Juntarse a compartir: así es una comida en el bodegón de Villa del Parque
Juntarse a compartir: así es una comida en el bodegón de Villa del Parque
Así es como la comunidad, los comensales conocidos y el equipo del comedor de GEVP traen la sensación de compartir una tarde en familia con una buena comida.
Por: Felipe Fernandez Souro
El recorrido hacia el bodegón del Club Gimnasia y Esgrima Villa del Parque (GEVP) es el mismo para socios recurrentes y primeros visitantes: uno estaciona a unas pocas cuadras del establecimiento y recorre las instalaciones del club bañándose en sus emblemas, en las canchas de tenis y pádel, las risas de los chicos jugando bajo el sol, y cada muestra de la comunidad de Villa del Parque, que más grande parece cuando se cruzan las puertas del bodegón.
Inmediatamente se remite a la sensación de ingresar a una reunión en familia el domingo. La conversación de la gente abraza los oídos como un susurro conocido y el aroma cercano de la milanesa y las pastas en la cocina le anticipan al olfato cuál será el menú por elegir. Un mesero recibe a los nuevos ingresantes en la puerta, y los acomoda indicándoles qué mesa tomar como si se tratase de otra parte del gran hogar que comparten con los clientes.
El club Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque lleva 104 años desde su fundación, el 18 de junio de 1922. Elaboración propia.
Con los comensales ya sentados, el lugar parece casi como el comedor en la casa de un tío o familiar no muy lejano, uno que tiene un terreno grande para que se reúna toda la familia. En ese momento, entre el aroma de los platillos preparándose y las voces de otros clientes, se acerca un mozo a atender a los recién llegados con hospitalidad tal que parece más un amigo al que se visita durante su turno de trabajo. Los meseros, que pasan todo el día en el comedor, son también una parte de la gran familia del club GEVP.
“Yo empecé en noviembre, como runner a la noche” relata Irwin, del equipo de meseros, “yo todavía no entendía cómo era el ambiente, en mi trabajo anterior, en Devoto, me fui porque había mucha presión y me enojé con la encargada. Éramos cuatro camareras, que siempre llegaban tarde; y yo, que no podía con todo. Estaba agotadísimo. Acá llegué después de dos años y me enseñaron una banda. Llegué a ser camarero, que era lo que quería”, añade, exponiendo su profundo vínculo con el comedor.
Primero llegan las bebidas, y tras una espera breve lo hace también la comida. Son los sabores de casa con un giro gastronómico que lo trae la sensación de comer en comunidad. El sabor a charla viene también de los camareros, que durante toda la comida dedican su atención a la mesa que atendieron primero, contándoles a los comensales anécdotas y datos del comedor. Uno se siente en presencia de un compañero más, antes que un empleado, traen la comida y hablan con una calidez contagiosa. Incluso comiendo solo, es posible sentirse incluido en la comunidad.
Cuando se acaba el plato fuerte, llega el postre. El equipo es tan dulce como el flan mixto y la taza de café, que siempre viene acompañada con algún detalle. Los últimos momentos antes de la sobremesa siempre trae una comida suficiente como para llenar a cualquiera que haya quedado con hambre. Cuando al fin se llega al último bocado, la mayoría se toma un tiempo para conversar con amigos, familia, y la mesa de al lado.
En la salida se recorre el mismo camino que visitantes y socios siguen también al entrar: unas horas más tarde, despedido por los camareros y cocineros, uno recorre el club cubierto por los destellos de un sol más cansado, las canchas de tenis y pádel vacías, con los jugadores asistiendo también al comedor, y las risas de los chicos que horas más tarde continúan jugando. La comunidad del Club de Gimnasia y Esgrima de Villa del Parque deja a uno siempre con el estómago tan lleno como el corazón.