En nuestros encuentros realizamos las siguientes prácticas para desarrollar la plena consciencia:
La meditación sentada es para nosotros un modo de volver a nuestra verdadera esencia en nuestro interior y darnos a nosotros mismos cuidado y atención plena.
Cada vez que nos sentamos en una silla, en la naturaleza o sobre un cojín podemos serenarnos y profundizar en el camino de la consciencia. Dirigimos nuestra atención plena a lo que está dentro y a lo que nos rodea. Dejamos que nuestra mente se haga espaciosa y nuestro corazón amable y tranquilo.
Cuando nos sentamos en paz, respirando conscientemente y estando con más consciencia, algo empieza a cambiar en nuestro interior.
Normalmente antes de realizar la práctica de la meditación sentada solemos comenzar con unos movimientos conscientes y la meditación caminando.
Como normalmente la mayor parte de las personas tenemos en nuestra vida cotidiana cierta activación interna que nos impide serenarnos al meditar, antes de la meditación sentada solemos comenzar primero unos pocos minutos con unos sencillos movimientos conscientes (basados en el chi kung).
A continuación, si hace buen tiempo, realizamos en el jardín una meditación caminando, que es otra forma de práctica de plena consciencia y nos prepara para que la meditación sentada de después sea más fácil.
Esta meditación caminando nos permite disfrutar realmente del caminar: andamos por el mero hecho de andar, no tenemos necesidad de apresurarnos para llegar a ningún sitio, lo hacemos para estar en el momento presente disfrutando de cada paso. Por ello es necesario dejar a un lado preocupaciones, no pensar en el futuro, no pensar en el pasado, limitarse a disfrutar del momento presente.
A continuación realizamos la meditación sentada.
Cuando realizamos toda la sesión en la sala, después de un periodo de meditación sentada, y antes de las siguientes prácticas sentadas, caminamos unos pocos minutos lentamente en torno a la sala de forma relajada, siendo conscientes de la respiración y de cada uno de los pasos. De esta manera desentumecemos el cuerpo y nos preparamos con más facilidad para las siguientes prácticas sentadas.
Antes de finalizar nuestra sesión, solemos leer unos minutos un texto de Thich Nhat Hanh que nos ayude en las diferentes prácticas, o sobre cualquier aspecto relacionado con la plena consciencia.
A continuación dedicamos un tiempo al compartir, practicando el habla amorosa y la escucha atenta, siempre sin juzgar. Es la meditación del compartir.
Es un tiempo muy especial para nosotros durante el cual compartimos (siempre de forma voluntaria) cómo nos ha ido la sesión, o cualquier aspecto que ha suscitado la escucha de la lectura, o compartimos nuestras vivencias, alegrías, dificultades relacionadas con la práctica de la plena consciencia. Al aprender a hablar de nuestra realidad, no desde la mente sino desde el corazón y con verdadera plena consciencia, como si fuera una verdadera meditación, contribuimos al entendimiento colectivo dentro de la sangha.
Además, cuando escuchamos profundamente a otra persona y entramos en contacto con su sufrimiento, nace en nosotros la compasión, y cuando comparte sus alegrías, resuena en nosotros esa felicidad.
Esta práctica, con la que finalizamos cada encuentro, es muy enriquecedora.