Each painted butterfly marks a place where a neighbor was taken by ICE, someone who lived here, worked here, raised children here, and was violently removed from our community.
These butterflies are not decorations; they are witnesses. They interrupt our daily routines to remind us that behind every detention is an empty seat at the table, a child waiting at the door, a neighborhood forever changed.
By placing butterflies in public view, we refuse disappearance. We refuse silence. We insist that our neighbors are seen, remembered, and still belong here. Aquí falta alguien but they are not forgotten.
Cada mariposa pintada marca el lugar donde un vecino fue detenido por ICE, alguien que vivía aquí, trabajaba aquí, criaba a sus hijos aquí y fue arrancado violentamente de nuestra comunidad.
Estas mariposas no son adornos; son testigos. Interrumpen nuestra rutina diaria para recordarnos que detrás de cada detención hay una silla vacía en la mesa, un niño esperando en la puerta, un barrio transformado para siempre.
Al colocar estas mariposas a la vista de todos, nos negamos a la desaparición. Nos negamos al silencio. Insistimos en que nuestros vecinos sean vistos, recordados y que sigan perteneciendo a este lugar. Aquí falta alguien, pero no los olvidamos.