Andrée Tabouret‑Keller (1927–2023) fue una de las figuras más influyentes de la sociolingüística europea del siglo XX y comienzos del XXI, reconocida por su contribución decisiva al estudio del bilingüismo, las representaciones lingüísticas, la identidad, la política lingüística y la relación entre lengua y sociedad. Su trayectoria académica se desarrolló principalmente en la Université de Strasbourg, donde ejerció como profesora y posteriormente como profesora emérita, y donde contribuyó de manera fundamental a la institucionalización de la sociolingüística en Francia en un momento en que la disciplina aún no contaba con un estatuto estable dentro de las ciencias del lenguaje.
Formada inicialmente en lingüística, psicología y ciencias sociales, Tabouret‑Keller se situó desde muy temprano en un cruce disciplinar que marcaría toda su obra: la convicción de que el lenguaje solo puede comprenderse plenamente si se estudia en su dimensión social, histórica y simbólica. Sus primeros trabajos sobre bilingüismo infantil, contacto de lenguas y representaciones lingüísticas la situaron en diálogo con la sociolingüística internacional emergente, especialmente con los trabajos de Joshua Fishman, William Labov y John Gumperz, pero siempre desde una perspectiva europea y francófona, atenta a los contextos plurilingües de frontera, a las minorías lingüísticas y a las políticas educativas.
A lo largo de su carrera, Tabouret‑Keller desarrolló una reflexión original sobre la función social del nombre propio, culminada en su obra más influyente, Le nom propre. Histoire, usages, fonctions (1997), que se convirtió en una referencia obligada en onomástica, antropología lingüística y sociología del lenguaje. En este libro, fruto de décadas de investigación, analiza el nombre propio como operador simbólico central en la construcción de identidades individuales y colectivas, en la memoria social y en la organización de las relaciones sociales. Su enfoque, que combina lingüística, antropología, sociología e historia, abrió un campo de investigación que continúa siendo fértil y que ha influido en estudios posteriores sobre identidad, categorización social y políticas de nominación.
Además de su trabajo sobre onomástica, Tabouret‑Keller fue una de las voces más activas en la reflexión sobre políticas lingüísticas europeas, educación plurilingüe y gestión de la diversidad lingüística. Participó en proyectos internacionales sobre multilingüismo y colaboró con organismos europeos dedicados a la política lingüística, defendiendo la importancia de las lenguas minoritarias y regionales en la cohesión social y en la construcción de identidades no homogéneas. Su enfoque, siempre empírico y atento a las prácticas reales de los hablantes, contribuyó a desplazar el debate sobre la diversidad lingüística desde una perspectiva normativa hacia una perspectiva sociológica y política.
Su relación con la tradición francesa del materialismo lingüístico y del análisis del discurso se hace visible en su participación en el volumen Linguistique et matérialisme. Actes des Rencontres de Rouen (1990), donde su artículo “La matérialité des langues : essai de formulation” constituye una de las reflexiones más claras sobre la materialidad de las lenguas entendida no como sustancia física, sino como inserción en instituciones, prácticas sociales, dispositivos escolares y políticas públicas. Este texto la sitúa en diálogo con la sociolingüística crítica francesa (Marcellesi, Gardin), con la glotopolítica emergente y con la tradición pecheuxiana del análisis del discurso, aunque siempre desde su propio enfoque, más empírico y menos doctrinal.
Tabouret‑Keller publicó numerosos artículos en revistas como Langage et société, International Journal of the Sociology of Language, Sociolinguistica, Langages y Cahiers de linguistique sociale. Su escritura se caracteriza por una atención constante a la dimensión social del lenguaje, a la historicidad de las prácticas lingüísticas y a la manera en que los hablantes negocian su lugar en el mundo a través de los recursos simbólicos que la lengua pone a su disposición. Fue también una figura clave en la consolidación de redes internacionales de sociolingüística, participando en congresos, dirigiendo tesis y formando a varias generaciones de investigadores.