Erich Fromm nació en Frankfurt en el año 1900 y falleció en 1980. Pertenecía a una familia relacionada con el judaísmo ortodoxo, lo cual hizo que durante su juventud se inclinó a empezar estudios talmúdicos, aunque más tarde prefirió formarse tanto en el psicoanálisis de Sigmund Freud como en el legado teórico de Karl Marx, lo cual le hizo acercarse a las ideas del socialismo y doctorarse en sociología.
Durante los años 30, cuando los nazis se hicieron con el control de Alemania, Erich Fromm se trasladó a Nueva York, donde abrió una consulta clínica basada en el psicoanálisis y empezó a dar clases en la Universidad de Columbia. A partir de ese momento fue popularizando un psicoanálisis con fuertes influencias de la filosofía humanista, que ponía énfasis en la capacidad del ser humano para llegar a ir volviéndose más libre y autónomo mediante el desarrollo personal.
Cuando nació la psicología en la segunda mitad del siglo XIX, los primeros esfuerzos de esta primera generación de investigadores estuvieron orientados a entender el funcionamiento básico de los procesos mentales. Esto implicaba preguntarse por temas como el origen de la enfermedad mental, el funcionamiento de los umbrales de consciencia, o los procesos de aprendizaje.
Hasta la consolidación del psicoanálisis en Europa, los psicólogos dejaron de lado los problemas relacionados con el modo en el que nos planteamos nuestra trayectoria vital, nuestro pasado y nuestro posible futuro nos afecta emocionalmente y en nuestra toma de decisiones.
El psicoanálisis, de algún modo, había introducido un enfoque más metapsicológico (o cercano a la filosofía) en la práctica psicoterapéutica. Sin embargo, el corriente inicial de pensamiento desde la que arrancó esta subrayaba mucho el poder de lo inconsciente sobre el individuo, por un lado, y estaba muy enfocado a las dar explicaciones acerca de los traumas y los trastornos mentales, por el otro.
Erich Fromm partió del enfoque del psicoanálisis para hacerlo virar hacia una visión mucho más humanista del ser humano. Para Fromm, la psique humana no podía explicarse simplemente proponiendo ideas acerca de cómo lo hacemos para conjugar nuestros deseos inconscientes con la presión del entorno y la cultura, sino que para entenderla hay que saber, también, cómo lo hacemos para encontrar el sentido de la vida, tal y como proponían los existencialistas.
Fromm no se distanciaba de la perspectiva centrada en la enfermedad de otros psicoanalistas porque pensara que se puede vivir la vida al margen de las molestias y el sufrimiento. El optimismo de su visión humanista de las cosas no se expresaba a través de la negación del dolor, sino a través de una idea muy potente: que podemos hacerlo soportable dándole significado.
El lenguaje olvidado. Introducción a la comprensión de los sueños, mitos y cuentos de hadas
Único lenguaje común a toda la humanidad, los sueños comparten con los mitos su carácter universal. Independientes de la lógica que rige el pensamiento en la vigilia, a lo largo de la historia han sido interpretados de distintas maneras. Juzgados por algunos como mensajes de los dioses y por otros como acechanzas del demonio, a inicios del siglo XX, con el nacimiento del psicoanálisis, se convirtieron en objeto de estudio por la psicología y la medicina, abriendo insospechados horizontes al esclarecimiento y comprensión de la psique humana.
Este libro de Fromm está basado en las clases de un curso preliminar dedicado a postgraduados y estudiantes. Dirigido, también, a los estudiantes de psiquiatría y psicología y al público general interesado en esta materia, este libro es una perfecta introducción a la compresión del lenguaje simbólico de los sueños.
En "¿Tener o ser?" (1976) Erich Fromm realiza una de las críticas más profundas a la sociedad industrial moderna, contrastando dos modos fundamentales de existencia. El enfoque materialista de Fromm no es un materialismo vulgar, sino un materialismo histórico y dialéctico de raíz marxista, donde las condiciones de producción y consumo determinan la psique humana.
Dedica un capítulo entero titulado "El tener y el ser en la experiencia cotidiana" a analizar cómo el lenguaje delata nuestra orientación existencial. Para Fromm, el lenguaje no es un accidente, sino la prueba de que el ser humano bajo el capitalismo ha interiorizado la lógica de la propiedad privada hasta en su forma de habla
Fromm sostiene que en las lenguas modernas (específicamente en el inglés y el alemán, pero aplicable al español) ha habido un desplazamiento masivo de verbos hacia sustantivos. Un verbo representa una actividad (Ser); un sustantivo representa una cosa (Tener). Fromm observa que la gente ya no dice "estoy sufriendo" o "estoy feliz" (procesos vivos), sino que dice "tengo un problema" o "tengo mucha felicidad".
