De aquel Jardín nacieron las palabras.
Así, cuando las flores se apagaban
nos quedaron los nombres,
una imagen sin sombra de la vida,
siempre pendiente del olvido.
La generación del 27 y Murcia, aparecen unidos en el panorama nacional. En este lugar y ese tiempo coinciden hombres y mujeres dispuestos a ser ellos mismos, a leer y escribir unos, a pintar, esculpir, hacer música otros, a trabajar como amigos, porque juntos somos más.
Babel era un tiempo de tranvías cargados con chicas que volvían del baño. Sus voces, sonrisas y colorido, bajo la luz levantina, por un momento me hacían olvidar por qué habíamos llegado allí.
¿Cuánto tarda un libro en apagarse?
Unos, como las rosas, nacen y mueren en el mismo día.
Otros, permanecen siempre ardiendo bajo sus cenizas.
Así como el buen pastor conoce a sus ovejas
y si pierde una, regresará para buscarla,
el escritor quisiera
enumerar todas las imágenes
y distinguirlas por su nombre.
Todo había sucedido de repente, así lo recuerdo, nos trasladamos en coche desde la playa, Cabo de Palos, a Bruselas, comuna de Auderghem.
Querido Poeta y Maestro: Esta mañana me he levantado a las cinco, dicen en casa que nadie entiende mi horario, que lo que necesito es dormir, puesto que soy joven.
Imagínate que, de pronto,
tu país se hace isla,
y tú quedas en medio del océano,
a merced de las olas.
Aquí en el Sur conviene
que una cierta penumbra
te aparte de la calle radiante.
Es la hora de la siesta,
mientras todos duermen, tú lees.
Una ligera brisa
mueve la persiana del balcón,
como el agua, la luz,
tiembla sobre las losas.
Cómo decir de su quietud que se alza,
granada en el tiempo, siempre cerrada,
abriéndose siempre.
Cómo decir que estas calles
vienen aquí desde siglos.
Quieta en su quietud
sólo la luz mueve esta plaza
y despierta nos mira.
Así que en el espacio
Soy sólo un hueco
Donde anida la palabra
y se enreda en sílabas el sonido,
O en frases distraidas con sentido,
Como si fuera el aire
Que silba entre las rocas.
A veces, soy el recuerdo de ese hueco
Que recoge las palabras,
O dispersa enamoradas sílabas.
Yo giraba en torno
A un lago de transparentes aguas-
Allá en su fondo
Resplandeciente, como otro sol,
Algo me atraía.
Me propuse alcanzarlo,
Trabajé noche y día.
Cuando lo hube desecado
Con mis manos encallecidas.
Hurgué en el barro,
Nada quedaba que no fuese
Un pálido reflejo
Por entre los charcos que el sol bebía.
Recorro la memoria de tu ausencia,
paso a paso.
En el aire su rastro
es semejante
al hueco de un objeto.
Atrás se cierra la tarde.