Max Horkheimer fue un filósofo y sociólogo alemán, director del Instituto de Investigación Social (I.S.R.) y principal artífice de la Teoría Crítica. Su obra no es una "lingüística" en sentido estricto, sino una epistemología de la sospecha que fundamenta la necesidad de analizar cómo el lenguaje y la razón se convierten en instrumentos de dominio.
Nacido en Stuttgart (1895), hijo de un industrial, su pensamiento estuvo marcado por la síntesis de Marx, Freud y Schopenhauer. Se graduó con una tesis sobre Kant y en 1930 fue nombrado director del I.S.R. en la Universidad de Frankfurt. Con el ascenso del nazismo, trasladó el Instituto a Ginebra y luego a la Universidad de Columbia (Nueva York) en 1934. Regresó a Alemania en 1949, donde fue rector de la Universidad de Frankfurt y una voz pública fundamental de la posguerra. El Instituto fue fundado en 1923, con una base económica autónoma y afiliación académica a la Universidad de Frankfurt. La principal publicación del Instituto fue el Zeitschrift für Sozialforschung, en el que colaboraron, además de Horkheimer, T. W. Adorno, Erich Fromm, Walter Benjamin, Herbert Marcuse, entre otros.
El Instituto se cerró en 1933 y, con la diáspora de intelectuales alemanes, el exilio llegó para muchos miembros y colaboradores del Instituto. El establecimiento de ramas del Instituto permitió la continuación de algunos de los trabajos de investigación. Con el tiempo, y ya terminada la Segunda Guerra Mundial, varios de los más destacados miembros del Instituto, que se reabrió en 1951, regresaron a Alemania.
En su manifiesto de 1937, Teoría tradicional y teoría crítica, Horkheimer establece las bases de lo que hoy es un pilar del Análisis Crítico del Discurso (ACD):
Crítica de la Razón Instrumental: Sostiene que el lenguaje y el pensamiento en el capitalismo tardío han dejado de ser herramientas de verdad para volverse instrumentos de eficiencia y control.
Desenmascaramiento Ideológico: Para Horkheimer, la teoría no debe ser una descripción neutral (positivismo), sino un acto de "lucha". Su objetivo es la "transformación de los conceptos" que aparecen en el discurso social (como "justicia" o "cambio libre") para revelar su contenido opresivo real.
Interdisciplinariedad: Impulsó un modelo de investigación que integra la economía política con la psicología y el análisis de la cultura, permitiendo entender cómo las estructuras de poder se materializan en la conciencia y el habla de los sujetos.
Obras clave para el Análisis del Discurso
Dialéctica de la Ilustración (1944, con T.W. Adorno): Obra fundamental para el estudio de la Industria Cultural. Analiza cómo los discursos de masas (cine, radio, prensa) estandarizan el pensamiento y anulan la capacidad crítica del sujeto mediante una retórica del entretenimiento que oculta la explotación.
Crítica de la razón instrumental (1947): Explora la desaparición del "sujeto" en el discurso moderno, donde la palabra ya no busca el sentido sino el resultado técnico, anticipando críticas a la mercantilización del lenguaje.
Studies in Prejudice (1950): Investigaciones sobre la personalidad autoritaria. Aunque sociológicas, estas obras son el germen del análisis de los discursos de odio y el prejuicio étnico que autores como Van Dijk desarrollarán décadas después.
Horkheimer aporta la base filosófica para confrontar el paradigma saussureano de la lengua como sistema abstracto. Su insistencia en que el conocimiento está arraigado en un "proceso histórico-concreto" permite a la lingüística crítica entender el signo no como arbitrario, sino como históricamente motivado por las tensiones de clase y el interés de dominio.
Copiamos aquí un excelente texto extraído de: https://latextosfera.blogspot.com/2012/02/horkheimer-y-sus-aportes-una-teoria.html?utm_source=copilot.com
Este ensayo tiene como objetivo presentar una aproximación a los vínculos teóricos existentes entre algunos de los planteamientos de M. Horkheimer y los criterios que Teun van Dijk define para el Análisis Crítico delDiscurso[1] (en adelante: ACD).
