Los obstáculos son múltiples: el acceso restringido a los “círculos de poder” partidarios, la escasez de recursos y la persistencia de la violencia política. A ello se suma la deslegitimación que reduce a las mujeres a simples “cuotas”, en lugar de reconocerlas como lideresas con mérito propio.
Techo de cristal y violencia política
El “techo de cristal” no es solo una metáfora. La investigadora Laura Albaine, en su trabajo Participación política y violencia de género en América Latina, sostiene que se trata de una barrera activa y violenta, que expulsa a las mujeres de los espacios de decisión.
La violencia política, lejos de ser un fenómeno marginal, funciona como un mecanismo para mantenerlas fuera. Albaine advierte que no basta con sancionar leyes de paridad: es necesario transformar la cultura política que normaliza prácticas violentas y reproduce desigualdades.
De esta forma, las mujeres no solo enfrentan dificultades para ascender, sino que muchas veces son empujadas hacia abajo mediante acoso, hostigamiento y deslegitimación pública. Este fenómeno opera como una barrera que frena la participación y desalienta la permanencia.
Un desafío pendiente
A más de tres décadas de la primera ley de cupo, la política argentina ha recorrido un largo camino hacia la igualdad, pero aún quedan deudas profundas. La inclusión de mujeres en listas legislativas fue un avance indiscutible, pero la verdadera igualdad requiere romper las barreras estructurales, culturales y violentas que siguen limitando su acceso al poder real.
La historia reciente demuestra que los números no alcanzan: “se necesitan transformaciones más profundas para construir una política libre de violencia, que garantice que las mujeres no solo estén presentes, sino que puedan gobernar y decidir en igualdad de condiciones”.