Henri Lefebvre nació el 16 de junio de 1901 en Hagetmau, Francia.
Influenciado por su educación católica, Lefebvre consideró el sacerdocio antes de romper con la religión para volverse hacia la filosofía, gracias a las enseñanzas del filósofo Maurice Blondel en la ciudad universitaria de Aix-en-Provence.
Lector precoz de Spinoza, Nietzsche y Schopenhauer, que leía cuando solamente contaba con 16 años, se trasladó a París en 1919 para estudiar Filosofía en la Sorbona, donde se relacionó con estudiantes como Pierre Morhange, Norbert Guterman y Georges Politzer, junto a quienes lideró el grupo llamado Philosophies, que es también el nombre de la revista que publicaban. El grupo se embarcó en la acción política junto con el grupo de surrealistas y la revista Claridad .
Profesor en Estrasburgo y en Nanterre, fue despedido de la docencia por el gobierno de Vichy en marzo de 1941. Se unió a la Resistencia llegando al rango de capitán de FFI (Las Fuerzas Interiores Francesas).
Uno de los primeros intelectuales que difundió el conocimiento del marxismo en Francia. Afiliado en 1928 al Partido Comunista francés, que treinta años después lo expulsa acusándole de segregacionista.
Dedicado a la sociología, la geografía y el materialismo histórico, sus análisis se centran en una nueva interpretación de la teoría del materialismo dialéctico de Karl Marx.
Sobre el factor económico en la historia considera que el «determinismo económico» atribuido a Marx es característico del capitalismo, tipo de sociedad que hace de la realidad económica su fundamento convirtiendo las relaciones entre personas en «relaciones cuantitativas entre entes abstractos».
En su análisis Lefebvre se centra en la parte antidogmática del marxismo considerándola clave del verdadero humanismo, llegando a concebir al «hombre total» en una sociedad sin clases, sin servidumbres y heredera de las conquistas precedentes. Para él, la obra de Marx trasciende las ciencias sociales modernas, al abordar la realidad social de forma global, histórica, económica, política y sociológica.
Entre sus obras destacan: Lógica formal y lógica dialéctica (1947), Los problemas actuales del marxismo (1958), Introducción a la modernidad (1962), El marxismo (1965), Sociología de Marx (1966), El lenguaje y la sociedad (1966), De lo rural a lo urbano (1970), La revolución urbana (1973), Hegel, Marx, Nietzsche (1975) y Del Estado (4 volúmenes, 1976-1978).
Henri Lefebvre está considerado como uno de los teóricos del movimiento que condujo a la revolución del mayo de 1968. Junto a los situacionistas y, ya en oposición al marxismo ortodoxo, escribió obras como Marx, filósofo y El fin de la historia.
Lenguaje y sociedad fue publicada en 1967 (Gallimard, Paris). Esta obra sintetiza una orientación original en los estudios contemporáneos del lenguaje. El libro parte de una constatación histórica: el estructuralismo saussureano había convertido el lenguaje en un sistema autosuficiente, cerrado sobre sus propias reglas, y había sido tomado como modelo para otras ciencias humanas. Lefebvre reconoce ese avance, pero lo considera insuficiente para comprender la realidad social.
Su hipótesis central es explícita: hay preguntas sobre el lenguaje que no pueden formularse desde dentro del lenguaje mismo; es decir, la lingüística estructural no puede explicar por qué el lenguaje ocupa un lugar central en la vida social, ni cómo se articula con la ideología, la mercancía, la técnica o la división del trabajo.
Por eso propone situarse en un “punto de encuentro” entre lingüística y sociología, donde el análisis del lenguaje se abra a las condiciones históricas y materiales de producción de sentido.
Entre 1955 y 1970, la lingüística europea vivió una expansión del estructuralismo (Martinet, Jakobson, Lévi‑Strauss), que tendía a privilegiar la forma sobre la práctica, aislar el sistema lingüístico de la vida social y universalizar modelos formales como si fueran neutros.
Lefebvre interviene en ese momento para repolitizar el análisis del lenguaje, mostrando que el lenguaje es una práctica social atravesada por la mercancía, la técnica y la ideología; la comunicación científica, técnica y disciplinaria está fragmentada y requiere traducción constante. La “situación teórica” del lenguaje sería síntoma de transformaciones sociales más amplias (especialización, globalización, conflictos culturales)
El giro social —que cristalizará en los años 70‑80 con la sociolingüística crítica, el análisis del discurso francés, la etnografía del habla y la pragmática sociocultural— se caracteriza por:
desplazar el foco del sistema a la práctica social;
entender el lenguaje como trabajo, interacción, ideología y poder;
integrar métodos sociológicos, antropológicos y políticos.
Lefebvre anticipa este giro porque critica la autosuficiencia del sistema lingüístico y exige abrirlo a la praxis social, Introduce categorías materiales (mercancía, producción, técnica) para analizar el lenguaje. Sitúa el lenguaje en el centro de los conflictos contemporáneos, no como un código neutro sino como un espacio de lucha. Reclama interdisciplinariedad real, no solo yuxtaposición de jergas científicas.
Henri Lefebvre falleció el 29 de junio de 1991 en Pau (Pyrénées-Atlantiques), Francia.