José Francisco Morazán Quesada
José Francisco Morazán Quesada fue un militar y político hondureño que gobernó a la República Federal Centroamericana durante el turbulento período de 1830 a 1839. Saltó a la fama luego de su victoria en la batalla de La Trinidad, el 11 de noviembre de 1827.
Nacimiento: 3 de octubre de 1792, Tegucigalpa
Fallecimiento: 15 de septiembre de 1842, San José, Costa Rica
Cargos anteriores: Presidente de Costa Rica (1842–1842).
Hijos: Francisco Morazán Moncada, Adela Morazán Lastiri.
Mandatos presidenciales: 16 de septiembre de 1830 – 16 de septiembre de 1834.
Cónyuge: María Josefa Lastiri Lozano (m. 1825–1842)
Padres: Guadalupe Quezada Borjas, José Eusebio Morazán Alemán.
Inicios de su carrera política y militar
La Capitanía General de Guatemala se independizó de España en 1821. Fue en ese entonces cuando Francisco Morazán comenzó a tomar parte activa en la política. Trabajó en el ayuntamiento de Tegucigalpa, donde se desempeñaba como secretario del alcalde Narciso Mallol y como defensor de oficio en casos judiciales en materia civil y criminal, entre otras cosas. Esto le permitió a Morazán llegar a adquirir un gran conocimiento de la estructura y funcionamiento de la administración pública de la provincia. Así también le permitió entrar en contacto cercano con los problemas de la sociedad colonial.
El 28 de noviembre de 1821 llegó a Guatemala una nota del general Agustín de Iturbide sugiriendo que el reino de Guatemala, y el virreinato de México, formaran un gran imperio bajo el Plan de Iguala y los Tratados de Córdoba. La Junta Provisional Consultiva declaró que esta no era una orden inmediata para tomar tal determinación, sino una opción; por lo que era necesario explorar la voluntad y escuchar la opinión del pueblo de Centroamérica. Con esta idea, se celebraron cabildos abiertos en diferentes partes del reino, ya que la nueva forma de gobierno debía ser decidida por el congreso que se reuniría en 1822.
Golpe de Estado en Honduras de 1827
Dionisio de Herrera fue nombrado gobernador de la provincia de Tegucigalpa el 23 de marzo de 1823. Fue convocada una Asamblea Constituyente del 16 de septiembre de 1824 en la que se efectuó la unión Comayagua y Tegucigalpa y se eligió al Licenciado Dionisio de Herrera como Primer jefe del Estado de Honduras y como vicejefe fue elegido el teniente General José Justo Milla.
En la primera constitución de Honduras del 11 de diciembre de 1825 se estableció un periodo de 4 años para los jefes de Estado, por lo que el mandato de Dionisio de Herrera debía haber concluido el 16 de septiembre de 1827, pero debido al golpe de Estado no pudo concluir su mandato.
El presidente de la República Federal de Centro América, Manuel José Arce entró en conflicto con Dionisio de Herrera.
Arce había disuelto en octubre de 1826 el Congreso y el Senado intentando establecer un sistema centralista o unitario aliándose con los conservadores, por lo que se quedó sin el apoyo de su partido, el liberal.
Como resultado, se produjo un conflicto entre el Gobierno Federal y los Estados, pronunciándose en contra Dionisio Herrera y Mariano Prado, jefe del Estado del Salvador.
El 1 de noviembre de 1826 Dionisio de Herrera sufrió después un atentado en su casa, en el que hombres pagados dispararon de la calle hacia el dormitorio del político.
En diciembre de 1826 Nicolás Irías Midence excomulgó a Dionisio de Herrera, aduciendo que mantenía influencias francmasónicas y de herejía.
El golpe de Estado
Arce mandó a Honduras tropas comandadas por ex Vicejefe de estado de Honduras, el teniente general José Justo Milla Pineda, para apoyar el movimiento de Irías.
El 4 de abril de 1827 comenzaba el asedio de Comayagua. El 10 de mayo, después de 36 días de sitio, la plaza fue rendida gracias a la traición del jefe militar Fernández.
Guerra civil centroamericana
Después de su victoria en 'La Trinidad', Morazán surgió como el líder del movimiento liberal y llegó a ser reconocido por sus habilidades militares en toda América Central. Por estas razones, recibió llamados de ayuda de los liberales en El Salvador. Al igual que en Honduras, los salvadoreños se opusieron a los nuevos congresistas y otros funcionarios del gobierno elegidos por el decreto emitido el 10 de octubre de 1826. Los salvadoreños exigieron la restitución de los antiguos líderes políticos, pero el presidente Manuel Arce argumentó que esta medida era necesaria para restablecer el orden constitucional.
En marzo de 1827 el gobierno de El Salvador respondió por la fuerza militar. Tropas salvadoreñas marcharon con rumbo a Guatemala con la intención de tomarse la capital de la República y bajar de la silla al presidente. Pero el mismo presidente Arce tomó el mando de sus tropas federales y derrotó a los salvadoreños en la madrugada del 23 de marzo en Arrazola. La división salvadoreña se dispersó y los jefes huyeron. El campo quedó sembrado de cadáveres, prisioneros, armas, municiones y equipaje. Luego de estos sucesos, el presidente Arce ordenó a 2000 tropas federales al mando del general Manuel de Arzú para ocupar El Salvador. Este evento marcó el inicio de la guerra civil.
