El punto de partida.
Todo comenzó durante aproximadamente la Edad del Bronce, cuando los seres humanos ya vivían en comunidades estables y organizaban su vida alrededor del trabajo cotidiano. Cultivaban la tierra, criaban animales y fabricaban herramientas de metal simples usando fuego y fuerza manual. Construían casas, almacenaban alimentos y comerciaban con otros grupos cercanos y lejanos.
durante esa epoca cayo un meteorito en el planeta que modifico enormemente su composicion energetica.
naturalmente en el mundo existen dos energias: luz y sombra.
energias contrarias que se anulan mutuamente y crean la normalidad natural a la que estamos acostumbrados
El renacer de la humanidad
Setecientos años después del cataclismo, la humanidad alcanzó un frágil equilibrio. La supervivencia seguía siendo un desafío, pero las necesidades básicas eran más accesibles y las tecnologías perdidas comenzaron a regresar lentamente. Fue durante esta era cuando, en una aldea modesta pero próspera, nació un niño llamado Apolo.
Desde temprana edad, Apolo mostró una inteligencia extraordinaria. Mientras otros niños jugaban en los prados, él se sumergía en libros de ciencia e historia, bombardeando a los ancianos con preguntas sobre antiguos descubrimientos. Su obsesión por aprender lo distinguía… y a menudo lo aislaba.
A pesar de su soledad, Apolo nunca flaqueó. Soñaba con explorar el universo y descubrir lo que él llamaba el “Punto Cardinal Central”, un lugar mítico en el núcleo de la Tierra donde los árboles brillaban y fenómenos inimaginables tenían lugar. Aunque su visión evolucionó con el tiempo, ese anhelo jamás se desvaneció.
El Árbol Eldén
En la aldea de Apolo se alzaba un árbol singular conocido como Eldén. Los aldeanos lo veneraban como la “Luz de Dios”, pues brillaba con un fulgor celestial a través de sus hojas doradas. Su tronco petrificado, más duro que la piedra, lo convertía en un monumento sagrado. Se depositaban ofrendas en sus raíces con la esperanza de obtener favor divino.
Apolo, respetuoso pero escéptico, ansiaba comprender a Eldén desde un punto de vista científico. ¿Cómo podía un árbol prosperar sin luz solar directa ni agua? ¿Por qué sus hojas contenían rastros de metales y carbono distintos a los de cualquier otra flora? ¿Y por qué nunca había producido una sola semilla?
Plantó otros brotes alrededor de Eldén, esparció su tierra en su propio jardín y elaboró infusiones nutritivas a partir de antiguos remedios del pueblo. Rebuscó en tomos polvorientos en busca de rituales o leyendas, incluso dibujó su silueta en el suelo con la esperanza de invocar su espíritu. Sin embargo, el secreto de Eldén permaneció sellado.
El científico solitario
Con el paso de los años, Apolo se convirtió en el inventor respetado de la aldea, creando dispositivos que mejoraban la vida cotidiana. Aun así, sentía un vacío. Aunque se enorgullecía de sus logros, sabía que existía algo más allá de su taller. El Punto Cardinal Central y el verdadero origen de Eldén lo llamaban.
En sus estudios, Apolo descubrió verdades imposibles: Eldén no necesitaba ni sol ni lluvia, su tronco era rico en minerales y, lo más desconcertante, no daba fruto alguno. Concluyó que debía existir otro árbol como ese en algún lugar y que, para encontrarlo, debía viajar al sitio misterioso que aparecía en sus sueños.
La decisión desesperada
Reuniendo pistas de descubrimientos similares en aldeas vecinas, Apolo tomó una medida drástica. Convenció a amigos de confianza de que Eldén estaba muriendo por una infección parasitaria y obtuvo el permiso del alcalde para realizar una excavación de rescate urgente. Aunque inquietos, lo siguieron.
Tras horas de excavación frenética, no encontraron nada destacable… hasta que Apolo cavó más profundo y halló un cristal en forma de diamante que contenía una semilla marchita. Más semillas yacían enterradas, una de ellas sorprendentemente intacta. La emoción estalló: Eldén no era un milagro divino, sino el producto de una semilla poderosa.
