Los gobiernos y entornos educativos tienen la responsabilidad de propiciar las herramientas y los espacios adecuados para el óptimo desarrollo de los jóvenes. Diversas investigaciones han demostrado que el bienestar social y psicológico repercute directamente en el desempeño educativo universitario.
Por ejemplo, en México, un estudio se centró en la salud mental de estudiantes de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco (UJAT). Los investigadores Osvaldo Rafael Vidal Bocanegra, Rigoberto García Cupil y Teresa De la O de la O publicaron un artículo que señaló una fuerte relación entre el bienestar psicosocial y el rendimiento académico. Esta investigación, titulada "La Salud Mental en Universitarios como Aspecto Determinante en el Logro de Objetivos Académicos", destacó la importancia de las habilidades de afrontamiento activas (orientadas a resolver problemas y buscar apoyo social). Además, los investigadores revelaron que el uso de estrategias pasivas, como la evitación y la negación, se asociaba con un rendimiento académico más bajo y menor satisfacción con la experiencia universitaria. El estudio destaca que las intervenciones integrales deben abordar tanto aspectos individuales como contextuales, promoviendo el desarrollo de habilidades activas y la mejora del entorno universitario.
En relación con el factor contextual, la investigación "Satisfacción con la vida, Bienestar Psicológico y Bienestar Social en Estudiantes Universitarios de Buenos Aires", realizada por Elena M. Zubieta y Gisela I. Delfino, reveló que, si bien los participantes mostraron altos niveles de satisfacción vital y bienestar psicológico, manifestaron un importante déficit en la percepción de progreso y cambio social. Esto demuestra una escasa fe en la capacidad de la sociedad para controlar su destino y producir bienestar.
Distintos factores como el espacio físico, la relación social, la clase social y la autopercepción influyen directamente en el ejercicio académico de los estudiantes. En los últimos años, universidades del país como la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y la Universidad Nacional del Litoral (UNL) en Santa Fe, han desarrollado ámbitos de debate y de apoyo relacionados a la salud mental. Con distintas propuestas y actividades, los argumentos y objetivos son los mismos, brindar espacios de ayuda a los estudiantes para propiciar el bienestar y consecuentemente aportar en la formación de profesionales y su contribución a la sociedad.
A pesar de la existencia de leyes e ideales propuestos por los gobiernos, es mucho el trabajo que queda por hacer y mucho el criterio que debe evolucionar. En algunas provincias más conservadoras, rige el pensamiento que atrasa estas prácticas de apoyo y minimiza la existencia y relevancia de la salud mental. Este razonamiento, además de atrasar e irrumpir con la idea de bienestar, propicia los discursos malignos que, muchas veces, concluyen en ideas suicidas o incluso con el acto suicida.
En el contexto actual, resulta desafortunado negar la existencia e importancia de la salud mental, teniendo en cuenta que cada vez hay más espacios sin control, sin normas y sin lugar a la moral. Las redes sociales, los espacios públicos, los discursos de odio y las relaciones sociales son aspectos que influyen directa e indirectamente en el desarrollo de los jóvenes como personas y profesionales. El bienestar es una responsabilidad que debe ser abordada y trabajada para poder asegurar el futuro de las personas con dificultades para desarrollarse. Informes de organismos como la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), acerca de la salud mental y el bienestar de los estudiantes, también promueven el desarrollo juvenil y la educación.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) sostiene que los trastornos mentales representan cerca del 16% de la carga global de enfermedad en personas entre 10 y 19 años, y que aproximadamente la mitad de esos trastornos comienzan antes de los 14 años. En Argentina, diversos informes locales han identificado además barreras estructurales: acceso desigual a servicios, falta de espacios adecuados en instituciones educativas y estigma persistente para buscar ayuda.
El bienestar psicológico y social es una realidad que se debe abordar desde muchos aspectos, y puede que sea un proceso largo al que le quedan herramientas para utilizar. Es una cuestión de cambiar el foco actual de espontaneidad e inconsciencia en el que se vive. Se alude más al sometimiento y la imitación que a la originalidad y la personalidad, con estándares cada vez más altos e inalcanzables. Desde sus casas, los jóvenes cada vez ven más realidades insostenibles, donde todo debe ser perfecto, hegemónico y exclusivo.
El cambio se puede lograr, la evolución no es un simple concepto, los derechos deben ser asegurados y la salud no es la excepción. El futuro no tiene que ser una opción.