Potencialmente pueden transformar a la totalidad del planeta, dada su rapidez, su capacidad de interconexión total, la facilidad que ofrecen a la interactividad y su capacidad de manipular y acceder a grandes volúmenes de información.
La llamada Era Digital es un concepto que alude a todos aquellos fenómenos relacionados con la transferencia de las tecnologías analógicas a las digitales. Se trata de un período que comenzó aproximadamente hace 30 años, propiciado por los avances en el conocimiento científico iniciados con el siglo XX y los consecuentes desarrollos en la tecnología. Paralelos a esos cambios tecnológicos, son patentes cambios sociales equivalentes a los ocurridos durante las revoluciones Agrícola e Industrial.
Hacia mediados de la década de los años 80 del siglo pasado, la intromisión de uno de los principales desarrollos tecnológicos vinculados con la Era Digital, las computadoras personales (PC), era un hecho palmario en prácticamente todas las áreas productivas, y con el gradual abaratamiento de los programas “para hacer algo” o software, también inició una rápida asimilación de la tecnología a muchas prácticas sociales no necesariamente vinculadas con la producción o la administración.
El campo educativo no estuvo excluido de esta “intromisión” y bien pronto los beneficios de la tecnología digital comenzaron a transformar prácticas milenarias. Así, en esa década (los ochentas) la computadora se introdujo al salón de clases1 y luego vinieron las impresoras, los disquetes, el escáner y las primeras cámaras digitales. Pronto, el término Información Tecnológica (IT), que describe a las computadoras y sus dispositivos periféricos, se incorporó al vocabulario de educadores, planificadores y educandos.
Después el acceso al internet aceleró el cambio en la sociedad y al lenguaje mismo. El término ICT o TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) aún en boga, describen el conjunto de tecnologías desarrolladas para gestionar información y enviarla de un lugar a otro. Esas tecnologías incluyen las llamadas aplicaciones útiles para almacenar información, recuperarla, enviarla y recibirla, sin omitir la posibilidad cada vez más variada de procesar datos en todas las configuraciones posibles, no sólo escritos o numéricos, sino visuales y sonoros en todas las combinaciones imaginables.
Las TIC son resultado de la acción de diversos dispositivos electrónicos (gadgets), las computadoras y la eficiente conexión en red a través de ondas hertzianas (microondas), cables de fibra óptica, de cobre y otros materiales. Esa combinación: redes informáticas y aparatos para manipular la información a que nos dan acceso, han creado y están creado —afirman diversos autores— nuevos modelos de sociedad donde hipotéticamente los individuos de todos los puntos del planeta pueden compartir información y hacer crecer el conocimiento2.
En los procesos educativos, las TIC contienen al menos la promesa del tan ansiado acceso universal, es decir, a lograr por fin la igualdad en la instrucción; también permiten, al menos embrionariamente, el ejercicio de la enseñanza y el aprendizaje con calidad y precisión, si se entienden estos calificativos como la posibilidad real de facilitar el aprendizaje a los estudiantes a través de las vías que éstos prefieran o les sean más afines para obtener o construir conocimientos. En consecuencia, las TIC son portadores entonces de la promesa de un mayor desarrollo profesional de los docentes quienes a través de esas tecnologías pueden innovar y explorar nuevas maneras de enseñanza y evaluación. ¿Y qué decir de la gestión educativa? Sin duda las tecnologías de la información y la comunicación permiten, o deberían permitir una gestión, una dirección, planeación o una administración de los sistemas educativos más eficientes3.
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