La difusión de una milanesa como “para tres” llevó a clientes al Comedor GEVP (Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque) con expectativas que, según su dueño Claudio Lacanna, no coincidían con la porción real. El caso expone el cruce entre la promoción de influencers, la experiencia gastronómica y los códigos de un bodegón de barrio.
Por: Diógenes MacLoughlin
El video de la influencer conocida como La chica del brunch puso al Comedor GEVP en el radar de nuevos comensales, pero también generó un problema inesperado: algunos visitantes llegaron esperando una milanesa capaz de alimentar a tres personas y se encontraron con una porción que, en la experiencia del restaurante, rinde menos. “En el video dijo: ‘No, la milanesa es como para tres’”, recordó Lacanna, concesionario del comedor. “Uno y medio con una entradita”, expresó al describir cuánto puede rendir el plato en la práctica.
La publicación tuvo efectos concretos en el establecimiento. Lacanna contó que al día siguiente del video hubo clientes que llegaron y pidieron exactamente los platos que habían visto en redes. Algunos se quejaron cuando comprobaron que la porción no respondía a la expectativa creada por la influencer. Además, el restaurante no siempre estaba preparado para un aumento repentino de la demanda: “Tal vez nosotros ni sabíamos que iba a subir ya el video y no teníamos ese stock de ese producto en particular”, explicó.
El episodio ilustra una tensión que atraviesa a los bodegones en tiempos de viralidad: las redes pueden atraer público nuevo, pero también instalan una imagen del local que no necesariamente coincide con la experiencia cotidiana. Para Lacanna, la visita de la influencer tuvo una crítica “muy buena”, aunque el resultado no fue solamente positivo: “Te trae tantos beneficios como problemas”, sintetizó.
Las milanesas del comedor GEVP suelen ser para compartir entre dos personas. Elaboración propia.
En la cultura del bodegón, el tamaño de los platos no es un detalle menor. El concesionario señaló que los clientes suelen valorar especialmente las opciones para compartir y que, en ese contexto, la cantidad puede pesar tanto como el precio en la valoración de la gente.
En el GEVP, las milanesas son el plato más vendido del menú, seguido por las pastas caseras. El comedor ofrece una carta amplia, pero las milanesas concentran buena parte de la demanda y son también uno de los platos más asociados a la idea de “bodegón”.
La distancia entre lo que se muestra en un video y lo que efectivamente llega a la mesa puede repercutir en la relación con el cliente. Lacanna relató que, tras la difusión, algunas personas amenazaron con dejar una mala calificación en Google si no recibían lo que esperaban. La viralización, entonces, no solo aumenta la exposición: puede convertir una promesa exagerada en un reclamo directo al personal del local.
Rocío Strat (La chica del brunch) es una influencer gastronómica que se dedica a hacer reseñas de restaurantes, cafés y bodegones.
Fuente: La Nación
El Comedor GEVP funciona dentro del Club Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque, pero Lacanna remarcó que la concesión es independiente de la institución y que una de las condiciones para asumirla fue poder abrir el espacio directamente al barrio. La idea era evitar que quienes no son socios tuvieran que ingresar primero al club para llegar al restaurante.
Aunque el comedor recibe público vinculado a las actividades dentro de la institución, la clientela no se limita a los socios. Lacanna estimó que alrededor de un 25% del público total pertenece al club. La proporción cambia según el día y la actividad: cuando hay partidos o entrenamientos, pueden acercarse grupos que terminan de jugar y se quedan a comer. Por la noche, en cambio, describió un público compuesto casi en su totalidad por personas que van específicamente al restaurante.
También definió a los comensales como un público “muy ecléctico”: desde adolescentes que practican disciplinas en el club hasta socios vitalicios de alrededor de 80 años. Esa diversidad forma parte de la identidad del comedor y de su vínculo cotidiano con la institución. A diferencia de un local comercial que puede establecer sus reglas con mayor autonomía, Lacanna explicó que los socios suelen opinar sobre los precios, la carta y los cambios en el restaurante. “Es una relación diaria”, describió.
El concesionario considera que ese vínculo también tiene una ventaja: el público vuelve, incluso después de quejarse. “No te digo que es un público cautivo, pero casi”, comentó, al explicar que la cercanía con el club y la renovación constante de quienes lo frecuentan sostienen una relación distinta de la que puede tener un restaurante de paso.
El auge de los bodegones ya forma parte de la agenda gastronómica porteña. En agosto de 2026, la Ciudad de Buenos Aires organizó la primera Semana de los Bodegones Porteños, con más de 100 restaurantes participantes y promociones distribuidas en distintos barrios. La iniciativa buscó poner en valor este tipo de establecimientos y promover recorridos gastronómicos.
La cobertura periodística del fenómeno también señala la convivencia entre bodegones históricos y propuestas más recientes que recuperan sus platos y códigos tradicionales con formatos actuales. En esa expansión se incluyen restaurantes instalados dentro de clubes, entre ellos el propio Comedor GEVP.
Lacanna, sin embargo, aclaró que el comedor abrió en octubre de 2021, cuando el concepto de bodegón ya estaba en crecimiento. Por eso, dijo que no puede atribuirle al boom un aumento específico de ventas desde el inicio del negocio. Sí observó cambios en los hábitos: según su experiencia, durante la semana la gente sale menos a comer, pero creció el uso del delivery. “No salgo en la semana, pero pido por la aplicación”, resumió al describir esa modificación del consumo.
Para el restaurante, el reparto a domicilio compensa en parte la menor concurrencia semanal, aunque con márgenes más ajustados por las comisiones de las aplicaciones. Lacanna explicó que trabajan exclusivamente con Pedidos Ya y también utilizan Tucán, una plataforma con una comisión menor que suelen usar clientes que ya conocen el local.
La identidad del bodegón se construye alrededor de platos caseros, porciones generosas y una experiencia de encuentro. En el GEVP, esa tradición convive con una dinámica comercial actual: difusión en redes, reservas de demanda, pedidos por aplicaciones y clientes que llegan por recomendaciones digitales. El caso del video de La chica del brunch muestra que la viralidad puede poner en circulación una expectativa concreta -en este caso, cuántas personas comen con una milanesa- y que esa expectativa termina midiéndose en el lugar de los hechos, frente al plato real.
Para Lacanna, la clave está en el carácter compartible de la comida, una expectativa que atraviesa a muchos bodegones y que no siempre se ajusta a la cantidad que una publicación promocional atribuye a un plato. La recomendación puede convocar a nuevos comensales, pero la experiencia posterior queda en manos del restaurante. Y allí, entre la promesa del video y lo que finalmente llega a la mesa, se juega la diferencia entre el fenómeno viral y la realidad cotidiana del bodegón.