En su búsqueda por trascender la figuración que inicialmente le resultaba cómoda, Waller inicia una exploración hacia la abstracción, un camino que refleja tanto su madurez técnica como su evolución artística. Durante este primer proceso, el artista se aleja de las formas tradicionales, experimentando con lienzos amplios y una paleta de colores acotada, permitiéndose una mayor libertad expresiva. La influencia del expresionismo abstracto y el modernismo europeo de principios de siglo se hace presente en su obra, mientras Waller comienza a construir una nueva identidad artística a través de una interacción rítmica con el lienzo. Con trazos y pinceladas gruesas y cargadas de material, el pintor no solo plasma su visión, sino que también establece una batalla con los límites de la forma, buscando la máxima expresividad en cada gesto.
La fuerza de la línea, un componente clave de la obra de Waller, se convierte en la protagonista del proceso pictórico. El uso de una gestualidad que va más allá de lo figurativo revela una necesidad de conectar con una energía primitiva, algo que se ve claramente en la presencia de una tensión constante entre el color y la forma. En esta etapa inicial de abstracción, la figura aún resiste dentro del lienzo, apareciendo en formas severas que, poco a poco, abrirán paso a una nueva concepción de la figuración, una figuración nacida desde la fuerza misma de la expresión. Esta transformación es, en sí, el punto de partida para una experimentación que desafiaría los límites entre la abstracción y la figuración, estableciendo una identidad visual singular.
Inspirado por artistas como Franz Kline y Willem de Kooning, Waller se adentra en una corriente artística que valora la libertad gestual y el rompimiento con la representación convencional. Las pinceladas agresivas, la utilización del espacio y el énfasis en la forma como vehículo de comunicación emocional, son características que Waller adopta y adapta a su propia visión. Waller se sirve de estas influencias para forjar un camino único, donde la intersección entre línea forma y color se convierte en el eje central de su obra. A través de este proceso, logra construir un lenguaje visual que no solo se refiere a la tradición del expresionismo abstracto, sino que también abre nuevas posibilidades para una figuración poderosa, donde el gesto es el vehículo para transmitir la emoción y la intensidad de su universo creativo.