Michel Pecheux (1938-1983). Discípulo de Louis Althusser, que ejercerá una gran influencia posterior. En lengua española publicó Hacia el análisis automático del discurso, Gredos, Madrid, 1978; "El mecanismo del reconocimiento ideológico" en Žižek, S. (comp.) Ideología, un mapa de la cuestión. Buenos Aires: FCE; y Las verdades evidentes. Lingüística, semántica, filosofía. Buenos Aires: Ediciones del CCC.
Para Pêcheux, desde una posición materialista, el lenguaje es una expresión histórica de la realidad social, una manifestación ideológica de las relaciones de fuerza que la describen. Lingüística, historia y relaciones sociales convergen el el análisis. Pêcheux analiza la visibilidad ideológica y la 'memoria discursiva' en la expresión lingüística, esto es, la transferencia de valores dominantes (económicos, políticos, religiosos, etcétera) que 'alienan' el imaginario colectivo y se proyectan en un momento histórico dado. Pero también concibe un capacidad de respuesta del sujeto ante el discurso dominante, una acción dialéctica que le permite anticiparse, imaginar, negociar y hacer interpretaciones.
Esta obra, una de las primeras publicaciones relevantes de Pêcheux, marca el inicio de su proyecto intelectual. Colectiva en su origen, fue desarrollada en el marco del Centre d’Études pour la Traduction Automatique. El objetivo era ambicioso: construir una herramienta metodológica que permitiera el análisis de corpus extensos a partir de criterios no meramente formales, sino ideológicos.
Aunque la obra conserva todavía un cierto apego al estructuralismo lingüístico (especialmente a las ideas de Zelig Harris y Noam Chomsky), su valor radica en el desplazamiento epistemológico que propone. El lenguaje ya no es abordado como una estructura autónoma, sino como una instancia en la que se materializan condiciones ideológicas históricamente determinadas. Aquí aparece la noción embrionaria de formación discursiva, entendida como el conjunto de regularidades que determinan lo decible desde una posición ideológica específica.
Desde un paradigma materialista, este texto constituye una ruptura con la tradición lingüística positivista, al incorporar los principios del materialismo histórico y la teoría de la ideología de Althusser. El discurso, para Pêcheux, no refleja la realidad, sino que la construye ideológicamente. El análisis automático, entonces, debía incluir no solo formas lingüísticas, sino también las condiciones sociales de producción del sentido.
Escrito junto con Michel Fichant, este libro se inscribe en la tradición althusseriana de leer la ciencia desde un enfoque histórico-materialista. A diferencia del texto anterior, aquí no se trata del lenguaje en general, sino del discurso científico en particular. Los autores examinan cómo los sistemas científicos no emergen de manera lineal o acumulativa, sino a partir de rupturas y discontinuidades que responden a condiciones ideológicas determinadas.
Este texto se aproxima tangencialmente a las preocupaciones de Michel Foucault —quien también trabajaba en los años 60 sobre la historia de los saberes—, pero se distancia de él en un punto crucial: Pêcheux y Fichant no renuncian a una teoría de la ideología. Para ellos, el conocimiento científico está históricamente situado y es producido en el marco de una lucha de clases. En consecuencia, no hay un saber “puro”, sino saberes inscritos en formaciones ideológicas específicas.
Lo relevante de esta obra, desde una lectura materialista, es que desplaza la noción de ciencia como campo autónomo y la reinscribe como una práctica discursiva ideológicamente condicionada. Aunque no tan citado como otros textos, este libro anticipa temas que Pêcheux desarrollará en su teoría del discurso: la historicidad, la formación discursiva y la relación entre saber y poder.
Este libro es, sin duda, la obra más influyente y sistemática de Michel Pêcheux. Aquí cristalizan muchos de los conceptos que venía trabajando desde finales de los años 60, pero con mayor profundidad filosófica. El texto despliega una crítica al sentido común y a las “verdades evidentes” —como sugiere el título—, que son aquellas formaciones discursivas que se presentan como neutras, naturales, transparentes, pero que en realidad están ideológicamente determinadas.