"Al transformar un proceso en una cosa (un sustantivo), el sujeto se separa de la experiencia. Ya no soy el que siente, sino el dueño de un objeto llamado 'problema'".
Desde el punto de vista del materialismo histórico que Fromm maneja, este cambio lingüístico es un reflejo de la reificación (cosificación) descrita por Marx.
La enajenación del lenguaje: Cuando dices "tengo un insomnio", tratas a una condición biológica como una posesión molesta. Fromm afirma que esto es síntoma de una sociedad que solo entiende la realidad a través de la adquisición.
El conocimiento como capital: Fromm critica el uso de la frase "tengo un conocimiento". Para él, saber algo en el modo de "Ser" es un acto de penetración crítica; en el modo de "Tener", es simplemente acumular palabras y datos para "poseer" un título o estatus.
Fromm introduce un dato histórico-lingüístico muy interesante en el libro: sostiene que en muchas sociedades "primitivas" o en etapas anteriores del lenguaje, el verbo "tener" ni siquiera existía o se usaba muy poco. La proliferación del verbo "tener" corre paralela al desarrollo de la sociedad industrial y la propiedad privada. El lenguaje evoluciona hacia el "tener" a medida que la sociedad se vuelve más materialista. El lenguaje es el "espejo psíquico" de la estructura económica
Analiza cómo el discurso cotidiano ha sustituido los verbos de acción por sustantivos de posesión. Por ejemplo, decir "tengo un problema" en lugar de "estoy preocupado" refleja una cosificación del pensamiento.
En "El miedo a la libertad" (1941), Erich Fromm realiza un análisis pionero sobre la psicología del fascismo y el autoritarismo. Aunque el libro es un estudio psicopolítico, el discurso y el lenguaje son las herramientas fundamentales que Fromm identifica como vehículos de la sumisión.
Aquí desarrollo cómo Fromm disecciona el lenguaje autoritario y su conexión materialista con el marketing moderno.
Fromm argumenta que el discurso autoritario busca convencer al individuo de que su libertad es una carga insoportable y que la sumisión es "liberadora".
La anulación del "Yo": El lenguaje nazi no se dirige al individuo como un ser pensante, sino como una célula de un cuerpo mayor (el Volk o Pueblo).
Cita clave: "El sistema autoritario no busca la convicción racional, sino la rendición emocional. El lenguaje se convierte en un ritual de sumisión donde las palabras pierden su significado lógico y adquieren un valor hipnótico".
Elemento Materialista: Fromm destaca que este discurso no surge del vacío, sino de la inseguridad económica de la clase media baja alemana tras la Gran Guerra, que buscaba un "refugio" ante la precariedad material.
La tesis más audaz de Fromm es que las democracias industriales utilizan un lenguaje de dominación más sutil que el nazismo: la sugestión del mercado.
El lenguaje publicitario: Mientras el dictador usa órdenes, el marketing usa la "hipnosis". El lenguaje de la publicidad anula el juicio crítico al presentar los deseos (tener un coche, una crema, un estatus) como necesidades vitales.
La pseudolibertad: El discurso moderno nos dice que somos "libres de elegir", pero el lenguaje nos condiciona para elegir solo dentro de lo que el mercado ofrece.
Cita clave: "El hombre moderno vive bajo la ilusión de saber lo que quiere, mientras que en realidad quiere lo que se supone que debe querer".
Fromm introduce el concepto de "pensamiento de segunda mano". El discurso social satura al individuo con opiniones prefabricadas, noticias fragmentadas y eslóganes, impidiéndole formular un pensamiento desde su propia experiencia.
El bombardeo de información: Según Fromm, el exceso de datos en el discurso mediático paraliza la capacidad de relacionar hechos. El individuo se siente pequeño ante la "complejidad" del mundo y cede su juicio a los "expertos" o al líder.
Impacto Materialista: Este autómata lingüístico es el consumidor perfecto. Al no tener un lenguaje propio para expresar su angustia o soledad, las "alivia" mediante la adquisición de bienes materiales.