“Cada niño, cada joven y cada familia necesitan ser escuchados desde su propia realidad.”
Siempre he sentido que cada niño, cada joven y cada familia necesitan ser escuchados desde su propia realidad. Quizá por eso elegí dedicarme a esta profesión. Desde el principio tuve claro que las dificultades de aprendizaje o de comunicación no podían entenderse desde una única mirada ni resolverse con respuestas estandarizadas. Cada persona tiene su propio ritmo, sus capacidades y un talento que merece ser descubierto y acompañado.
“La formación es una forma de crecer para ofrecer una atención más completa y adaptada.”
Mi formación comenzó con Magisterio en Begoñako Andra Mari y educación especial en la Univesidad de Comillas y continuó con los estudios de Logopedia en la Universitat de Vic de Cataluña. A lo largo de los años he seguido formándome de manera constante en, psicomotricista, Análisis Transaccional, Psicodrama, Psicoterapia Integrativa y en Protección del Menor por la Universidad, esta última en Cardenal Cisneros. Siempre he entendido la formación como una forma de crecer para poder ofrecer una atención cada vez más completa y adaptada a las necesidades de las personas.
“Acompañar significa escuchar, generar confianza y ayudar a descubrir los propios recursos.”
Después de tantos años de profesión, sigo viviendo mi trabajo con la misma ilusión que el primer día. Es una parte muy importante de mi vida, una fuente constante de aprendizaje y de crecimiento personal. Lo que más me apasiona es mirar a la persona en su conjunto, escucharla sin etiquetas, comprender su contexto y acompañarla para que descubra sus propios recursos. Creo profundamente en el talento de cada persona y en la importancia de avanzar respetando su ritmo.
También estoy convencida de que ningún buen diagnóstico ni ninguna buena intervención pueden construirse en solitario. Por eso creo en el trabajo interdisciplinar y en la colaboración con otros profesionales, con los centros educativos, con las instituciones y, por supuesto, con las familias. Compartir diferentes miradas siempre enriquece el proceso y permite ofrecer una respuesta más completa y eficaz.
Con los años he aprendido que acompañar significa, ante todo, escuchar, generar confianza y ayudar a que cada persona descubra de lo que es capaz. No hay mayor satisfacción que mirar atrás junto a un niño, un joven o una familia y comprobar todo el camino recorrido. Esa sigue siendo, después de más de cuarenta años, la razón por la que disfruto cada día de mi profesión.