Uno de los aportes fundamentales de esta obra es la noción de preconstruido, que designa ese conjunto de sentidos ya sedimentados en el discurso, que el sujeto repite sin ser plenamente consciente. También introduce el concepto de interdiscurso, que refiere al entretejido de discursos anteriores, ajenos o invisibilizados que sostienen lo que se dice.
Desde el paradigma materialista, este libro representa la consolidación del enfoque de Pêcheux: el sujeto es un efecto ideológico, interpelado por la ideología, y no un agente libre o autónomo. El discurso no es solo expresión del pensamiento, sino el lugar mismo donde se produce el sentido, determinado por condiciones históricas y sociales.
Aquí se radicaliza la crítica al estructuralismo, en tanto se reconoce la imposibilidad de fijar el sentido fuera de las condiciones materiales que lo producen. Además, el libro abre un espacio para pensar la lucha por el sentido, es decir, cómo en el discurso se enfrentan distintas posiciones ideológicas en competencia.
Coescrito con la lingüista Françoise Gadet, este libro representa una apertura hacia nuevas problemáticas. En contraste con la voluntad de sistematización presente en sus trabajos anteriores, aquí se problematiza la relación entre lengua y discurso desde la noción de falla, ambigüedad e inestabilidad.
El título —“La lengua inencontrable”— ya sugiere una crítica a la idea de una lengua pura, homogénea o completamente dominable. La lengua no es un sistema cerrado ni estable, sino un campo de tensiones en el que se cruzan discursos, ideologías y subjetividades escindidas. Se percibe en este texto una mayor influencia del psicoanálisis lacaniano, especialmente en la idea de que el sujeto está atravesado por una falta estructural, que se traduce en la imposibilidad de decirlo todo.
Desde un materialismo más complejo, este libro introduce la dimensión del inconsciente en el discurso, lo que implica reconocer que no todo está determinado por estructuras ideológicas rígidas. Hay deslizamientos, lapsus, silencios que revelan la imposibilidad de cerrar el sentido por completo. Esta perspectiva no niega la ideología, pero sí incorpora la noción de heterogeneidad discursiva como parte constitutiva del lenguaje.
La obra de Michel Pêcheux puede ser leída como una construcción teórica coherente que, desde un enfoque materialista, articula marxismo, psicoanálisis y teoría del lenguaje. A lo largo de sus escritos, hay una constante: el rechazo del sujeto autónomo, la crítica a la transparencia del lenguaje y la afirmación de que el discurso está determinado por condiciones ideológicas materiales.
No obstante, también se observan desplazamientos importantes: desde una primera etapa más estructuralista y formal (como en Analyse automatique du discours), pasando por una maduración marxista en Les vérités de La Palice, hasta una apertura a la inestabilidad y la ambigüedad en La langue introuvable. Este trayecto no representa una contradicción, sino una profundización de la idea de que el lenguaje, en tanto instancia material, es el lugar donde se producen los sentidos sociales, las subjetividades y los conflictos ideológicos.
En suma, el pensamiento de Pêcheux ofrece una caja de herramientas fundamental para pensar el discurso como práctica social, atravesada por el poder, la ideología y la historia. Su legado sigue vivo en los estudios de discurso, especialmente en América Latina, donde su enfoque ha sido retomado críticamente para analizar fenómenos políticos, educativos y mediáticos desde una mirada comprometida con la transformación social.
Su triste y prematura muerte imposibilitaron la continuidad de uno de los corpus teóricos más relevantes de las últimas décadas para constituir un paradigma distinto al de Ferdinand de Saussure. Empero, su influencia ha sido de gran importancia para constituir escuelas en países como Francia, Argentina o Brasil.
Reseña de Karina Savio sobre Las verdades evidentes: lingüística, semántica, filosofía.