Comenzar de cero es un proceso desafiante, lleno de altibajos, similar a correr un maratón. Imagina estar en el kilómetro 20, siempre preguntándote cuándo llegarás a tu objetivo. La incomodidad puede ser abrumadora, pero al alcanzar la meta, la gratificación es indescriptible. Yo llevo 6 años lejos de mi país, y extraño las cosas más simples, como el aire, abrir mi ventana y ver las montañas, o respirar el olor a coco, arena y sal del mar Caribe. Extraño correr por las montañas y contemplar el atardecer desde la colina. Sin embargo, no todo es nostalgia.
Aquí, me siento afortunado. El universo me ha regalado un paisaje hermoso, lleno de azul y verde. Vivo a dos cuadras de una rambla y disfruto de la vista de un majestuoso río que divide dos países. Los amaneceres y atardeceres que he presenciado son únicos, con la posibilidad de bañarme en aguas frías y esperar el olor a mar hasta el verano. Las conversaciones acompañadas de mate y bizcochos son impagables.
Aunque extraño la tierra que me brindó años de felicidad, agradezco a este nuevo país por las oportunidades de crecimiento y por enseñarme a superar momentos incómodos. Aquí he encontrado amigos y paisajes maravillosos, donde la combinación del celeste y el verde crea escenarios de ensueño. Aprender a apreciar y adaptarse a un nuevo entorno es un viaje transformador, lleno de descubrimientos y gratitud.