Mientras tanto en Honduras, Francisco Morazán aceptó el desafío propuesto por los salvadoreños. Le entregó el mando a Diego Vigil como nuevo jefe de Estado de Honduras y se fue a Texiguat, donde se preparó y organizó sus tropas con miras a la campaña militar salvadoreña. En junio de 1828, Morazán se dirigió a El Salvador con una fuerza de 1400 hombres. Este grupo de militantes se componía de pequeños grupos de hondureños, nicaragüenses y salvadoreños que aportaron sus propias herramientas de guerra. Tenían además el apoyo de los indios que servían como infantería. Algunos voluntarios seguían sus convicciones liberales, otros trabajaban para un líder político, otros simplemente esperaban obtener algo en retorno por sus esfuerzos después de terminada la guerra.
Mientras que el ejército salvadoreño se enfrentaba a las fuerzas federales en San Salvador, Morazán se colocó en la parte oriental del estado. El 6 de julio, Morazán derrotó a las tropas el coronel Vicente Domínguez en la hacienda El Gualcho. En sus memorias, Morazán describe la batalla de la siguiente manera:
Morazán se mantuvo peleando alrededor de San Miguel, derrotando a cada pelotón enviado por el general Arzú desde San Salvador. Esto motivó a Arzú a dejar al coronel Montúfar a cargo de San Salvador y a ocuparse personalmente de Morazán. Cuando el caudillo liberal se dio cuenta de los movimientos de Arzú salió rumbo a Honduras a reclutar más tropas uniéndosele la Milicia de Écija. El 20 de septiembre, el general Arzú estaba cerca del río Lempa con 500 hombres en búsqueda de Morazán, cuando se enteró de que sus fuerzas habían capitulado en Mejicanos y San Salvador.
Mientras tanto, Morazán partió rumbo a El Salvador con un ejército de 600 hombres, y se estacionó en Goascorán el 2 de octubre de 1828. El general Arzú fingiendo enfermedad regresó a Guatemala, dejando sus tropas bajo el mando del teniente coronel Antonio de Aycinena. El coronel y sus tropas marchaban con rumbo a territorio hondureño, cuando fueron interceptados por los hombres de Morazán en San Antonio. El 9 de octubre Aycinena se vio obligado a rendirse. Con la capitulación de San Antonio, El Salvador quedó finalmente libre de tropas federales. El 23 de octubre, el general Morazán hizo su entrada triunfal en la plaza de San Salvador. Regresó a Honduras por noticias de un levantamiento en Olancho, donde dirigió una proclama a sus habitantes el 22 de noviembre de 1828. Después marchó en Ahuachapán, para organizar el ejército con miras a la liberación del territorio guatemalteco y restaurar el orden constitucional.
Dictadura de Guatemala
El 1 de enero de 1829 Morazán instaló un cuartel en Ahuachapán e hizo todo lo posible para organizar un ejército numeroso, al cual llamó el Ejército Aliado Protector de la Ley. Solicitó al gobierno de El Salvador que le proporcionara 4000 hombres, pero tuvo que conformarse con 2000. Cuando estaba en condiciones de actuar en enero de 1829, envió una división al mando del coronel Juan Prem para entrar en territorio guatemalteco y tomar el control de Chiquimula. La orden fue llevada a cabo por Prem a pesar de la resistencia ofrecida por el enemigo. Poco después, Morazán desplazó a la milicia de écija cerca de la Ciudad de Guatemala bajo el mando del coronel Gutiérrez para forzar al enemigo salir de sus trincheras y causar la deserción de sus tropas. Mientras tanto, el coronel Domínguez, que había salido de la ciudad de Guatemala con seiscientos soldados de infantería para atacar a Prem, se enteró de la pequeña fuerza que contaba Gutiérrez. Domínguez cambió sus planes y se fue detrás Gutiérrez. Esta oportunidad fue aprovechada por Prem quien se trasladó de Zacapa y atacó a las fuerzas de Domínguez, derrotándolos el 15 de enero de 1829. Luego de esos hechos Morazán le ordenó a Prem que continuara su marcha con los 1400 hombres bajo su mando y ocupase el puesto de San José, cerca de la capital.
Debido a esta derrota Morazán levantó el asedio de la ciudad y concentró sus fuerzas en la Antigua. Una división de tropas federales le había seguido desde la capital bajo el mando del coronel Pacheco, en dirección a Sumpango y El Tejar con el propósito de atacarlo en Antigua. Pero Pacheco extendió sus fuerzas, dejando a algunos de ellos en Sumpango. Cuando llegó a San Miguelito el 6 de marzo, con un ejército más pequeño, fue derrotado por el general Morazán. Este incidente levantó una vez más la moral de los hombres de Morazán. Después de la victoria de San Miguelito, el ejército de Morazán compuesto por los milicianos de écija aumentan con la unión de voluntarios guatemaltecos en sus filas. El 15 de marzo, Morazán y su ejército estaban en camino de ocupar sus posiciones anteriores, fue interceptado por las tropas federales del coronel Prado en el rancho de Las Charcas. Morazán, con una posición superior, aplastó al ejército de Prado. El campo de batalla quedó lleno de cadáveres, presos y armas. Posteriormente, Morazán con la milicia de écija se movilizó a recuperar sus antiguas posiciones en Pínula y Aceytuno, y ponerle nuevamente sitio a la ciudad de Guatemala.
