Leib Meerovich Pumpyan (1891-1940). Nacido en Vilna y de madre francesa, de hecho ese fue su primer idioma. Su padre, químico, murió en 1897
En diciembre de 1911, Leib Pumpyan fue bautizado en la ortodoxia judía y se convirtió en Lev Vasilievich Pumpyansky.
Se formó en la Universidad de San Petersburgo, donde conoció a Bajtin. Lo siguió hasta Nevel, donde se formó el primer círculo de amigos, junto con Kagan y Voloshinov.
En 1922 publicó la obra "Dostoievski y la antigüedad", costeada por uno de sus discípulos.
En 1927 se produjo una nueva "ilustración" muy conocida con Pumpyansky, que podría llamarse un rebautismo al marxismo. Con la misma consistencia apasionada y absoluta sinceridad subjetiva con la que desarrolló la historia sistemática de la literatura rusa, apoyándose en la filología y la filosofía simbolistas, principalmente en Vyach, Ivanov, Andrei Bely y Vladimir Soloviev, Pumpyansky, comienza a aplicar los esquemas de la crítica literaria marxista a la literatura rusa (y a la literatura occidental, pero sus obras sobre la literatura de Europa occidental quedaron fuera del alcance de la publicación en cuestión, que sólo se puede lamentar: aparentemente, están estrechamente relacionados con sus ideas sobre el concepto general de desarrollo literario). Pero incluso tales obras (en su mayoría artículos en publicaciones populares de clásicos e historias literarias académicas) despertaron serias dudas entre los seguidores de la ortodoxia marxista, que, por supuesto, se desarrolló especialmente después de la guerra, en el curso de la lucha contra el cosmopolitismo.
Tesis doctoral sobre este autor (en italiano) de Giuseppina Larocca
La tesis de Giuseppina Larocca demuestra que Lev Vasil’evič Pumpjanskij fue una de las figuras más originales y menos estudiadas de la crítica literaria rusa del periodo de entreguerras. Su pensamiento, disperso en artículos, conferencias y manuscritos inéditos, aparece como un sistema sorprendentemente coherente cuando se lo organiza en torno a la oposición conceptual que Larocca identifica como su eje: la dialéctica entre “símbolo” y “relativización”. Esta oposición no es un recurso retórico, sino la clave hermenéutica que Pumpjanskij utiliza para interpretar toda la historia de la literatura rusa.
Larocca muestra que para Pumpjanskij el símbolo representa la tendencia de la cultura rusa a buscar en la literatura una forma de totalidad espiritual. El símbolo es, en sus palabras, “la aspiración a un sentido absoluto que trasciende la obra y la convierte en portadora de una misión” (Larocca, cap. I). Esta concepción procede del romanticismo y del simbolismo ruso, pero Pumpjanskij la extiende hacia atrás, hasta Lomonósov y Deržavin, a quienes interpreta como fundadores de una tradición que concibe la literatura como un espacio de revelación. Por ejemplo, al analizar la oda clásica, Pumpjanskij afirma que “la forma elevada no es un artificio retórico, sino la manifestación de una visión del mundo que exige totalidad” (Larocca, cap. II).
Frente a esta tendencia simbólica, Pumpjanskij identifica un movimiento contrario que denomina relativización. La relativización es la entrada de la literatura en la historia, la pérdida de la pretensión de absoluto y la apertura a la pluralidad de interpretaciones. Larocca subraya que Pumpjanskij ve en Belinskij el primer gran agente de esta relativización, pues introduce una lectura crítica y contextual que rompe con la sacralización romántica de la obra. La relativización, escribe Pumpjanskij, “devuelve la literatura a la tierra, a la historia, a la vida concreta” (Larocca, cap. III).
La tesis demuestra que Pumpjanskij interpreta la historia literaria rusa como una oscilación entre estos dos polos. Pushkin, por ejemplo, aparece como un autor en el que conviven ambas tendencias: el impulso simbólico del poeta‑profeta y la relativización crítica del narrador irónico. Larocca cita un pasaje en el que Pumpjanskij afirma que en Eugene Onegin “la ironía no destruye el símbolo, sino que lo hace habitable” (cap. IV). Esta lectura anticipa, según la autora, la noción bajtiniana de polifonía, aunque Pumpjanskij la formula desde una perspectiva estrictamente histórico‑literaria.
Uno de los aportes más importantes de la tesis es la reconstrucción del método filológico‑histórico de Pumpjanskij. A diferencia de los formalistas, que privilegiaban la estructura interna de la obra, Pumpjanskij insiste en la necesidad de estudiar manuscritos, variantes, contextos y tradiciones. Larocca muestra que su trabajo con archivos —especialmente en los estudios sobre el siglo XVIII— revela una concepción de la literatura como sistema dinámico, donde cada época reinterpreta a las anteriores. En un manuscrito sobre Deržavin, Pumpjanskij escribe que “cada generación reescribe el pasado según sus propias categorías simbólicas” (Larocca, cap. II), anticipando así la idea de la historia literaria como relectura continua.
La tesis también ilumina la relación de Pumpjanskij con el Círculo de Bajtín. Aunque su nombre suele aparecer en segundo plano, Larocca demuestra que su influencia fue decisiva en la formación intelectual del grupo. Pumpjanskij aportó la dimensión histórico‑literaria que complementaba la filosofía de Bajtín y la sociología del lenguaje de Voloshinov. Su idea de que las épocas dialogan entre sí —“cada estilo es una respuesta a otro estilo”, escribe en una conferencia de 1922 (Larocca, cap. V)— resuena claramente con el dialogismo bajtiniano, aunque Pumpjanskij lo formula desde la historia de la literatura y no desde la teoría del discurso.
Otro aspecto relevante que la tesis destaca es la modernidad metodológica de Pumpjanskij. Su atención a la intertextualidad —antes de que el término existiera— se manifiesta en análisis como el de la relación entre Baratynskij y Pushkin, donde afirma que “la poesía rusa del XIX es un tejido de alusiones, ecos y correcciones mutuas” (Larocca, cap. IV). Larocca interpreta este enfoque como un precursor de la poética histórica de Tynjanov, aunque Pumpjanskij lo desarrolla de manera independiente.
Finalmente, la tesis reconstruye la dimensión trágica de su biografía intelectual. Marginado en los años treinta, acusado de “formalismo” y “elitismo”, Pumpjanskij muere en 1940 sin haber podido publicar la mayor parte de su obra. Larocca concluye que su pensamiento constituye “uno de los sistemas más originales de la crítica rusa del siglo XX, aunque permanezca fragmentario y en gran parte inédito” (Conclusiones). Su teoría de la historia literaria, basada en la dialéctica símbolo/relativización, ofrece una lectura profundamente innovadora de la tradición rusa y un puente conceptual entre la filología histórica y las teorías del diálogo cultural.