Tontunadas
Tontunadas
La melodía del herrerillo
Erase que era, un principe y una reina.
La reina se llamaba Romualda y le encantaban los días de sol. Su hijo el príncipe Perico, había nacido como un adonis en el mar.
una mañana nuestro Adonis se despierta con los recuerdos de su primer amor. Ya era mayor pero su belleza y sencillez la hacian merecedora del cielo.
Asi que embargado por la emoción, cogió el coche de caballos y fue en busca de su amada la duquesa Beatriz. No podía superar el rencor que sentía hacia su madre e impidió su relación. Por eso, su felicidad nunca seria completa.
Cuando Romualda se entera de las de las intenciones de su hijo, envia a un brujo llamado Froilan para que convirtiera con buenas intenciones a la duquesa en un pequeño herrerillo.
Este hechizo solo se romperá si los ojos del principe la apariencia nunca fuera un impedimento.
Amaneces tras amanecer el pajarillo cantaba en su ventana una dulce melodia similar a la que cantaba Beatriz triz triz.
Una mañana a pleno sol, el principe se unio a la melodia de ese pequeño herrerillo y al unir sus caninos, el hechizo se deshizo abrazados hasta el final de sus días.
QNK (cu, ene, ca)
Civilización. Antigua y malvada.
Corría el año 1981 cuando un inesperado amago de golpe de estado paraliza España y en pocas horas se decide el futuro político del país, entre la continuidad del Régimen derivado del franquismo o la transición a una democracia más liberal. Tal día como aquel, un señor austriaco hipermusculado armado tocado con un casco ornado de cuernos intentaba comprender cómo gestionar la visita de unos números de la Benemérita, si con un clásico duelo a “espada y brujería” o de una forma más civilizada. Cuenca fue uno de los emplazamientos donde se grabó “Conan, el bárbaro”, cuyo rodaje fue ocupado por la Guardia Civil durante el 23-F, para probable sorpresa de Schwarzenegger, Jorge Sanz y compañía.
No es por casualidad ni exageración que se conozca a Cuenca como La Muy Noble, Muy Leal, Fidelísima y Heroica. Alfonso X, al que no llamaban “El Sabio” por casualidad, le otorgó el título de ciudad, Enrique IV los de “muy noble y muy leal” y Felipe V los de “fidelísima y heroica”, títulos todos ellos justificados por la participación de sus habitantes en diversas guerras, conflictos y demás repartos de mamporros.
Nuestros lectores inhumanistas, inteligenciaartificialistas, trendies, afrancesados y demás amigos de las extranjerías olvidan con frecuencia que vivimos en un país en el que le das una patada a una piedra y te salta la historia milenaria, que ríete tú de Juegos de tronos, Vikingos y demás zarandajas edulcoradas e infantiloides. Siempre la realidad supera a la ficción, y aquí en Iberia tenemos muchos más reyes y más sanguinarios, más mozas y princesas mucho más hermosas y seductoras, e infinitas revoluciones, más trágicas y populares que cualquier guión de Hollywood o soviéticas farsas y tragedias. No es por ponernos hispanistas, es que asín es la Historia, cuéntela quien la cuente. Como haya que aplicar la ley de memoria histórica a todas las guerras peninsulares, seguirán las inclitas y uberrimas razas repartiendos cera ad infinitum ¿es que nunca aprendemos? Como al otro le dolía España, a mí me duele Cuenca.
Desde el Paleolítico Superior se llevan los conquenses dándose a veces palos y a veces besos, construyendo monumentos y rellenando un anecdotario milenario. Por allí zascandileaban las tribus de los beribraces, bucólicos pastores, y los arévacos, pacíficos agricultores, viviendo la bucólica y romantizada existencia paleoítica cuando llegaron los olcades, más belicosos, y se quedaron con todo el cotarro. Después llegaron los lobetanos, buena gente de la tierra, que establecieron la capital en Lobetum y fueron los últimos que vivieron tranquilos, antecesores de los hippies, paleoveganos, anarcoliberales y demás modernidades que en cada generación descubrimos el hilo negro, olvidadno el bimilenario nihil sub sole novum.
A continuación llegaron los romanos, gente que llegaba a todas partes aunque no se les hubiera perdido nada, y durante los siglos posteriores todo el mundo quería apoderarse de Cuenca, qué les das, hermosa y rocosa, qué les das. Primero llegaron los celtíberos, los bárbaros a continuación, después los musulmanes, que le pusieron de nombre Qunka o Kunka, e incluso los aragoneses intentaron conquistarla aunque todos fueran ya cristianos tras la reconquista.
No se sabe con certeza cuándo fueron colgadas las famosas casas o cuándo encantaron la Ciudad Encantada, pero hasta el día de hoy Cuenca es una ciudad tan hermosa que aún se pelea por ella, aunque afortunadamente los tiempos que corren son un poco más civilizados y los conquenses se limitan a votar qué gerifaltes arramplan con su dinero: los socialistas o los populares.