A pesar de la amplia gama de ideas y planteamientos presentes en la obra de Horkheimer, puede decirse que buena parte de ellos se enmarcan en lo que se denominaría como estudios sociológicos y sociológicos-filosóficos, que opusieron feroz resistencia a la sociología positivista nacida en el siglo XIX.
Junto con la formulación de la Teoría Crítica, Horkheimer examinó en detalle la naturaleza y las consecuencias de lo que podría denominarse como “ataques contra la metafísica”, en particular el último, llevado a cabo por el positivismo. Según Horkheimer, estos ataques ocultan, bajo su velo progresista, el fenómeno de un eclipse de la razón, evidente en el proceso de conversión de la razón en mera razón instrumental, al servicio del dominio de la naturaleza y de la explotación de los hombres.
La razón instrumental crea también mitos o llega incluso a convertirse en una serie de mitos, falaces en sí mismos en tanto ofrecen un aspecto de liberación. De esta manera, lo que en un principio debía funcionar como el motor de la emancipación se fue convirtiendo en la sujeción del espíritu humano. Así, pues, puede entenderse cómo ciertas actitudes metafísicas, que son contrarias al progreso positivista, pueden llegar a representar una liberación y constituir una de las formas del espíritu y de la razón críticos.
Horkheimer también ataca la negación de sí mismo en aras de un ideal considerado “superior”; esto no significa que el individuo sea, o deba ser, puramente egoísta y en conflicto permanente con otros individuos y el colectivismo.
Centrándonos en lo referente a la Teoría Crítica, puede decirse, para arrancar, que se opone a la Teoría Tradicional, la cual, desde Descartes a los positivistas lógicos, presupone que una teoría es un conjunto de enunciados unidos entre sí de modo que ciertos enunciados, estimados básicos, den lugar, por derivación lógica, a otros enunciados que, para ser aceptados, deben ser comprobados por los hechos. Teniendo esto presente, se puede afirmar –en resumen- que tanto el racionalismo como el empirismo coinciden en el modo tradicional de concebir la teoría. Estos dos modos de pensar, incapaces de trascender estos límites, se convierten en órganos reproductores del sistema y la sociedad existentes.
El espíritu crítico, lejos de armonizar con el estado de la sociedad y con los problemas e ideales por ésta engendrados, se halla en tensión con respecto a la sociedad. Pero ello no ha de conducir simplemente, según Horkheimer, a una sociología del conocimiento, la cual termina por encajar dentro de los cánones de la Teoría Tradicional. En el espíritu de la Teoría Crítica no hay sólo un cambio de objetos, sino también de sujetos. La teoría crítica es una manifestación del espíritu crítico, el cual aspira a ir más allá de la tensión antes aludida y a suprimir la oposición entre los propósitos, la espontaneidad y la racionalidad del individuo y las relaciones que afectan a los procesos de trabajo sobre las cuales la sociedad se halla edificada. La teoría tradicional, aun en sus formas más empiristas, tiende a la abstracción; en rigor, toda teoría tradicional pasa de lado el hecho básico en que insiste la teoría crítica, es decir, el de que su sujeto es un individuo real relacionado con otros individuos, miembro de una clase y en conflicto con otras. Esto no quiere decir que la teoría crítica se limite a ser la formulación de las ideas y sentimientos de una clase social en un determinado momento de la historia; si así fuera, la teoría crítica no diferiría de cualquier otra rama científica fundad en el modelo de la teoría tradicional. Podría concluirse entonces que la teoría crítica no es, propiamente, teoría, pero ello equivaldría, según Horkheimer, a olvidar dos cosas: una es que la teoría crítica no es arbitraria y azarosa; otra, que la teoría crítica es constructiva.
Lo que importa, para la teoría crítica, en último término, es la no aceptación de un status quo social (o histórico social) y la consiguiente formulación de una especie de esquema dentro del cual puedan insertarse a la vez un pensamiento acerca del futuro y el pensamiento futuro. Así, la teoría crítica es la expresión en el presente de una actitud que se proyecta hacia el porvenir.
