De repente, en el espejo que se encontraba a mi derecha, observé como el “jefe” de aquella situación y de que mis marionetas me mataran, se reía malvadamente de mí. Me paré un instante, le miré todavía más fijamente, se trataba de un hombre menudo, delgado, con las facciones muy marcadas, pelo blanco y barba blanca.