(Londres, 1937) es historiador especializado en la historia social y cultural de la primera Edad Moderna en Europa y estudioso de la historia social del conocimiento. Reconocido como uno de los grandes renovadores de la historiografía por el impulso interdisciplinar que dio a la investigación histórica, propició la mediación entre la historia, la antropología y la sociología. Es catedrático emérito de Historia cultural de la Universidad de Cambridge y miembro del Emmanuel College. Ha sido profesor visitante o investigador en numerosas universidades de Europa y América. Es miembro de la Academia Británica y de la Academia Europea, y ha sido distinguido doctor honoris causa por las universidades de Lund, Copenhague y Bucarest. Ha publicado 26 libros, que han sido traducidos a más de 31 idiomas. Entre ellos destacan Hablar y callar. Funciones sociales del lenguaje a través de la historia (Gedisa, 1996), Formas de hacer historia (Alianza, 1999), El Renacimiento (Crítica, 1999), El Renacimiento europeo. Centros y periferias (Crítica, 2000), Historia social del conocimiento. De Gutenberg a Diderot (Paidós, 2002), Una historia social de los medios de comunicación (Taurus, 2002), Lenguas y comunidades en la Europa moderna (Akal, 2006), La traducción cultural en la Europa moderna (Akal, 2010), Qué es la historia cultural (Paidós, 2010), Hibridismo cultural (Akal, 2010) o Historia social del conocimiento II. De la Enciclopedia a la Wikipedia (Paidós, 2012).
Aunque no pertenece a la escuela de Birmingham estrictamente, sí a su área de trabajo e influencia: los estudios culturales con origen en Reino Unido.
Sobre el libro más relacionado con nuestra materia -Funciones sociales del lenguaje a través de la historia-, afirma Carlos Segade que nace como resultado de la aplicación de la historia a la lingüística y está compuesto de varios estudios sobre las funciones y registros del lenguaje. Concebidos de manera amena y divulgativa, todos los temas aquí expuestos están además fundamentados sobre numerosas citas históricas. La tesis que enlaza las distintas partes es que las lenguas regionales han sido mediatizadas por múltiples factores: nacionalismo, religión, búsqueda de una identidad, necesidad de diferenciación, etc.
Para ilustrar este planteamiento Burke parte de la evolución del latín en su doble vertiente de lengua para elites y lengua común de todos los europeos. Por otro lado, con el fin de demostrar con un ejemplo que causas ajenas a la lengua pueden determinar la creación de lenguas nuevas, se estudia también el proceso de homogeneización de los dialectos italianos hasta su desarrollo como lengua nacional en el momento de la unificación política de la península italiana.
Pero Burke va más allá en sus estudios sociolingüísticos para introducirnos en un tema poco frecuente: la conversación y el silencio. Intenta demostrar la influencia de los tratadistas en el uso diario del lenguaje, con especial mención a los manuales impresos que llegan a convertir la conversación en todo un arte. Como complemento a esto, Burke acerca al lector a un elemento muy olvidado en la comunicación: el silencio.
El silencio está dotado de un valor y un significado propios equivalentes al del habla, y a través de él, el hombre también obtiene un medio para expresarse. Este nivel de expresión cobra diferentes significados según su momento y lugar para así pasar a significar respeto, sumisión, educación e incluso hasta llegar a caracterizar a una sociedad como la inglesa, tan amante del silencio, o determinar a una comunidad humana, como sucede en las órdenes religiosas. Lamentablemente, como apunta Peter Burke, el silencio no goza de la suficiente estima en la sociedad actual como para ser incluido en los tratados sobre la comunicación.