Antes de poder analizar su hallazgo, el amanecer reveló a una multitud furiosa de aldeanos frente a su árbol sagrado. Comprendiendo la magnitud de su traición, Apolo huyó a casa con sus muestras. Al explicarse ante sus padres horrorizados, observó su decepción, pero no sintió arrepentimiento. El descubrimiento le había dado un propósito.
Esa noche escapó por una ventana trasera hacia su laboratorio secreto. Al examinar la semilla bajo un microscopio primitivo, detectó residuos de excremento antiguo, prueba de que había sido dispersada por alguna criatura. Empacando su equipo, Apolo partió en su carruaje oculto, decidido a seguir el origen de la semilla.
El viaje
Al inicio de su travesía, Apolo fabricó un collar con la semilla perfecta, símbolo de su origen y de su destino. En el camino reclutó almas cansadas en busca de nuevos comienzos: adultos, huérfanos y cualquiera que anhelara esperanza.
Tras cuatro meses y más de mil kilómetros, llegaron a una montaña de la que se decía ofrecía el camino más claro hacia adelante. Por la noche, divisaron un resplandor peculiar en el horizonte: un remolino de luz que fluía más allá de una colosal muralla montañosa.
Los lugareños la llamaban la “Luz del Fin”, creyendo que era una trampa mortal para quienes seguían su llamado. Muchos lo habían intentado. Ninguno regresó.
Quince compañeros permanecieron junto a Apolo:
Apolo Serani
Eirikr Frostborn
Aelric Stornbade
Helmwulf Drachenfaust
Hoshiko Tatsuya
Nimue Moonshadow
Klaus Eisenhart
Netra Balhaven
Lysandra Kalander
Sigrún Flameheart
Akihiko Morikage
Rowena Elfmberfall
Fernir Felnya
Seraphina Nachtlied
Ashuhura Nazala
Aunque las provisiones escaseaban y el miedo crecía, Apolo siguió adelante. Abandonaron a tres que decidieron regresar: Hoshiko, Nimue y Klaus. El resto continuó a pie, atravesando un desierto árido, encontrando esqueletos blanqueados de exploradores anteriores y perdiendo sus caballos por agotamiento.
La gran muralla
Finalmente, se alzaron ante una inmensa barrera montañosa. Apolo teorizó que formaba un vasto anillo circular más que una simple cordillera. Eligiendo una grieta estrecha, ascendieron durante días, superando la primera muralla solo para encontrar otra más allá.
Agotados y con pocas provisiones, las tensiones estallaron. Algunos pedían retirarse, pero Apolo, que había comenzado a ayunar para conservar raciones, los convenció de continuar. Más allá de la segunda muralla, parches de hierba y nubes de tormenta girando insinuaban vida.
Dentro de una cueva rocosa, divisaron aves, prueba de que podría haber alimento más adelante. Con Apolo inconsciente por inanición, el grupo improvisó trampas para atraparlas. Tres días después, Apolo despertó ante una sopa nutritiva hecha con su caza, agradecido por vivir un día más.
Descansados y fortalecidos, afrontaron la última y más empinada muralla. Perdieron un lote de suministros y vieron sufrir a sus compañeros. Incluso debatieron abandonar a un cachorro callejero que Netra llevaba consigo. Apolo se negó. El perro se quedaba.
Finalmente, usando una enorme raíz como apoyo, se izaron hasta la cima de la última muralla y contemplaron el mundo que se extendía más allá…
El nuevo mundo
Tras atravesar la última gran muralla, encontraron el nuevo mundo. El Punto Cardinal Central que Apolo buscó durante tantos años. Un lugar repleto de colores hermosos, criaturas y plantas.
Entre toda la fauna, hallaron aquello que emitía la luz que se veía en el cielo nocturno. Eran unos pozos hermosos y brillantes que emanaban luces abrumadoras.
Todo el escuadrón fundador, observando aquel paisaje irrepetible, impresionados por aquella frontera que dividía la realidad y la fantasía, decidió dar un paso adelante y adentrarse en el Punto Cardinal Central.
Recogieron el equipo de escalada y comenzaron el descenso. Las fuerzas estaban casi agotadas, pero bajar fue mucho más sencillo que subir.
