño, al amor y así poder transformar un día rutinario, en un día de dicha.
Te invito a que si tienes una persona, que amas y regularmente no le has dicho lo que sientes, hazlo ahora y dale un fuerte abrazo. Yo todavía tengo la necesidad de abrazar a mi madre, pero ella ya no está conmigo.