Tuvo su nacimiento en Düsseldorf, su doctorado en Filosofía con una tesis sobre Martin Heidegger, sus clases en las universidades alemanas de Maguncia, Kiel y Saarbrücken, su cátedra en Fráncfort, su protagonismo en la denominada Escuela de Fráncfort que inspirándose en Karl Marx, Max Weber y Sigmund Freud combinó Filosofía y Teoría social para desarrollar una visión crítica de la sociedad contemporánea. Estructuró la ‘razón práctica’ y su defensa en que solo el mejor argumento debe conducir al desarrollo de las normas universales vigentes. Se especializó en lenguaje y comunicación y tuvo una ingente y profunda producción literaria y filosófica (‘Sobre el problema de una fundamentación racional de la ética en la edad de la ciencia’, 1963; ‘La transformación de la filosofía’, 1973; ‘El problema de la fundamentación filosófica última a la luz de una pragmática transcendental del lenguaje’, 1976; ‘Verdad y comunicación’, 1992; ‘El desafío de la crítica total de la razón’, 1994; ‘Teoría de la verdad y ética del discurso’, 1995; etc.).
Karl Otto Apel, Influido por los pensamientos de Kant, Peirce y Gadamer, entre otros, expresa sus reflexiones en los campos de la filosofía y la lingüística durante la segunda mitad del siglo XX. Apel trata de superar mediante un trabajo de síntesis la filosofía analítica y la hermenéutica. Su contribución al campo de la comunicación se produce desde el ámbito de la filosofía del lenguaje, mediante una ‘pragmática trascendental’ que toma de Peirce y que le acerca a entender el lenguaje como una expresión de la necesidad de la comunicación interpersonal por la que se da una ‘comunidad trascendental de comunicación’. La acción comunicativa está basada en una necesidad apriorística del ser humano. El ser humano descubre su realidad en un plano dialógico, en el establecimiento de la comunicación consigo mismo o con los demás. El lenguaje aparece como necesidad para la mediación, pero también como instancia constructiva de la experiencia y requisito existencial. Apel hace referencia a una ética de la comunicación, basada en las competencias lingüísticas, como trazadoras guiadas por la razón, que son dan lógica al comportamiento social. La razón comunicativa es socialmente inclusiva, en la medida que establece la conexión social, al tiempo que se alimenta de la participación. La ética de la comunicación permite crear un armazón social basado en el consenso participativo, que es el eje de la verdad humana. Los medios de comunicación adquieren aquí un papel relevante, por cuanto son los que están llamados a despertar los valores éticos que orientan el espacio público hacia un consenso frente a los riesgos que amenazan la propia existencia, como son la crisis ecológicas y de las fuentes de energía, por ejemplo, por lo que la banalización y la degradación de los contenidos mediáticos minan esa ética y el alcance social de la acción comunicativa. Apel, que teme por la expulsión de las futuras generaciones del debate político, propone una liberación ética universal a través de la propia ética discursiva.
Karl-Otto Apel, junto con Jürgen Habermas, desarrolló la teoría de la acción comunicativa, que se centra en la idea de que la comunicación humana está orientada hacia el entendimiento mutuo y la racionalidad intersubjetiva. Según Apel, el lenguaje no es solo un medio para transmitir información, sino una práctica social esencial que permite la coordinación de acciones y la construcción de consenso.
"La teoría de la acción comunicativa asume que la capacidad del lenguaje para mediar en la comprensión mutua es la base sobre la cual se construye la sociedad y se mantiene el orden social" (Apel, 1997, Transformation der Philosophie).
Apel y Habermas ven la comunicación como un proceso orientado al entendimiento mutuo. Este proceso implica una racionalidad intersubjetiva donde los participantes del diálogo buscan llegar a un consenso. La perspectiva materialista del discurso también reconoce la importancia de la interacción, pero enfatiza que esta interacción está mediada por relaciones de poder y contextos ideológicos que condicionan el discurso.
Mientras Apel pone énfasis en el potencial emancipador de la comunicación racional, Voloshinov y Pêcheux destacan cómo el discurso puede ser una herramienta de dominación ideológica. Así, para Apel, el lenguaje es fundamentalmente una práctica social que permite la coordinación de acciones y la construcción de consenso. Voloshinov y Pêcheux también ven el lenguaje como una práctica social, pero subrayan que esta práctica está profundamente imbricada en las estructuras de poder y las ideologías dominantes. Ambos enfoques coinciden en que el lenguaje es una práctica social. Sin embargo, la teoría materialista del discurso añade una dimensión crítica al analizar cómo las relaciones de poder y las ideologías influyen en las prácticas discursivas.
Apel, aunque reconoce el contexto social del lenguaje, se centra más en el potencial del discurso para alcanzar el entendimiento y la emancipación a través de la racionalidad comunicativa.
La teoría de la acción comunicativa de Karl-Otto Apel y la teoría materialista del discurso de Voloshinov y Pêcheux ofrecen enfoques complementarios sobre el papel del lenguaje en la sociedad. Mientras que Apel destaca el potencial emancipador de la comunicación orientada al entendimiento mutuo, Voloshinov y Pêcheux subrayan la imbricación del discurso en las relaciones de poder y las ideologías. Integrar estas perspectivas puede proporcionar una comprensión más completa y crítica de cómo el lenguaje opera en la construcción y transformación de la realidad social.
Apel distingue tres paradigmas o planos en su recorrido por el conocimiento y la reflexión filosófica. El previo a Kant, orientado por la metafísica ontológica; el de la filosofía del sujeto, que ilustran entre otros Descartes, Kant y Husserl, y, por último, el que nace del ‘giro lingüístico’, que describe como semiótica trascendental o pragmática trascendental, en el que se instala su pensamiento. Junto con Jürgen Habermas está considerado uno de los teóricos de la segunda generación de la Escuela de Francfort.
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