Batallas
Batalla de la defensa de Comayagua (1827).
Batalla de La Trinidad (1827).
Batalla de la Hacienda El Gualcho (julio, 1828).
Batalla de San Miguel.
Batalla de San Antonio (octubre, 1828).
Guerra con Guatemala.
Batalla de Chiquimula (enero, 1828).
Batalla de San José Guatemala (febrero, 1829).
En 1830, Morazán fue elegido presidente de la República Federal e implantó una auténtica revolución de medidas basadas en ideales inspirados en aquellos documentos que había leído sobre la Ilustración.
Entre otras reformas, trabajó por una educación universal con la construcción de escuelas.
Además, limitó el poder de la Iglesia al hacer secular el matrimonio, separar la institución religiosa del Estado y abolir el diezmo apoyado por el gobierno, a la vez que proclamó la libertad de religión y de expresión.
Pero también "desterró a los dirigentes conservadores guatemaltecos y les quitó parte de sus bienes, medida que no fue muy acertada pues consolidó en ellos un profundo resentimiento", analiza Aguado de Seidner, directora del Departamento de Educación de la Universidad Francisco Marroquín en Guatemala.
El principal legado político del general la región centroamericana fue habernos heredado la noción de las “garantías individuales”, es decir, el reconocimiento que todos los individuos tienen una serie de derechos inalienables, como el derecho a ser ciudadanos, a la libertad, el derecho a la vida, el derecho a elegir y ser electos a cargos públicos, y el derecho a la propiedad, a la libertad de conciencia.
SAN JOSE DE COSTA RICA: 15 DE SEPTIEMBRE DE 1842. DIA DEL ANIVERSARIO DE LA INDEPENDENCIA CUYA INTEGRIDAD HE PROCURADO MANTENER.
EN EL NOMBRE DEL AUTOR DEL UNIVERSO EN CUYA RELIGIÓN MUERO.
"Declaro: Que todos los intereses que poseía, míos y de mi esposa, los he gastado en dar un Gobierno de Leyes a Costa Rica, lo mismo que dieciocho mil pesos y sus réditos, que adeudo al señor General Pedro Bermúdez.
Declaro: Que no he merecido la muerte, porque no he cometido más falta que dar libertad a Costa Rica y procurar la paz a la República. Por consiguiente, mi muerte es un asesinato, tanto más agravante cuanto que no se me ha juzgado ni oído. Yo no he hecho más que cumplir los mandatos de la Asamblea, en consonancia con mis deseos de reorganizar la República.
Protesto que la reunión de soldados que hoy ocasiona mi muerte la he hecho únicamente para defender el departamento de El Guanacaste, perteneciente al Estado, amenazado, según las comunicaciones del Comandante de dicho departamento, por fuerzas del Estado de Nicaragua. Que si ha cabido en mis deseos el usar después de algunas de estas fuerzas para pacificar la República, solo era tomando de aquellos que voluntariamente quisieran marcha, porque jamás se emprende una obra semejante con hombres forzados.
Declaro: Que al asesinato se ha unido la falta de palabra que me dio el comisionado Espinach, de Cartago, de salvarme la vida.
Declaro: Que mi amor a Centroamérica muere conmigo. Excito a la juventud, que es llamada a dar vida a este país que dejo con sentimiento por quedar anarquizado, y deseo que imiten mi ejemplo de morir con firmeza antes que dejarlo abandonado al desorden en que desgraciadamente hoy se encuentra.
Declaro: Que no tengo enemigos, ni el menor rencor llevo al sepulcro contra mis asesinos, que los perdono y deseo el mayor bien posible.
Muero con el sentimiento de haber causado algunos males a mi país, aunque con el justo deseo de procurarle su bien; y este sentimiento se aumenta, porque cuando había rectificado mis opiniones en política en la carrera de la revolución, y creía hacerle el bien que me había prometido para subsanar de este modo aquellas faltas, se me quita la vida injustamente.
El desorden con que escribo, por no habérseme dado más que tres horas de tiempo, me había hecho olvidar que tengo cuentas con la casa de Mr. M. Bennet, de resultas del corte de maderas en la costa del Norte, en las que considero alcanzar una cantidad de diez a doce mil pesos, que pertenecen a mi mujer, en retribución de las pérdidas que ha tenido en sus bienes pertenecientes a la hacienda de Jupuara, y tengo además otras deudas que no ignora el señor Cruz Lozano.
Quiero que este testamento se imprima en la parte que tiene relación con mi muerte y los negocios públicos.
Francisco Morazán.