Sí, sigo caminando en mi desierto, donde me tengo que purificar más aún. ¿Y cómo me purificó con respecto a mi matrimonio? Fue un duro y amargo cáliz, del que dije que SÍ BEBERÍA. Llevo mi alianza de esposa; habéis hablado de la alianza. ¿Sabéis cuál es la palabra que más se repite en las Sagradas Escrituras? ALIANZA. Alianza es Amor. Es una alianza entre Dios y cada uno de nosotros. Él nunca la rompe, la rompemos nosotros, Él no. Pero Él la puede restaurar, siempre que le dejemos. Eso es lo que me tocó aprender.
La palabra FIDELIDAD y AMOR yo juro hasta el final. Me dijo: ¿Cómo puedes decir que me quieres ser fiel, que me dejas restaurar esta alianza conmigo si no quieres pasar por el Calvario?... La Cruz forja. Y ahora mismo los matrimonios estamos viviendo un calvario. Así que me llevó al Huerto…
Orar por tu esposo. No hay mayor acto de amor que el que da la vida por otro. Entendí que daba igual todo lo que en las cuaresmas hiciera como ofrenda de sufrimiento, si intentaba evitar entregar la verdadera ofrenda para que un pecador se convirtiera: mi esposo. Entendí que me pedía eso y le dije que SÍ. Y BEBÍ EL CÁLIZ. Y entendí que la palabra Alianza para Él es “indispensable”. La palabra FIDELIDAD es FIDELIDAD. Entendí que me tocaba vivir los votos en lo bueno y en lo malo; ahora es lo malo. En la salud y en la enfermedad. Y me dijo: bueno, tu esposo no tiene un cáncer, tiene una enfermedad espiritual, está muerto. Entendí “hasta que la muerte nos separe”.
Así que dije: Sí, me quedo. Me quedo a caminar el Calvario, porque se el final. El final es el Gólgota. Y entendí qué significaba crucificar mi yo, mis deseos, para permitir cumplir los deseos de Dios. Entendí que eso es ser esposos: eso significa morir por tu esposo. No una muerte física, sino una muerte al mundo, a lo que ofrece el mundo, a los deseos del mundo… Y quedarte igual que se quedó Jesús. De mí necesita la oración. De mí necesitaba y necesita y necesitará que ofrezca y me una a su sufrimiento. Y entendí también que me podía unir para orar por todos los matrimonios del mundo entero. Eso significa el Sagrado Sacramento Esponsal. Es el único sacramento en el que no necesitamos al sacerdote. Es una Alianza directa entre Dios y los esposos, donde derrama el Amor. El amor humano se acaba, efectivamente. Por eso ese sacramento se hace más vivo para que Él infunda ese Amor Divino, que necesitamos para soportar el mal del mundo. Es duro porque es muy difícil amar al que no te ama. Pero no nos pide nada que no haya hecho el mismísimo Jesús por nosotros. Cuando yo lloraba delante de Él diciendo: mira cómo me habla, mira cómo me trata, lo que está haciendo… siempre me llevaba a lo mismo: Su Calvario. Mira lo que me has dicho tú, lo que me has escupido tú… yo nunca he abandonado, me dijo ¿quieres tú abandonar de verdad?. Entendí que cuando se rompe esa Alianza con Dios nos volvemos a perder. Y a través de mi Sí, entendí qué significaba obediencia, confianza en los planes de Dios… La Santidad! Y Él da la vida. Amar es entregar la vida, pero amar como Él amó: eso es entregar la vida. Y me preguntó: ¿estás dispuesta a terminar en la Cruz? Y yo le dije: sí, estoy, dame la gracia para llegar al Gólgota. Y luego vas descubriendo que no llevas tú la Cruz, la lleva Él. Pero el tentador viene a contarte muchas historias, así que cuando vino todo el mundo a decirme: pide la nulidad matrimonial, tienes derecho a rehacer tu vida, seguro que Dios tiene un hombre maravilloso para tí… yo volví al Señor -yo no hablo con el mundo, yo vuelvo al Señor y le digo: Tú indícame el camino, quiero estar en la certeza de que estoy en Tu voluntad, porque ya sé lo que hay fuera de tu voluntad… y recuerdo que contraté de abogada a Santa Rita (risas…) fue una locura, todo el mundo estaba trastornado, se llevaban las manos a la cabeza, dicen: ya ha contratado a una abogada, es muy buena: ¿quién? y yo: -Santa Rita, que está llevando mi causa en el Cielo. Ella es la abogada de lo imposible, a ella contraté, para que lleve esta causa, mi matrimonio, ella hará los papeles, ella lo hará todo para nuestra reconciliación. No se si veré convertido a mi esposo aquí en la tierra, no se si le veré regresar a mi lado; ojalá, es mi anhelo, pues por supuesto, es mi esposo. La reina Ester pidió que se le cambiara el corazón a su esposo y Dios lo hizo, le convirtió y los bendijo. Tobías oraba junto a su esposa para suplicar que le dejaran estar juntos los últimos años de su vida. El esposo y la esposa cuando habitan en ese amor… es que es increíble lo que se siente y se experimenta. Y yo tengo ese deseo. Él sabe perfectamente que anhelo eso, pero
Él ya le ha dicho lo que sí se ha logrado: la salvación de mi esposo, porque yo soy el holocausto, la ofrenda perfecta que por Amor y junto a Cristo se entrega por la conversión de ese pecador.