Es desde la Dialektik der Aufklärung. Philosophische Fragmente (Dialéctica de la Ilustración. Fragmentos filosóficos), el libro con el que –junto con T. W. Adorno- Horkheimer amplía su crítica a la ciencia burguesa a todo ámbito de la sociedad. Una vez más, llama la atención sobre la perversión intrínseca a la razón instrumental; perversión que implicó la cosificación (reificación) de la Ilustración-Iluminismo. Y es precisamente este proceso el que tratan de analizar ambos autores, intentando entender las contradicciones inherentes al mismo: de movimiento liberador a instrumento de sujeción de los hombres, de feroz oponente de mitos y magias a convertirse en un mito en sí mismo, etc.
Puede verse entonces cómo la teoría crítica pasó de una crítica a una esfera determinada de la sociedad burguesa a un enfrentamiento abierto contra la dominación en todos los ámbitos. Esto implicó, a su vez, la lucha contra todo tipo de ingenuidad o complacencia teórica, desarrollando una crítica permanente a una razón que tiende por inercia a la autoconservación, a autoinstalarse a costa de lo excluido de ella, de lo “no idéntico”.
Puede verse como se van perfilando una serie de planteamientos y principios que serán retomados por el ACD décadas más tarde.
En su libro Racismo y análisis crítico de los medios, Teun van Dijk reeconoce una serie de criterios dentro de los cuales pueden reconocerse algunos de los vínculos que unen el ACD que él define con algunas de las premisas de la Teoría Crítica desarrollada por M. Horkheimer.
Destacan dentro de estos criterios, siguiendo los parámetros de este ensayo, los siguientes:
El ACD se dirige más hacia los problemas o los temas que hacia los paradigmas.
El ACD es un planteamiento, posicionamiento o postura explícitamente crítico para estudiar el texto y el habla.
El ACD se centra particularmente en las relaciones de poder, dominación y desigualdad, así como en la manera en que los integrantes de un grupo social los reproducen o les oponen resistencia a través del texto y del habla.
Una gran parte de la labor del ACD se dirige a subrayar las ideologías que desempeñan un papel en la reproducción de o la resistencia a la dominación y la desigualdad.
El ACD adopta una postura crítica y de oposición contra los que ocupan el poder y las élites, particularmente contra aquellos que abusan de su poder.
Los estudios del ACD se esfuerzan en formular o mantener una perspectiva global de solidaridad para con los grupos dominados.
Entonces, ya teniendo presentes estos criterios, es posible realizar un somero ejercicio de contraste que nos permita vislumbrar los puntos de contacto entre la Teoría Crítica y el ACD.
Por una parte, ambos tienen en común una actitud crítica; no obstante, para la Teoría Crítica (sobre todo en los planteamientos que se pueden encontrar en Horkheimer en la Dialéctica) esta actitud mantiene aún ese cariz revolucionario, de transformación profunda que no se encuentra en el ACD; este último se limita a plantear un mejoramiento de las condiciones y un ataque a los abusos del poder y no a sus usos mismos. Por otra parte, tanto para una como para otro, la dominación se convierte en un elemento imprescindible en la comprensión y en el análisis de la sociedad.
Otro punto en común es que ambas constituyen matrices teóricas difícilmente clasificables como teorías; la Teoría Crítica, por su talante crítico y por su diferenciación de la Teoría Tradicional. El segundo, más que todo, por opción propia, es decir, porque adopta como principio una actitud y no un paradigma crítico.
Así mismo, ambos centran parte de su atención en los mecanismos de reproducción de la dominación. La primera en una dimensión más teórica, mientras que el segundo pone mayor énfasis a este proceso en un marco del lenguaje y el habla, desde una perspectiva ciertamente más práctica.
Por último, se percibe en ambas una comunión con los intereses de los dominados, de aquellos que por diversas razones que tiene la posibilidad de acceder a los diversos instrumentos de los que se sirve el poder para ejecutar su dominación; y al mismo tiempo, y en esta misma dirección, critican y se oponen al galopante proceso de reificación del ser humano.
[1] Al no estar puesto el acento de este ensayo en el ACD en sí mismo sino, por el contrario, en la base teórica que aporta, en mayor o menor medida, M. Horkheimer a ésta, hemos decidido limitarnos a trabajar sólo con los criterios que expone Teun van Dijk para el ACD en: Van Dijk, Teun. Racismo y análisis crítico de los medios. Barcelona, Paidós, 1997 [1987]. pp. 15-17.