El proceso de construcción de este trabajo fue sumando capas. Aquí te contamos cómo fue cada momento hasta llegar a la obra que ves.
El trabajo corporal se desarrolló inicialmente desde las acciones básicas propuestas por el investigador del movimiento Rudolf Laban: golpear, flotar, deslizar, retorcer, puntear, sacudir, presionar y latigar. Fuimos explorando con qué nos conectaban cada una de estas acciones, cómo las sentimos en nuestro cuerpo. Dialogamos sobre las acciones más accesibles desde nuestras posibilidades y cuáles nos costaban más.
Más adelante fuimos poniéndole una cualidad expresiva o interpretativa a cada acción, construyendo personajes que asociáramos con cada una.
A partir de la exploración física, fueron surgiendo vivencias asociadas con las sensaciones, se fueron recordando emociones y sentimientos de las trayectorias de vida. Así, fueron surgiendo conversaciones sobre vivencias particulares de las mujeres del grupo, historias comunes en el contexto de esta comunidad. Se fue introduciendo poco a poco el elemento de la máscara, para indagar sobre estas vivencias.
Poco a poco fueron surgiendo los miedos, los temores. ¿Qué cosas son nuestro mayor temor? ¿cómo podemos encarnar ese temor? Y fueron surgiendo los gestos y las palabras: "temor a quedarme sola", "sentí el cuerpo lleno de murciélagos", "temor a que se rían de mí", "temor a no lograr lo que estoy buscando..."
En un espacio grupal seguro, fuimos acompañando estos temores, reconociendo quiénes somos frente a ellos y qué sucede cuando los habitamos y trascendemos.
En un momento posterior, la máscara fue introduciendo nuevas posibilidades expresivas... en particular, se tapó el rostro y surgieron las manos. Unas manos contando historias en gestos muy marcados alrededor de las acciones básicas. Unas manos de las mujeres de Los Santos. El grupo realizó ejercicios de observación, en los que unas retroalimentaron a otras. También contamos con el aporte de la artista Mónica Alvarado Barzuna.
Siendo la mascarada una práctica cultural local, que coloca al centro personajes populares de leyendas, espantos e incluso políticos, nos preguntamos: ¿cómo sería una mascarada hecha por mujeres santeñas? ¿qué personajes saldrían en la mascarada? ¿qué ritmos llevarían? ¿a qué sonidos bailarían?
Con base en la experiencia corporal se le fue poniendo rostro a estos personajes, describiendo cómo cada participante lo sentía. Así se construyeron las máscaras, reinterpretadas por la artista plástica Mirta Castro. De lo plástico se volvió a lo corporal, con esta nueva versión de lo expresado. Interpretando el personaje creado desde el cuerpo, con una acción básica de movimiento en la base, y una máscara que puso rostro al temor expresado.
Con la expresión planteada por cada personaje, se construyó un guión para realizar una videodanza que pusiera al frente lo explorado. Para esto se trabajó con la fotógrafa Nicole Howden y con la cineasta Carolina Arias Ortiz. Se construyó con el grupo la parte del proceso a compartir con un público a través del audiovisual.
Una vez editado el audiovisual, se pasó a construir un diseño sonoro que se construyera a partir del gesto y el movimiento. Desarrollamos un ejercicio creativo y de improvisación con la Cimarrona del SiNEM Los Santos, y miembros de la Orquesta, quienes a partir de mirar el video, fueron planteando sonoridades propias de la instrumentación de la cimarrona. Nos preguntamos: ¿cómo suena una cimarrona en un sueño? Estos ejercicios de composición fueron acompañados por los profesores Marcela Ramírez Díaz, Kendall Retana y Felipe Rivera Segura.
Con este banco de sonidos, el compositor ecuatoriano Pablo Molina realizó el diseño sonoro para la obra final, tomando elementos sonoros del sonido ambiente de la filmación, así como los sonidos planteados por la Cimarrona y la Orquesta.
La obra fue estrenada el 06 de setiembre de 2025 en el contexto del Festival Semillas organizado por la Asociación Cultural Santos Rock. Este festival hace homenaje al arte realizado por y para niñas y niños. Estuvo presentándolo la niña Fabiana Castrillo y tuvimos el honor de contar con Layla Navarro, quien da nombre a la obra. Su madre, la bailarina del grupo Brenda Jiménez, estuvo embarazada durante el proceso creativo y esto marcó en gran manera las reflexiones sobre las trayectorias de las mujeres santeñas, las costumbres que se quisieran transmitir y otras que es mejor dejar atrás para que las niñas santeñas puedan construir vidas plenas.
Agradecemos y celebramos los procesos comunitarios, que abren colectivamente la escucha a una comunidad, sus relatos y experiencias vitales. Colocamos al frente las historias de vida de las mujeres de Los Santos como parte importante de la historia comunitaria, que muchas veces ha estado invisibilizada, pero tiene imagen, tiene sonoridad, tiene palabra y sobre todo tiene una experiencia que se habita en el cuerpo.