Eso es a lo que estamos llamados los esposos, no en las buenas: en las malas. Cuando se nos prueba de verdad, es Amor; cuando hay que pasar la tribulación y la prueba. Duro, muy duro. Oro para no abandonar yo nunca y para que otros no abandonen, porque es una forma de martirio ya en este mundo. No se necesita más maldad, se necesita demostrar y revelar al mundo dónde de verdad está el Amor, y tiene que estar en los esposos. La fortaleza de soportarlo todo y hacer real la Palabra de 1, Corintios 13. Porque si Él soportó todo por Amor, solo necesitamos su gracia para soportarlo todo por Amor.
Jesús puede tomar al alma más pecadora después de ofrecerle la misericordia y decir que sí y elevarla a donde quiera. Da igual el tiempo, Él puede hacer lo que quiera, lo dice también Santa Teresita de Lisieux, Santa Teresita del Niño Jesús: “Tú puedes coger a la florecilla que quieras de tu jardín y elevarla a donde tú quieras”. ¿Quiénes somos nosotros para decirte lo que tienes que hacer con tus hijos?
Yo nunca le pregunto por qué. Yo al principio -sí que es verdad- que lloré mucho delante del sagrario diciendo por qué, por qué... Y me vinieron las palabras de San Pablo -él también le preguntaba por qué; cuanto más conoces al Señor más indigno te sientes de nada- y sale esa pregunta de por qué, y la respuesta siempre es la misma: por Amor. Aquí de esta manera. No pidas ni quieras entender nada más, no te corresponde. En el plan de Dios eso también es confiar. De todas formas, aclarar una cosa -del amor que has comentado- el Amor que tiene es a cada uno, por supuesto, pero yo he hablado de un Sacramento Sagrado: el esponsal, que es diferente. Los sacramentos, el Amor que se derrama, las gracias y las bendiciones a través de esos sacramentos, que a nosotros nos fortalecen, a los que os invito a ir a todos, especialmente el sacramento de la Eucaristía, el de la Penitencia (la Confesión) -Confesaos, confesaos, confesaos, confesaos, purificad vuestro corazón. -¿Cada mes? No, cada semana, y a veces digo: jo, me despierto y ya he pecado contra Tí, Señor, según he parpadeado… un pensamiento, un deseo egoísta, cualquier cosa, cuanto más puro es nuestro corazón -bienaventurados los puros de corazón porque ellos verán a Dios- yo quiero ver a Dios todo el tiempo… La Confesión y la Eucaristía. Es nuestra fortaleza de cristianos la Eucaristía. El pan vuelve a ser Su Cuerpo y el vino vuelve a ser Su Sangre. Tu Sangre es lo que necesitamos en estos tiempos de maldad. Es nuestra coraza su preciosísima Sangre, nos sellamos en ella cuando nos baña y hay que pedírsela. Pedir la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo para cada uno de vosotros, para cada una de las personas a las que améis, para España, para el mundo entero, para combatir al mal. Pero igual que hay esos sacramentos hay uno: el Sacramento Esponsal. Por eso he hablado especialmente de él. Es un Amor diferente, porque es el Amor mismo de Dios, derramado en el corazón de la esposa y del esposo. Dios los soñó ya juntos, y los creó así. Mi esposo para mí es ese ser que Dios soñó para mí; eso cuando yo lo descubrí fue… cambió mi vida. No es cualquiera, Dios soñó a ese hombre para mí. Con ese hombre caminaríamos para la santidad, en nuestro camino de santidad. No dijo que fuera fácil; el camino del Calvario no es fácil, pero era eso lo que ví, y yo era esa mujer para él. Solo que viene el mundo, el pecado y el demonio y todo lo intenta romper. ¿Por qué? Porque dijo así San Juan Pablo II, en estos tiempos Satanás se ensañará especialmente y con mayor intensidad en los esposos; porque es el Amor mismo de Dios derramado en ellos. Porque es la familia, porque tiene que impedir a toda costa que se reproduzcan familias como la de Nazareth, familias que vivan las virtudes de la familia de Nazareth: sencillez, humildad, pobreza, obediencia, modestia, Amor, fidelidad, pureza, pureza, pureza, pureza, pureza. Por eso he hablado de ese sacramento.
Pero no todos tenemos la misma vocación esponsal. Él pone la vocación en nosotros, nos sueña con una vocación, donde caminando con Él nos lleva a brillar, y donde derrama dones para el uso de la comunidad, y otro es una vocación de una vida consagrada, de una vida religiosa, contemplativa, misionera, sacerdotal. Laicos en medio del mundo… como esposos… Esa vocación la elige Dios, y nosotros nacemos con ella y morimos con ella; la vocación no cambia. Y eso es, por eso he hablado de ese tipo de Amor, es un Amor especial en un sacramento muy hermoso y muy vulnerable ahora mismo.