Relatos
Relatos
El Guardian del sendero
Esto ocurrió en las profundidades de los bosques de los Apalaches, pero historias similares se repiten en selvas y páramos de todo el mundo. Un guardabosques con años de experiencia, realizaba una patrulla rutinaria antes de que cayera la noche.
Todo estaba en un silencio absoluto, ese tipo de silencio que en la naturaleza significa que los animales están escondidos por un depredador. De pronto, escuchó un silbido. No era el de un pájaro, sino un silbido humano, largo y melodioso, que parecía venir de todas direcciones.
Al girar la linterna, vio algo que no tenía explicación física. Entre dos robles, una figura humana, de más de dos metros de altura, permanecía inmóvil. Pero no era una persona: era una silueta bidimensional, más negra que la propia noche, como si alguien hubiera recortado un agujero en la realidad. No tenía rostro, ni ropa, ni profundidad.
El guardabosques, siguiendo el protocolo, gritó: "¿Quién está ahí?". La figura no respondió, pero comenzó a moverse. No caminaba; se desplazaba entre los árboles con una fluidez imposible, como si fuera una sombra proyectada sobre una pared, pero sin necesidad de una superficie.
Lo más aterrador ocurrió cuando el hombre empezó a retroceder hacia su cabaña. Escuchó su propia voz llamándolo desde la oscuridad del bosque:
"Ayúdame, me he perdido, estoy aquí..."
Era su misma voz, su mismo tono, su misma inflexión. Las "sombras" o entidades de estos lugares parecen capaces de imitar sonidos familiares para atraer a sus víctimas hacia la espesura. Corrió sin mirar atrás, cerrando la puerta de su refugio con tres cerrojos.
Durante toda la madrugada, algo golpeó suavemente las paredes de madera, rodeando la cabaña, mientras el silbido continuaba y su propia voz, desde afuera, le suplicaba que le abriera la puerta. Al salir el sol, no había huellas en el barro, ni ramas rotas, ni rastro de presencia humana. Solo un silencio sepulcral y la sensación de que, en esos bosques, hay cosas que nos observan desde lugares que no comprendemos.
Muchos senderistas han reportado encuentros con estas figuras (conocidas en inglés como Shadow People). Se dice que no atacan físicamente, pero su presencia provoca una parálisis de terror y una sensación de fatalidad inminente.