Rápidamente, todos alcanzaron el suelo de aquel lugar tan maravilloso. Finalmente habían llegado al centro de la superficie, al Punto Cardinal Central.
Exploraron con curiosidad la fauna del borde de este nuevo mundo, observando las hermosas criaturas que rondaban la zona. Habían llegado por la tarde, así que estaba anocheciendo y necesitaban encontrar refugio.
Montaron uno entre unos árboles y el equipo que aún quedaba descansó allí, consumiendo las reservas restantes para ponerse en marcha al día siguiente.
Contemplaron el hermoso cielo nocturno repleto de estrellas y el vapor brillante que emergía de un origen desconocido.
Decidieron que irían a por comida y, tras conseguir reservas, investigarían ese origen.
El primer día
Tras despertar, dividieron el grupo en dos y buscaron alimento y agua. Unos cazaron los animales de la zona y los demás buscaron agua limpia para consumir.
Ambos grupos lograron su objetivo. Aunque las criaturas eran completamente desconocidas, decidieron consumirlas de todos modos. Cocinaron las carnes de los pequeños animales que habitaban la zona y purificaron y filtraron el agua que caía desde la cima de la gran muralla que ahora los rodeaba.
Comieron el banquete preparado y recuperaron fuerzas.
Después, el grupo se tomó un tiempo para descansar y planificar.
Guardaron todo lo que sobró como reservas y se dirigieron hacia el origen de aquella luz.
De camino observaron las extrañas criaturas que rondaban la zona. Por suerte, todas parecían mayormente neutrales, pero avanzaron sin llamar la atención por precaución. Algunas eran mucho más grandes y amenazantes, haciéndoles replantearse si su estancia allí sería tan sencilla como esperaban.
Finalmente, al mediodía, llegaron al origen de la luz que los había llevado hasta allí.
Era como una especie de líquido brillante, pero no se comportaba como un líquido convencional.
Este líquido se encontraba dentro de una gran coraza negra, aparentemente indestructible. La coraza era como un cáliz que conservaba el líquido intacto y aislado del suelo exterior.
Un chico del escuadrón, mientras los demás observaban incrédulos, decidió tocar el líquido para verlo más de cerca, lo que provocó un suceso repentino que dejó a todos completamente impactados.
El chico, Fernir Felnya, de unos diez años, se transformó en una criatura completamente ajena al ámbito humano, obteniendo características que lo apartaban de este mundo. Le creció pelo por todo el cuerpo, recuperó su ojo herido y le surgió uno nuevo en la frente. Su cuerpo se deformó y se adaptó a una apariencia más animal.
Todos lo miraban sin saber qué decir. El suceso había sido tan repentino que solo quedó el silencio. Entonces le preguntaron cómo se encontraba, y parecía haber conservado su mente humana.
Esto despertó algo en Apolo, el líder del escuadrón. Se quedó atónito contemplando aquella hermosa transformación. No podían dejar pasar esa oportunidad, por lo que, en una postura optimista y casi obsesiva, gritó a los cuatro vientos que debían transformarse para abrazar por completo este nuevo mundo y la nueva vida que les aguardaba.
La transformación
Algunos dudaban. Fernir, tras la transformación, era físicamente distinto a su forma anterior y no parecía haber vuelta atrás. Decidir si abandonar su humanidad era una buena idea o si mantenerse en su forma original era mejor no fue nada fácil.
Al ver que la mayoría dudaba, Apolo dio un paso adelante y declaró:
“Yo os enseñaré… os mostraré mi renacer para que veáis que no es nada malo. Esta transformación es nuestro regalo de bienvenida a este nuevo mundo. Si queremos enfrentarlo, necesitaremos estos cuerpos evolucionados. Yo seré el siguiente. Estad tranquilos.”
Tras decir esto, hundió las manos en el líquido y rápidamente se lo llevó al rostro. En cuestión de segundos, se transformó en un ser enorme, rocoso y desconcertante.
Su cuerpo creció desmesuradamente, superando los dos metros de altura. Sus extremidades, antes delgadas, se volvieron gruesas como troncos y duras como el acero.
De su cintura emergió una enorme cola repleta de huecos, y de su cabeza brotaron numerosos cuernos rocosos donde antes estaba su cabello.