¿Es posible una lingüística de raíz materialista? Nos hacemos esta pregunta porque no existe una epistemología, una ciencia o metodología que sustente esa lingüística. Sin embargo, a lo largo del siglo XX se han sucedido distintas escuelas lingüísticas que han disertado sobre ello y han hecho propuestas, aunque no han tenido continuación.
La relación entre el lenguaje, la sociedad y el pensamiento es uno de los postulados fundamentales de la lingüística materialista. La función principal del lenguaje es la comunicativa y puede caracterizarse como la capacidad para comunicar información por medio de la palabra, pero también configura identidades y manipula la realidad. A partir de ahí tenemos que preguntarnos si existe una motivación ideológica para la creación de cada signo lingüístico.
Es indudable la influencia que ha ejercido en el enriquecimiento del léxico de cada lengua fenómenos como el Mayo francés, el neoliberalismo, las religiones, las pandemias, los conflictos bélicos o los populismos de izquierdas desde finales de los años 90 hasta la actualidad en América Latina. También a partir del movimiento antiglobalización o el 15M español. Con estos momentos históricos, entre otros, y aparejado a las transformaciones en los órdenes político, social, cultural, económico, van surgiendo nuevas realidades y junto a ellas nuevos vocablos y expresiones. Al ser la identidad una construcción material y discursiva, también es un espacio de lucha. La lingüística materialista analiza cómo los grupos subalternos crean contra-discursos para subvertir las identidades impuestas por el poder dominante.
Básicamente, fue Karl Marx quien a través del concepto de superestructura configuró lo que hoy entendemos por discurso ideológico, porque en el fondo todo discurso es generador de sentido, y todo sentido está configurado socialmente. Además, las ideas se transmiten sobre todo a través del discurso. ¿Puede el Materialismo Histórico explicar la posible motivación ideológica del signo lingüístico?
El paradigma estructuralista define la lengua (langue) como un sistema de signos arbitrarios y convencionales, centrado en la inmanencia de la estructura. El estudio se limita a la descripción de leyes internas, aislando el lenguaje de su uso y de la realidad exterior. El signo es arbitrario e inmotivado en su relación con el referente. Saussure establece que no hay un vínculo necesario entre el significante y el significado. El sujeto hablante es una abstracción o un simple ejecutor del código preexistente (parole), sin un papel constitutivo en la estructura lingüística. Utiliza un enfoque descriptivo, sincrónico y formalista. Busca identificar las reglas de combinación de los elementos del sistema
En otro sentido, la lingüística materialista sostiene que el lenguaje es una forma de conciencia social y una herramienta de producción. No existe una separación real entre lengua y realidad; el lenguaje es "la realidad inmediata del pensamiento" (siguiendo a Marx y Engels) y, por tanto, se constituye en y por la praxis social. Propone que el signo es un signo ideológico (según Voloshinov y Bajtín). La relación entre el nombre y la cosa está mediada por la lucha de clases y el conflicto social. El signo es "el terreno de la lucha de clases", donde diferentes grupos sociales intentan imponer sus propios acentos y valoraciones sobre la misma palabra.
Basándose en autores como Pêcheux y Althusser, entiende al sujeto como un sujeto sujetado por las formaciones discursivas e ideológicas. El individuo no "elige" libremente sus palabras, sino que habla desde posiciones preconfiguradas por su inserción en la estructura socioeconómica y los aparatos ideológicos del Estado.
Adopta un enfoque crítico, histórico y dialéctico. Su objetivo no es solo describir cómo funciona el lenguaje, sino revelar cómo este reproduce la dominación, la alienación y la desigualdad. Disciplinas como el Análisis Crítico del Discurso (ACD) y la Glotopolítica son herramientas fundamentales en este paradigma para desentrañar el poder oculto en los textos y conversaciones.
Entendemos el concepto de ideología en un concepto amplio, como lo entiende Van Dijk, por ejemplo.
Esta doctrina marxista formulada por el filósofo alemán Friedrich Engels afirma que no es la conciencia de la persona la que determina su ser, sino que son la realidad social y las tensiones y poderes que la constituyen los que crean y condicionan la realidad humana.
Tras él, la escuela soviética, la escuela francesa (Pecheux, Maingueneau, Charadeau...), parte de la sociolingüística, la lingüística crítica y el análisis crítico del discurso siguen sus postulados o han desarrollado con sus matices y diferencias su concepto. Incluso desde la sociología, Bourdieu se acercó a nuestro objeto de investigación con su teoría del mercado lingüístico.
Sin embargo, no se ha constituido epistemológicamente nada que sustente este hilo conductor, no existe una metodología de la lingüística materialista. En esta enciclopedia intentaremos reflexionar sobre ello y aportar fuentes para asentar la primera teoría plena sobre una lingüística de influencia u origen marxista. El primero que lo intentó fue el ruso Voloshinov, pero no tuvo continuación inmediata. Hoy día, su máximo seguidor sería Norman Fairclough.
¿Las aportaciones de los italianos Rossi-Landi y Ponzio, de la lingüística crítica y del español Miguel Siguán permitirían establecer una epistemología, con su fundamentación, metodología y proyección concretas, para instaurar una lingüística de matriz marxista-materialista? En todo caso, faltaría aún una teoría válida del sujeto, según Rubén Moralejo Silva.
La lingüística Materialista busca la impureza de la historia y el conflicto social dentro del lenguaje, asumiendo que "analizar el uso lingüístico es analizar la ideología"
Desde el INLIMA (Instituto de Lingüística Materialista) queremos difundir otro paradigma lingüístico que confronte el de Ferdinand de Saussure, que tuvo su continuación en la glosemática y el generativismo. Ese otro paradigma emanaría del materialismo histórico, teniendo su primer hito en el círculo de Bajtin (Voloshinov, Medvedev, Bajtin, etc) y en algunos los discípulos de Baudouin de Courtenay (Polivanov, Jakubinskij).