La evangelización a través de la educación es la modalidad propia de evangelizar según el carisma marista, San Marcelino creo la fundación bajo la misión de: “Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar”.
Contamos y nos comprometemos con valores evangélicos que transforman poco a poco nuestra vida y nuestra sociedad. Compartimos nuestra espiritualidad y nuestra pedagogía con las familias, el alumnado, los educadores y demás integrantes de la comunidad educativa, nuestra educación esta basada en la formación de Buenos Cristianos y Virtuosos Ciudadanos, que sean capaces de construir nuestras sociedades y caminar hacia un futuro de esperanza, basadas en un tipo de relación que tiene como fundamento el amor de Dios.
La relación de Marcelino con María estaba profundamente marcada por una afectiva y total confianza en Ella, a quien veía como "Buena Madre", porque suya era la obra que había emprendido. Él nos dejó escrito: "Sin María no somos nada y con María lo tenemos todo, porque María tiene siempre a su adorable Hijo en sus brazos o en su corazón".
Jesús y María eran el tesoro donde Marcelino había aprendido a poner su corazón. Esta íntima relación ayudó a modelar la dimensión mariana de nuestra espiritualidad, en nuestra tradición, la expresión "Recurso Ordinario" resume nuestra constante confianza en María. El lema Todo a Jesús por María, todo a María para Jesús, recoge la relación estrecha que hay entre el Hijo y la madre, así como la actitud de confianza en María que tenía el fundador y que nosotros estamos llamados a imitar.
Desde el tiempo de Marcelino sus discípulos han dado a conocer a María y la han hecho amar. Hoy seguimos convencidos de que seguir a Jesús al estilo de María es una forma privilegiada de llevar a plenitud nuestro itinerario cristiano. Con un corazón lleno de compasión compartimos esta experiencia y esta convicción con los niños y jóvenes ayudándoles a experimentar el rostro materno de la Iglesia.
Representado en las tres Violetas, son los valores que San Marcelino Champagnat deseaba que viviéramos y inculcáramos en la educación de los niños y jóvenes.
Humildad para aceptar las cualidades, las limitaciones y debilidades. No presumir de lo que tenemos.
Sencillez, manifestada en el trato a los demás.
Modestia, tener el control de uno mismo, dueños de nuestros propios actos.
"Que no haya entre vosotros mas que un solo corazón y un mismo espíritu. Que se pueda decir de los Hermanitos de María, como de los primeros cristianos: Mirad cómo se aman".
San Marcelino Champagnat