Ernesto Laclau (1935-2014), doctorado en Oxford de la mano de Eric Hobsbawn y profesor emérito de Ciencia Política en la Universidad de Essex, donde fundó una escuela teórica dedicada al análisis del discurso y la ideología como prácticas que conforman sujetos. Laclau nos ha dejado una obra que representa quizá el más importante de los desarrollos teóricos del concepto de hegemonía de Antonio Gramsci.
La trayectoria intelectual de Ernesto Laclau cruza constantemente las fronteras de las disciplinas (historia, filosofía, ciencia política, análisis del discurso) y refuta el prejuicio conservador de la incompatibilidad entre rigor y compromiso: en cada paso de su carrera son inseparables la solidez académica y la curiosidad e implicación intelectual en las disputas de su tiempo y su posible recorrido emancipador (Iñigo Errejón).
Hegemonía y estrategia socialista (1985) es la obra principal de Laclau y Chantal Mouffe, un libro fundante de todo un enfoque teórico. En él se propone una comprensión de la política como disputa por el sentido, en la que el discurso no es lo que se dice -verdadero o falso, desvelador o encubridor- de posiciones ya existentes y constituidas en otros ámbitos (lo social, lo económico, etc.) sino una práctica de articulación que construye unas posiciones u otras, un sentido u otro, a partir de 'datos' que pueden recibir significados muy distintos según se seleccionen, agrupen y, sobretodo, contrapongan. Aunque su obra más famosa fue La razón populista (2005), donde Laclau delinea una compleja reivindicación del populismo. El populismo no es el demonio; es seña de la operación política por excelencia: la construcción imaginaria de un nosotros. A lo largo de su prolífico trabajo académico, Laclau ha tratado de entender el papel de los actores políticos en la historia desde una perspectiva que él llama postmarxista. La izquierda marxista creció bajo el embrujo de un agente privilegiado de la historia, un personaje colectivo con una misión preestablecida. Ésa es su ilusión ontológica: una clase con intereses universales conducirá a la liberación de la humanidad.
La obra de Ernesto Laclau, especialmente desde la publicación de Hegemonía y estrategia socialista (1985, junto con Chantal Mouffe) y en textos posteriores como La razón populista (2005), ofrece una reformulación radical del pensamiento político contemporáneo a partir de una relectura de la teoría del discurso, el posmarxismo y la retórica. Su pensamiento se apoya fuertemente en el giro lingüístico, la teoría de la hegemonía y una influencia explícita de autores como Gramsci, Derrida y Lacan.
Laclau rompe con la idea de que el lenguaje es un mero reflejo de una realidad objetiva. En su lugar, adopta una visión constructivista: el lenguaje no solo describe el mundo, sino que constituye las identidades sociales, los sujetos y los objetos políticos.
Esto implica que no hay una realidad política fuera del discurso (influencia de Derrida).
No hay significados fijos: todo significado es relacional y contingente.
Laclau toma herramientas del estructuralismo y el psicoanálisis lacaniano:
Significante flotante: Son aquellos significantes (como "pueblo", "libertad", "justicia") que no tienen un significado fijo, y pueden ser articulados de distintas maneras en distintos proyectos políticos.
Cadena equivalencial: Se refiere a la articulación de demandas sociales heterogéneas bajo una lógica común que las vincula contra un enemigo común (por ejemplo, todas las luchas sociales que se unen contra "el sistema" o "la oligarquía").
Esto es crucial para la construcción de identidades políticas a través de la retórica.
Tomando a Gramsci, Laclau redefine la hegemonía como una articulación política contingente que no se basa en esencias sociales, sino en relaciones de poder discursivamente construidas.
No hay sujetos políticos dados a priori (como “la clase obrera”), sino que estos se construyen discursivamente.
La hegemonía es retórica porque implica persuasión, articulación simbólica y la lucha por fijar significados.
En La razón populista, Laclau eleva la retórica al plano fundamental de la lógica política:
La política no se basa en argumentos racionales puros, sino en afectos, metáforas, vacíos significantes y operaciones simbólicas.
El uso de nombres vacíos o significantes vacíos permite articular una pluralidad de demandas en torno a un eje común (“pueblo”, “revolución”, “nación”).
La retórica no es un adorno del discurso, sino el núcleo de la construcción política.
Inspirado en Austin y Butler, Laclau sostiene que los actos discursivos performan realidades: al decir, se hace. Esto es clave en la conformación de sujetos colectivos.
Por ejemplo: cuando un líder dice “nosotros, el pueblo”, está constituyendo performativamente ese “nosotros” que no preexistía.